Domingo, 7 de Febrero de 2010

La vanidad tiene forma de cráneo

Una retrospectiva sobre la muerte en el arte expone 150 representaciones de calaveras, desde Caravaggio hasta Hirst

ANDRÉS PÉREZ ·07/02/2010 - 08:00h

AFP - Una fotografía de la obra de Niki de Saint-Phalle titulada "Tete de mort", que forma parte de la exposición '¡C'est La Vie! Vanidades de Caravaggio a Damien Hirst'.

El actor Yul Brynner, conocido por su calva, y el genio del cine Orson Welles murieron el mismo día de octubre de 1985. A causa de la coincidencia de óbito, algunos diarios se permitieron poner juntos y ensalzar por igual al genio y al estrellita, al hombre que dejaría huella para siempre en la puesta en escena, y al actor sin más. Algo parecido ocurre con la muestra Cest la vie!, inaugurada esta semana en París. Con la excusa de una retrospectiva sobre la muerte en el arte, los comisarios cometen el desaguisado de poner por igual a Caravaggio y a un artista contemporáneo vivo y de moda, Damien Hirst.

La exposición ¡Así es la vida! Vanidades de Caravaggio a Damien Hirst es de alguna manera el bautizo de fuego de la nueva directora artística de la programación del Museo Maillol, Patrizia Nitti, que firma así para siempre sus preferencias personales al prestarse al paralelismo fácil. Entre Hirst y Michelangelo Merisi da Caravaggio.

La muestra da amplia prioridad y cámara de resonancia a Hirst, alguien que, al fin y al cabo, no es más que uno más de los artistas contemporáneos en boga unos minutos, unos meses, unos años, aunque esos años sean los tan gloriosos para algunos años noventa. El tiempo dirá si el británico queda para la posteridad.

Hirst aprovecha la tribuna que le da el verse equiparado al gran maestro italiano del tenebrismo, Caravaggio, un nombre al que sí deben mucho los artistas plásticos de todo el mundo. El londinense nacido en Bristol y diplomado de 46 años celebérrimo por sus cráneos diamantados lleva al Museo Maillol cráneos y más cráneos. Una tela, un cráneo humano con moscas atrapadas por la resina sintética y una serigrafía de cráneos con "polvo de diamantes".

Hirst no es más que uno más de los artistas contemporáneos en boga unos minutos, unos meses, unos años

El dossier de prensa es explícito. Uno debe quedarse pasmado ante la supuesta osadía del supuesto genio. ¡Polvo de diamantes, oh mon Dieu!". Auténticos cráneos, oh là là! Al caniche de la marquesa casi le da un infarto. A Patrizia Nitti casi se le ven las caries pegadas al cráneo durante el cocktail de inauguración, en el que reía y gritaba, repitiendo a quien quisiera escuchar que Hirst había sorprendido al museo con un detallito imprevisto. Uno de los cráneos, de platino, con 8.601 diamantes tiene los dientes hechos con "alas de mosca".

Completan la muestra, otras 150 obras de varios artistas de todas las épocas, con referencias a la muerte. Entre ellos destacan Andy Warhol, Basquiat y Niki Saint-Phalle, además de los incuestionables Pablo Picasso, Francisco de Zurbarán y Caravaggio entre otros genios. Muchas de las obras ya han sido vistas y revistas por todas partes.

Pero lo monstruoso no es eso. Lo monstruoso de la exposición es el rollo teórico que se han montado los comisarios para justificar su desaguisado destinado a atraer a turistas y a hacer subir la cota de Damien Hirst. Por un lado, argumentan que la muerte ha sido un tema recurrente en la historia del arte, y por otro aseguran, en un memorable lío de pseudo sociologìa artística, que actualmente vuelve a estarlo. A causa de a globalización, y amén.

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