Lunes, 8 de Febrero de 2010

"El imán no tiene tanto poder en la mezquita"

Líderes de la comunidad musulmana se desmarcan del caso Cunit

L. DEL POZO ·08/02/2010 - 07:30h

El imán Abdul Rashid, en un oratorio del Raval. - EDU BAYER

Abdul Rashid se levanta antes de que salga el sol. Cada día es la misma rutina: dirigir las cinco oraciones y escuchar a los fieles. Y ejercitar la memoria. Rashid puede recitar el Corán de carretilla. "Gente mía, ¿por qué me perjudicáis si sabéis que yo soy el mensajero de Alá para vosotros?", salmodia en uno de los locales que la Asociación Camí per la Pau tiene en el Raval.

Este paquistaní ya ejercía de imán en su país de origen, pero hace seis años la entidad lo contrató y dejó Pakistán para ser "el que está delante" en los oratorios de la entidad. Imán significa literalmente el primero, el que está enfrente. Sin embargo, Rashid no es quien decide la doctrina que se imparte en la mezquita.

La mayoría de los que ejercen en España no tienen formación religiosa

El caso Cunit (Tarragona) ha reabierto el debate sobre el rol que los imanes ejercen entre los miembros de la comunidad musulmana. El juzgado de instrucción número 1 de El Vendrell instruye diligencias penales contra el imán de esta localidad, Ahmed B., por amenazar, coaccionar y calumniar a una musulmana moderada que trabaja como mediadora cultural en el municipio y que se negaba a portar el velo islámico. La mayoría de líderes explican que el caso Cunit es un hecho aislado y que, por lo general, "los imanes no tienen tanto poder", como explica Ahmed Benallal de la entidad Llum del Nort. Las mujeres no acostumbran a ir a la mezquita. "En Catalunya no habrá más de cinco o seis oratorios con espacios para ellas", añade Benallal.

El imán de Camí per la Pau se mueve con aplomo por el oratorio. Es su casa y todos le respetan. Le consideran un hombre sabio. Le tratan de usted y sus compañeros de piso no dejan que cocine. Tampoco que lave los platos. Rashid está orgulloso de su memoria, pero también de ayudar a los fieles. Cuenta que gran parte de su trabajo es solucionar conflictos entre parejas, aconsejar sobre qué es halal (permitido) y qué es haram (prohibido) o sugerir un buen nombre para los recién nacidos.

Guía, pero no decide

Nunca dicta doctrina o, al menos, ninguna con la que no esté de acuerdo la junta de la mezquita. Mohammad Iqbal, líder de la comunidad paquistaní en Barcelona y miembro de la junta de Camí per la Pau, lo corrobora: "Siempre que hay una discusión, el imán, como persona sabia, nos guía; pero en último caso decidimos nosotros". Lo mismo piensa Abdennur Pardo, presidente de la Junta Islámica Catalana: "Los imanes son empleados de quienes dirigen las mezquitas, nada más".

En Pakistán, donde cursó estudios religiosos, Rashid ejercía de imán. Su caso no es frecuente. La mayoría de imanes que ejercen en España no tienen formación religiosa y antes de emigrar nunca habían liderado la oración en la mezquita. "Oficialmente, aquí no tenemos muftis [jurisconsulto islámico], pero en muchas comunidades hay imanes que van de muftis", explica Benallal. Algo que a veces lleva a malos entendidos. "Miran canales de fuera e imitan fatwas de otros países", explica Benallal, que añade que cada dictamen tiene que estar vinculado a un lugar y a un tiempo. "Si no es absurdo", recalca.

"Ellos nos guían, pero decidimos nosotros", recalca el paquistaní Iqbal

No obstante, el discurso de un imán siempre está avalado por la junta de la mezquita. Es por esa razón que cuando un gobierno, ya sea Marruecos, Arabia Saudí o Egipto, quiere ejercer cierta influencia sobre una comunidad musulmana, no acude al imán, sino a la dirección de la mezquita.

Son varias las voces que lamentan la injerencia que otros países pretenden ejercer sobre el colectivo musulmán. Y, sobre todo, que España lo permita. Ismael LAziri, presidente de la mezquita de Sant Joan de Vilatorrada, explica que Marruecos quiere que los inmigrantes marroquíes no olviden que continúan siendo súbditos del rey alauita. Pone como ejemplo las prebendas y los imanes que Marruecos ofrece a las mezquitas durante el Ramadán. "Es un control sutil", dice LAziri, que siempre declina amablemente los ofrecimientos del país vecino.

Iqbal se siente afortunado. Pakistán está muy lejos y los inmigrantes pakistaníes de España no son una prioridad para su Gobierno. En cambio, sí que cree que al Gobierno marroquí "le preocupan los ciudadanos que tiene viviendo en países democráticos, no quiere que trasladen un movimiento revolucionario" a su país de origen.

Sin embargo, para Benallal el tema del control tiene que ver con el dinero. Según explica, tanto a Marruecos "aunque tiene menos capacidad de importación" como a los países del Golfo les interesan los musulmanes que viven en España "porque son un gran mercado: les pueden vender los productos halal [permitidos]".

El discurso de un imán siempre está avalado por la junta de la mezquita

LAziri, como otros, afirma que la influencia que ejercen otros países sobre la comunidad musulmana tiene la complicidad de los ejecutivos catalán y español. Además, Prado critica que hasta el momento, la Administración española, imitando la relación que mantiene con la Iglesia católica, ha tomado como líderes de la comunidad musulmana las caras visibles de las mezquitas. "Y así se crean líderes artificiales".

Abdul Rashid no sabe qué ha pasado entre el imán de Cunit y la mediadora. Aunque tiene claro, explica, que un imán tiene que ayudar a los musulmanes a "ser buenos creyentes y buenas personas". A ello dedica toda su jornada laboral, que empieza al alba y acaba a media noche, cuando los fieles abandonan su oratorio. 

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