Sábado, 29 de Septiembre de 2007

Los "tories" celebran su congreso en horas bajas y con la incógnita de las elecciones

Agencia EFE ·29/09/2007 - 11:39h

Agencia EFE - Imagen de archivo del líder del Partido Conservador británico, David Cameron. EFE

Con deserciones en sus filas y una caída en los sondeos, los conservadores británicos celebran, desde este domingo, su congreso anual en horas bajas y ante la incógnita de si se adelantarán finalmente las elecciones generales a este otoño.

A los "tories", incluso, la convocatoria de los comicios los podría sorprender reunidos en Blackpool (noroeste inglés), cuando atraviesan su peor momento desde que David Cameron asumiera el timón en diciembre del 2005, con sólo 39 años.

Apodado "Tory Blair", por como recordaba a un joven Tony Blair en sus inicios, Cameron logró en sus primeros meses que los conservadores, condenados a la oposición desde 1997, parecieran de nuevo una alternativa creíble.

Con una clara intención de marcar distancias con Margaret Thatcher, la Dama de Hierro que gobernó en el Reino Unido entre 1979 y 1990 con un programa claramente de derechas, Cameron apostó por políticas sociales y de defensa del medio ambiente para conquistar el centro político.

Todo ello tuvo un efecto en las encuestas de intención de voto: el Partido Conservador se puso por delante en los sondeos y llegó a aventajar hasta en nueve puntos a los laboristas.

Pero, casi dos años después, su ascenso meteórico no sólo se ha frenado en seco, sino que el joven líder conservador se enfrenta a una creciente contestación en sus filas.

Quienes pensaban que la salida del número 10 de Downing Street de Blair, uno de sus inquilinos más carismáticos de los últimos tiempos, y su sustitución por Gordon Brown, un político considerado aburrido y gris, beneficiaría a los "tories" no han podido estar más equivocados.

El "efecto Brown" ha hecho que se dispararan en las encuestas los laboristas, mientras los conservadores han caído de nuevo a los niveles en que se encontraban en las elecciones generales del 2001 y el 2005.

Las últimas encuestas, divulgadas hoy, dan una ventaja de diez y once puntos al partido del Gobierno.

Todo ello a pesar de las sucesivas crisis a las que ha debido hacer frente en sólo tres meses el nuevo primer ministro, desde los atentados fallidos de Londres y Glasgow (Escocia) hasta los brotes de fiebre aftosa o la última crisis financiera.

Desafíos de todos los cuales un veterano Brown ha sabido salir airoso con una habilidad de la que nadie antes le creía capaz y que contrasta con la falta de reflejos que muchos atribuyen a Cameron, incapaz de sacar provecho político de todo ello.

Especialmente criticada fue la decisión del líder conservador de mantener un viaje a Ruanda mientras Inglaterra sufría este verano las peores inundaciones desde hacía sesenta años, lo que confirmó la impresión de muchos de que el joven político no conecta con las preocupaciones del ciudadano de a pie.

Cameron ha tenido que ver cómo más de uno de sus correligionarios abandonaban el barco y atendían los cantos de sirena de Brown y escuchar las críticas del núcleo duro de los conservadores, que le acusan de traicionar sus esencias.

El "premier", lanzado a su propia conquista del centro, no ha dudado en hacer incursiones en el patio trasero del Partido Conservador, con mensajes típicamente de derechas, fichajes de personajes del partido rival y hasta una invitación a tomar el té en Downing Street a la Dama de Hierro.

Ahora David Cameron tendrá que demostrar en Blackpool, precisamente donde un inspirado discurso en el congreso de hace dos años le catapultó al liderazgo, que el Partido Conservador no sólo está preparado para las elecciones, sino también para gobernar.

No es casual el lema elegido para la conferencia anual de este año, "Es hora de cambio", ni tampoco que los asuntos para debatir durante el congreso estén entre los que más preocupan al electorado, sobre todo al de derechas, como la seguridad, la lucha contra el crimen y las políticas de familia.

El catedrático de Ciencia Política Patrick Dunleavy destacaba esta semana, en una reunión con la prensa extranjera, la política de bajo perfil que había mantenido, seguramente de forma deliberada, en los últimos tiempos el líder conservador, conocido por su telegenia y sus dotes de comunicación.

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