Miércoles, 10 de Febrero de 2010

El juicio de los padres de Madeleine contra Goncalo Amaral concluye hoy

EFE ·10/02/2010 - 07:13h

EFE - Goncalo Amaral, ex coordinador de la unidad de la Policia Judicial portuguesa inicialmente a cargo de la desaparición de la niña británica Madeleine McCann. EFE/Archivo

El juicio de los padres de la niña británica Madeleine McCann, desaparecida en Portugal en 2007, contra el ex policía que investigó el caso, Goncalo Amaral, concluye hoy con las alegaciones finales de sus abogados.

Según fuentes judiciales, en la sesión final del juicio se espera otra vez la presencia de Kate y Jerry McCann quienes a su petición original de que se prohíba un libro de Amaral que les relaciona con la muerte y desaparición de su hija han sumado una demanda por 1,2 millones de euros contra el ex policía.

El juicio, que tras un aplazamiento en diciembre comenzó el pasado 12 de enero, se desarrolla en el Tribunal Civil de Lisboa, el cual debe decidir si mantiene la prohibición de la obra de Amaral "Maddie, la verdad de la mentira" que ya suspendió de forma cautelar el pasado 9 de septiembre.

Amaral abandonó la investigación sobre Madeleine y se jubiló anticipadamente tras acusar a los padres de estar relacionados con la muerte accidental de la niña y la ocultación de su cadáver pero no publicó el libro hasta que el caso fue cerrado el 29 de julio de 2008 por falta de pruebas sobre la suerte de la menor.

Además de la prohibición de la obra, que consideran calumniosa, los McCann decidieron durante el juicio acusar a Amaral de violación del "secreto de justicia" por revelar hechos de la investigación en su texto que estaba impreso y listo para su difusión antes del cierre del caso.

El ex policía, que puede sufrir un embargo de bienes para afrontar la millonaria indemnización pedida por los padres de Madeleine, llevó por su parte al juicio a los policías que trabajaron en el caso y personalidades lusas que respaldaron su labor y las tesis y datos que recoge en el libro.

En él sugiere una conspiración del matrimonio británico y los amigos que le acompañaban en el apartamento de playa donde desapareció la niña, el 3 de mayo de 2007, para ocultar su fallecimiento accidental.

Kate y Gerry McCann, que abandonaron Portugal precipitadamente cuando la policía lusa los consideró sospechosos formales del caso tres meses después de la desaparición de su hija, reiteraron en el juicio su inocencia y el convencimiento de que la niña fue raptada.

El padre recordó que no es a ellos a quienes se juzga en Lisboa sino al ex policía y aseguró que no van a dejar de buscar a Madeleine porque no hay ninguna prueba de que esté muerta.

La pareja de médicos británicos organizó un despliegue sin precedentes en los medios de comunicación para buscar a su hija y recaudó varios millones de euros a través de donaciones.

El pasado 27 de enero, con motivo de los mil días de la desaparición, los McCann organizaron nuevos actos en el Reino Unido para recaudar fondos y una misa en Portugal en memoria de Madeleine.

La niña, que estaba a punto de cumplir cuatro años, dormía con dos hermanos gemelos aún menores mientras sus padres cenaban con los amigos en un restaurante cercano cuando desapareció sin dejar rastro.

Amaral y sus investigadores declararon sospechosos a los padres tras encontrar meses después restos biológicos de ella y huellas de la presencia de un cadáver en objetos personales y en un vehículo de los McCann alquilado después de la desaparición.

No obstante el matrimonio británico negó las acusaciones y siempre argumentó que las pruebas de los laboratorios británicos sobre esos indicios no eran concluyentes, lo cual llevó también a la Justicia lusa a cerrar el caso.

Pero durante el juicio Amaral se lamentó de "falta de coraje político" en el caso Madeleine, que se ha vuelto una pesadilla para él.

Además de las demandas y las amenazas de embargo, en mayo pasado el ex policía fue condenado a un año y medio de cárcel -que de momento se ha salvado de cumplir- por falsedades en la causa de otra desaparición, en 2004, de la niña portuguesa Joana Cipriano, que contaba entonces 8 años de edad.

La madre de la menor estaba condenada por su muerte -aunque el cadáver nunca apareció- y un bufete que tuvo relación con investigadores privados de los McCann, dio un vuelco al caso y logró la condena de Amaral, fundada en los malos tratos sufridos por la acusada para confesar el crimen.