Lunes, 15 de Febrero de 2010

¿Quién es el dueño de sus células? Un nuevo libro abre el debate

Reuters ·15/02/2010 - 19:02h

Por Frederik Joelving

A nadie le preocupa la gran cantidad de células que se desprenden a diario de nuestro organismo. Pero imagine que alguien tomara esas células y el ADN que contienen y las usara para curar una enfermedad o para hacer mucho dinero. ¿Estaría orgulloso? ¿Reclamaría ganancias?

En resumen, ¿Quién es el dueño de las células que se desprenden de nuestro cuerpo?

Esa fue una pregunta que Henrietta Lacks nunca se pudo hacer. La mujer, una afroamericana pobre nacida en 1920 que trabajó en una plantación de tabaco, es la protagonista del nuevo libro de Rebecca Skloot llamado "The Immortal Life of Henrietta Lacks" (Crown, febrero del 2010).

El libro, que esta semana lidera la lista de más vendidos del diario The New York Times, expone muchos de estos controvertidos dilemas éticos, dijo la autora a Reuters Health durante un debate transmitido en vivo el 11 de febrero.

(Ver http://live.reuters.com/Event/Live_discussion_with_Rebecca_Skloot hay una transcripción editada.)

"Gran parte de esta historia consiste en cómo comunicar ciencia al público general", dijo.

Lacks, que estaba casada y tenía cinco hijos, murió en 1951 por cáncer del cuello uterino. Sin su consentimiento, el médico le había extraído una muestra del tumor para fines científicos.

Las células cancerosas enseguida demostraron ser difíciles de matar y se multiplicaron indefinidamente con sólo tener acceso a unos pocos nutrientes.

Como el tema era desconocido en ese entonces, la línea celular inmortal le ofreció a los científicos una fuente ilimitada de material en bruto y la posibilidad de seguir experimentando con las mismas células todo el tiempo que fuera necesario.

Durante los siguientes 50 años, las células de Henrietta Lacks, llamadas HeLa por los científicos, abrieron un camino en la ciencia: por ejemplo, proporcionaron una forma económica y sencilla de probar la vacuna contra la polio y ayudaron a desarrollar las técnicas que permitieron la clonación de la oveja Dolly.

El interés en las células de Lacks enseguida se volvió algo más que una búsqueda noble de conocimiento. Por ejemplo, la empresa Microbiological Associates, que se convirtió en parte de los gigantes de las compañías biotecnológicas Invitrogen y BioWhittaker, comenzó a vender células HeLa.

Según el libro de Skloot, HeLa es una de las líneas celulares más populares en el mundo. Los productos se venden a por lo menos 10.000 dólares por envase, escribió la autora.

Pero hasta la década de 1970, la familia de Lacks ignoraba por completo los triunfos científicos y comerciales del ADN de su ser querido. De hecho, algunos descendientes de Lacks carecen de cobertura médica, comentó Skloot.

Actualmente, debido a un fallo de la Corte Suprema de California en la década de 1990, las células son consideradas "residuo" biológico cuando abandonan el cuerpo.

El paciente con leucemia John Moore demandó al médico que lo trató y luego ayudó a desarrollar una línea celular comercial a partir de su tejido tumoral.

Aunque su decisión no fue unánime, el tribunal halló que Moore había perdido el derecho de propiedad sobre sus células una vez que los médicos las retiraron de su cuerpo, por lo tanto no tenía derechos económicos sobre cualquier aplicación comercial de las células huérfanas.

Hasta ahora, eso responde a la pregunta legal. Pero, en ese caso, "lo legal, no sería ético", dijo durante el debate la bioeticista Karen Maschke, del Centro Hastings, en Garrison, Nueva York.

Que la familia de Lacks nunca supiera lo que los científicos estaban haciendo con las células de Henrietta estuvo mal. "Las personas quieren saber. La ciencia debe ser abierta y honesta", agregó.

Skloot dijo que los científicos le temen a los dolores de cabeza logísticos que surgirían si empezaran a delegar el control y a entregar mucha información a la población general. Los pacientes vetarían los proyectos de investigación con sus células por motivos éticos o les exigirían ganancias.

Por otro lado, los hijos y los nietos de Lacks se sienten abandonados por la comunidad científica, que se benefició enormemente de las células HeLa, pero dejó a la familia sin nada.