Jueves, 11 de Febrero de 2010

La eterna dictadura de Unai Elorriaga

Decide lanzarse a la arena política con su última obra, 'Londres es de cartón'

PAULA CORROTO ·11/02/2010 - 01:00h

El escritor vasco ha publicado una novela política. - G.P

Unai Elorriaga (Algorta, 1973) dice que ha madurado, que ahora tiene un hijo, que ha cambiado su visión del mundo. Esa es la razón por la que, 12 años después de empezar a escribir su primera novela, Tranvía en SP (Premio Nacional de Narrativa en 2002), ha decidido lanzarse a la arena política con su última obra, Londres es de cartón(Alfaguara). Ha cambiado los ambientes vascos por un Londres imaginario él nunca vivió en la ciudad que acaba de salir de un régimen totalitario y aún sufre las consecuencias.

"Yo no viví la dictadura, pero la herencia que hemos recibido de nuestras familias es bestial. Yo soy lo que soy porque aquí hubo una dictadura", sostiene el escritor.

La dictadura se transmite de forma cultural. Este es uno de los mensajes que se entrevén en la novela, en la que un grupo de amigos espera cada día en un tejado la llegada de una mujer desaparecida. Y esa es la teoría de Elorriaga: "Una dictadura crea una visión del mundo, y esa visión se transmite y no dejará de hacerlo hasta varias generaciones después. Aquí habrá detalles que se seguirán transmitiendo hasta dentro de 200 años". Él pone como ejemplo el euskera. Cuenta que su abuela, que era de Bermeo, apenas hablaba castellano. Sus padres, sin embargo, perdieron el idioma. "Y ahora se ha recuperado, pero ya no es lo mismo. Yo lo conozco, pero porque lo he estudiado en la escuela", reconoce el escritor, que siempre escribe sus novelas en euskera y después las traduce al castellano.

Auge del euskera

El interés por el euskera parece también un fenómeno al alza. Incluso en la literatura. Ahí están los 15.000 ejemplares vendidos en esta lengua de Bilbao-New York-Bilbao, la novela de Kirmen Uribe. Y SPrako tranbia, de Elorriaga lleva más de 30.000 desde su primera edición, publicada allá en el año 2001.

"Es exagerado para una comunidad de 700.000 hablantes. Pero, desde la dictadura, en Euskadi hay mucha militancia y la gente quiere ver películas en euskera y leer en euskera, aunque sea perdiendo tiempo y dinero", explica.

Este fenómeno, unido a las nuevas tecnologías ha precipitado, según el escritor que "el centralismo se haya quedado un poco anciano". La literatura en lengua cooficial ya no está en los márgenes.