Lunes, 8 de Febrero de 2010

La música crece en tierra de nadie

Proliferan las bandas entre el indie y el mainstream: huyen del pop de radiofórmula pero no se cierran al gran público

JESÚS MIGUEL MARCOS ·08/02/2010 - 07:00h

Los siete integrantes del grupo madrileño Mamut.

Hace años, los aficionados a la música independiente y gran parte de sus artistas renegaban de todo grupo que militara en una multinacional o "sonara comercial". En cambio, hace pocas semanas, Guillem Gisbert, cantante del grupo catalán Manel, reconocía sin rodeos que le gusta Mecano. Hace años era prácticamente imposible que un artista de la escena alternativa (alternativa a las cuatro multinacionales del sector, se entiende) asomara la cabeza por la lista de los más vendidos. El año pasado, Russian Red, desde el minúsculo sello cordobés Eureka, y Vetusta Morla, con un trabajo editado por ellos mismos, lograban el disco de oro tras acercarse a las 40.000 copias vendidas.

El territorio entre el indie y el mainstream, antes yermo y deshabitado, hoy está poblado y floreciente. "Yo creo que en estos momentos cada vez se van reduciendo más las distancias entre una escena y otra. Hace 10 ó 15 años lo indie consistía en cuatro melenudos armando un ruido de narices y gritando cosas en inglés, mientras que ahora cada vez hay más grupos y artistas que hacen música más melódica y que cantan en castellano, con lo cual se atrae la atención de más gente que antes no se hubiese acercado al indie", explica Eduardo Nebot, guitarrista de Mamut.

Entre ellos están Depedro, Russian Red, Tulsa o Pájaro Sunrise

Mamut publicaron en 2009 su álbum de debut con el sello Subterfuge. Hacen canciones pop con una producción que se aleja de los patrones de la radiofórmula, pero perfectamente accesible para cualquier oído. No son sucios como Los Planetas, pero tampoco siguen el típico patrón pop de Nena Daconte o La Oreja de Van Gogh. "Podemos trascender el circuito indie, porque a un tipo que le guste Amaral (que a mí me parece un grupazo, aunque entiendo que se les considere mainstream) nuestra música no le trepanará los tímpanos", razona Nebot.

De algo hay que comer

Han ocupado esa tierra de nadie que ahora es tierra de muchos. Los primeros en pisarla fueron Los Piratas en los noventa, luego llegaría Deluxe y, en los últimos años, con artistas como Depedro, Tulsa, Pájaro Sunrise, Olivia de Happyland, Annie B. Sweet, Zahara o los mencionados Russian Red y Vetusta Morla, ya hay apretujones. Josephine Ayling, la cantante del trío de folk-pop Boat Beam, que apareció en Madrid el año pasado, lo explica en una frase que revela la pérdida de prejuicios del pasado: "Artísticamente estamos en el indie, pero económicamente en el mainstream. ¡Hay que comer!".

"Somos indies, pero económicamente mainstream", dicen Boat Beam

El movimiento es doble. Por un lado, cada vez hay más grupos que apuntan a las grandes audiencias sin sacrificar la calidad y su personalidad. Pero del otro lado, ¿está más preparado el público español para propuestas menos convencionales? "¡Por supuesto! El público está necesitado de ellas", contesta Zahara, cantante que, tras convertirse en un pequeño fenómeno en MySpace, publicó el año pasado su debut con la discográfica Universal. "No hay más que ver cómo grupos como Standstill (una de las bandas más originales y emotivas que he tenido la suerte de escuchar y ver en directo) consiguen cada vez más adeptos y llenan salas".

Olivia de Happyland, que también debutó el año pasado con un disco de pop melódico con texturas caseras, admite que hay grupos que rozan el indie y el mainstream, pero su éxito lo ve como algo puntual: "Al público, entendiendo por esto la mayoría de la población de España, le gusta lo que escucha habitualmente: radiofórmulas. Si en dichas emisoras pusiesen lo que suena en Radio 3, los artistas indies llegarían a más oyentes y desbancarían a la factoría OT. A mí, haciendo la música que hago, me encantaría formar parte del mainstream".


Como no podía ser de otra forma, Internet también ha aportado su granito de arena para que estos grupos reciban mayor atención. Las bandas tienen un magnífico escaparate para su música y el oyente accede a ellas fácilmente. Además, no es un tópico que hoy se escucha más música que nunca: sólo hay que comprobar cómo ha aumentado la asistencia a conciertos en los últimos diez años o pasarse por un colegio y ver a los chavales de 12 años con los iPods colgando. "Internet ha posibilitado que el número de oyentes que buscan y escogen por sí mismos aumente, con lo que también han aumentado los grupos que encuentran otros caminos", cuenta Yuri Méndez, de Pájaro Sunrise, al que no se le caen los galones porque su canción Kinda fantastic haya sonado en una campaña publicitaria de McDonalds.

