Sábado, 13 de Febrero de 2010

El inquietante silencio de Alejandro Amenábar

Los intérpretes de Ágora analizan las claves del comportamiento del cineasta

CARLOS PRIETO ·13/02/2010 - 08:00h

Alejandro Amenábar da instrucciones a Oscar Isaac durante el rodaje del filme.

Hay que tener cierto talento para empezar un trabajo con mal pie. El actor Oscar Isaac (Guatemala, 1980) lo sabe muy bien. El día que hizo la prueba para interpretar el papel de Orestes en Ágora, la obra épica que aspira a ganar mañana el Goya a la mejor película del año, se abalanzó sobre Alejandro Amenábar antes de empezar. "Soy un gran fan suyo", le dijo. "No, no, Alejandro es ese de ahí", le respondió estupefacto el productor Fernando Bovaira. Tierra, trágame. "Pensé que Amenábar sería el tío del traje, pero resultó que era un tipo callado que estaba ocupado con un ordenador", recuerda el actor.

Silencio, se rueda

Isaac consiguió el papel, pero la discreción de Amenábar siguió confundiéndolo durante el rodaje. "Los primeros días me asusté un poco porque casi no hablaba. No sabía si no le importaba cómo actuábamos o si le pasaba algo. Pero, poco a poco, casi sin darme cuenta, me fui sintiendo cada vez más arropado. Que esté callado no quiere decir que no esté atento. Prefiere dejarte espacio para que experimentes".

Cuesta mucho encontrar algún miembro del reparto de Ágora que diga algo malo sobre el director. Tanto que da que pensar. "Sí, es extraño", afirma Max Minguella (Londres, 1985), que interpreta al esclavo Davus en el filme. "Extraño en el sentido de que Amenábar es tan brillante que resulta muy complicado encontrarle algún defecto". ¿No es inquietante tanta perfección? Quizás, aunque puede que valga la pena. "Nunca trabajé en una película en la que los detalles fueran tan importantes", cuenta Isaac.

Preguntado sobre cómo consiguió Amenábar mezclar escenas íntimas y grandes eventos históricos durante el rodaje, Isaac apunta de nuevo hacia su silencio. "Su modo de ser impregnó de algún modo el set. Su silencio propició que se creara un ambiente íntimo. Parecía que estábamos rodando un pequeño drama en lugar de una superproducción épica", zanja. Bendito silencio, pues.

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