Martes, 9 de Febrero de 2010

Metamorfosis Lillo

El vestuario del Almería reconoce y valora los cambios con respecto a Hugo Sánchez. El triunfo con diez ante el Sporting refuerza la apuesta del vasco

ÁNGEL GARCÍA ·09/02/2010 - 09:00h

Juanma Lillo hace indicaciones desde la banda durante el partido ante el Sporting. - EFE

"Si no llegamos a ganar, me caen hostias como panes". Más claro, imposible. De esta forma justificaba Juanma Lillo, tras el partido ante el Sporting, el arrojo a un dibujo invariable que le hizo crecer cuando, perdiendo y con diez, se descolgó de las actitudes medrosas que protegían al Almería en tiempos de Hugo manteniendo una línea de tres como parapeto defensivo. "Han sido los jugadores, su voluntad, los que han logrado ganar, no yo. No soy ventajista", decía ante los medios.

Lo cierto es que la metamorfosis que ha sufrido el Almería ha sido brutal desde que el mexicano afrontó su exilio forzado. De resultados, de juego y de ánimos: "Nos hemos recuperado a nivel mental, antes no estábamos bien", insinúa Corona, renacido desde la llegada del vasco. Nueve puntos en seis partidos han marcado distancia de un descenso que soplaba en la nuca. "Había mucha desconfianza y nos ha dado lo contrario, ese punto de atrevimiento que se ve avalado por los resultados", dice el ex madridista, sobre el que Lillo ha construido su credo tras mendigar minutos con Hugo.

Diego Alves también ha ganado seguridad con una mejor disposición de sus defensores. Demuestra que no sólo de ataque vive Lillo. Han pasado de acogerse a la rutina de encajar goles por sistema, a recibir menos de uno de media por partido. "Tenemos una disciplina táctica diferente y más posesión del balón. Eso ayuda a hacernos fuertes. Antes buscábamos siempre las segundas jugadas y ahora, saliendo desde atrás jugando, nos da mucho más al equipo", comenta el portero brasileño. Alves, aún con la certeza de la mutación que ha supuesto la salida del equipo de Hugo, resta trascendencia al factor Lillo y defiende el peso específico de los jugadores: "El fútbol es fácil, somos nosotros los que lo hacemos difícil, pero Lillo tiene muy claro lo que quiere, y lo que más me gusta es que dice las cosas a la cara".

Toque, ayudas y posesión

Acasiete, uno de los capitanes y fijo en la zaga, certifica la evolución: "Exige mucho toque, muchas ayudas y posesión del balón, sobre todo desde atrás. Eso hace que mantengamos el balón y que el rival tenga que correr mucho más". La clave para todos ellos está muy definida: el balón. "Le gusta que toquemos, disponer de la pelota", insiste Crusat, una de las referencias en la vanguardia. "Desde que está con nosotros trabajamos en la salida desde atrás", incide Acasiete, uno de los jugadores que alimenta el universo Lillo en el plantel. Corona también valora el premio de la posesión del balón: "Tenerlo nos hace competir a mucho más nivel, somos más difíciles de batir y se demuestra en que sólo hemos perdido un partido, en Sevilla, y jugando muy bien".

Su retórica ha llegado a los jugadores sin generar dudas. "Es un entrenador al que se le coge muy rápido", señala Crusat. "Tiene cosas distintas a otros. Me sorprende el valor que da al balón", afirma Acasiete. Corona va un poco más allá cuando comenta que "me llama la atención que, pese a no haber sido futbolista, sabe tanto del jugador, de su mentalidad, de lo que piensa. Eso es algo que hay que haberlo vivido desde dentro y en él, sin esa transición de otros que han sido jugadores antes que entrenadores, impresiona".

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