The Sundays Drivers: "Nuestras canciones son para todos los públicos"

Estos grupos no se dirigen, en principio, a un público específico: "A mí sólo se me conoce en el sector indie. Pero sé de personas que han regalado el disco a amigos o familiares que jamás han puesto Radio 3 y les han gustado las canciones", dice Olivia de Happyland. La música de estas bandas no es para iniciados o especialistas: es pop o rock en el sentido más amplio de la palabra.

"Nuestras canciones son para todos los públicos. Lo sabemos a ciencia cierta, observándolo durante años en nuestros conciertos; además, hoy en día hay muchos canales de comunicación grupo-público (web, Facebook, MySpace) y es fácil comprobarlo", explica Jero Romero, cantante de The Sunday Drivers, otra banda que, desde un sello independiente como Mushroom Pillow, ha logrado acceder a una audiencia considerable, incluso fuera de España.

Pequeño pero feliz

Hay músicos que confiesan sin tapujos que hacen canciones pensando en la aceptación del público. Otros se han visto obligados a edulcorar su sonido para sonar en determinadas emisoras o para grabar con una determinada compañía. No es el caso de Luis Albert, cerebro de L.A., ni de su rock clásico de raíz americana: "Yo nunca haría eso", admite, "llega un momento en el que, ante todo, prima la honestidad con uno mismo. Si no, me dedicaría a otros trabajos que, aunque no me gustasen tanto, me darían más dinero". José Ángel Frutos, cantante de los murcianos Second, lo tiene claro: "Lo que hay que hacer es buscar tu propia personalidad e intentar que llegue lo que haces, sin más. Si por vender más hiciera música que no me gustara, no sería feliz".

Internet ayuda a que estas bandas reciban más atención 

Aunque el público esté más abierto a propuestas distintas y la escena alternativa se haya liberado de prejuicios y de ciertas actitudes integristas, es difícil que en España se produzcan colaboraciones como las que se dan en Estados Unidos, donde un mito de la independencia como Jack White ha grabado un vídeo con Alicia Keys. "Si mañana viésemos un vídeo de Jero, The Sunday Drivers, cantando con... Marta Sánchez, dime si en la prensa indie no los despellejarían Este ejemplo rocambolesco que se me acaba de ocurrir retrata el ambiente cerruno de muchos indies de España", indica Olivia de Happyland.

Un territorio difícil

Aunque Eduardo Nebot, de Mamut, observa que en los medios de comunicación "hay un huequecito para propuestas emergentes e independientes que antes no existía", existe un territorio difícil de abordar (por no decir imposible) para la mayoría de artistas "en tierra de nadie": las radiofórmulas. "Se trata de una cuestión de dinero. Para que todo el mundo conozca tu trabajo, es necesario que este se difunda en todo tipo de programas y emisoras, incluidas las radiofórmulas, y es en ese hábitat donde se mueven las multinacionales como pez en el agua a base de golpes de talonario", opina Olivia de Happyland.

Aunque también puede ocurrir lo contrario: "Hay medios que precisamente por venir de una multinacional se niegan a ponerte", revela Zahara. Son las paradojas de vivir en tierra de nadie (o de todos).

Las otras dos Españas

JESÚS ROCAMORA

La explosión de música independiente en España en los noventa le hizo muy bien a la música, educando a un nuevo público, creando escenas, grupos, locales y estilos. Para los que nacimos como oyentes entonces, la diferencia entre qué es independiente y qué es mainstream ha sido como una marca de fuego imborrable, una señal de advertencia, un código ético tan naif como la propia actitud indie: la música de verdad no se vende o no se hace para vender. La historia de la música no pasa por Los 40. La verdad está en otra parte.
Todo eso está muy bien, si no fuera porque, dos décadas después, ambos públicos siguen sin entenderse. El oyente indie, tras años de adoctrinamiento y talibanismo en revistas especializadas, jamás perdonaría que uno de sus grupos diera el salto a apto para todos los públicos. Y al oyente mainstream no le quitan el sueño las coartadas de un grupo: le gusta la música y no teorizar alrededor de ella. Hemos conseguido un mercado polarizado, con el consumidor bien etiquetado y un maniqueismo en los ideales próximos a los de las guerras políticas o futbolísticas.  Mientras en otros países esta tierra de nadie favorece a la industria y al público, aquí seguimos con las otras dos Españas. Por fortuna, las nuevas generaciones han crecido con otras fuentes, sin medios enzarzados en guerras partidistas y no vinculan el placer de la música a su origen o clase. Y eso es toda una suerte.

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