Viernes, 28 de Septiembre de 2007

"Padre nuestro" brinca barreras fronterizas en pos de la Concha de Oro

Agencia EFE ·28/09/2007 - 17:22h

Agencia EFE - El director Christopher Zalla (c) y los actores Jesús Ochoa (i) y Armando Hernández, hoy tras la proyección de su película "Padre nuestro", que compite en la Sección Oficial del 55 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. EFE

Entre aplausos y casi unánimes elogios, "Padre nuestro" llevó hoy al Festival de Cine de San Sebastián una historia de búsqueda de identidades entre la dura realidad de la emigración mexicana en EEUU, reflejada en un filme que cruza fronteras para unir lo mejor del cine de ambos países.

La proyección en la última jornada de la competición por la Concha de Oro, que se entregará este sábado, dejó buen sabor de boca al público con esta cinta sobre un joven mexicano en busca de su padre, otro que lo suplanta y ese progenitor que es meta de ambos.

La ópera prima del estadounidense Christopher Zalla, ganadora del Gran Premio del Jurado en Sundance, cuenta con la soberbia actuación de los mexicanos Jesús Ochoa, como el padre, y Armando Hernández, en el papel de hijo impostor.

Los tres están en San Sebastián para apoyar al filme en la competición y dejaron claro, en una entrevista con Efe, que entre ellos no hay fronteras que valgan.

"En mi vida, la experiencia de buscar familia no tiene que ver con la sangre", explicó en excelente español Zalla, que definió a ambos actores como sus "hermanos".

Nueva York, la ciudad en que se ambienta el filme y que el director nacido en Kenia considera su hogar, "es un mundo de gente de fuera, de extranjeros. Un Día de Acción de Gracias en Nueva York se pasa más con amigos que con familia", recalcó.

Además, "hacer cine también implica eso, formar familias", puntualizó Ochoa (Hermosillo, 1959).

Ochoa es uno de esos actores de reparto con imponente presencia que ha sido pieza clave en películas como "Nicotina" (2003) y ganó dos premios Ariel del cine mexicano, por "Bajo California" (1988) y "Entre Pancho Villa y una mujer desnuda" (1996).

A diferencia de muchos de sus personajes, en la realidad es un hombre afable y risueño, y todo un padrazo de una niña de tres años a la que lleva en su propia piel.

"Es la huella del pie que ponen en el acta de alumbramiento", explicó orgulloso mientras mostraba la huella infantil tatuada en su brazo derecho.

"Siempre represento más edad de la que tengo, a los 17 años ya hacía padres. Mi imaginación como padre estaba muy desarrollada, pero no mi vivencia. Fue mi importante que llegara esta película para poder ejercer eso", apuntó sobre su papel en "Padre nuestro".

Para Armando Hernández (México, 1972), actor en cintas como "Fuera del cielo" (2006), también su papel en "Padre nuestro" le remitió a vivencias propias.

"Tengo como quince años sin vivir con mis padres, de alguna manera eso me ha ayudado mucho a buscar ese lado paterno", refirió el intérprete, que recordó, asimismo, lo difícil que le fue lograr la visa para rodar en Nueva York.

Hernández también conoce lo que es sobrevivir en circunstancias adversas. "Antes de dedicarme a la actuación tuve que vivir en la calle, y por eso cuando llegó el personaje a mis manos veía identificación con mi vida misma".

Christopher Zalla, que ha tenido oficios como el de pescador de salmón en Alaska y que pasó parte de su vida en Bolivia y España, señaló que otro gran eje de "Padre nuestro" son las barreras.

"Hay muchas barreras en el mundo, ese es un tema de la película. La más peligrosa, para mí, es la práctica de mirar las diferencias entre las personas, no las semejanzas", dijo.

Y vallas también como la que se alza entre México y EEUU, que "es una aberración, no habrá barreras que detengan las migraciones", indicó Ochoa, quien agregó que el filme tiene la originalidad de tratar ese fenómeno desde un punto de vista alejado de la nostalgia.

Nostalgia que tampoco Ochoa sintió durante el rodaje, pues "fue importante no llegar a EEUU a hacer cine hollywoodense. La calidez que te da el cine independiente fue muy importante".

Pero "es un tipo de cine que está muriendo en EEUU. Hay cada vez menos distribuidores y salas que quieran ponerlo. Ahora todo tiene que ver con el primer fin de semana. Si tienen éxito siguen, si no...", reconoció Zalla, exponente de un modo de ver el séptimo arte que, como el de otros países, se ve apisonado por Hollywood.

"Llegamos a un punto en que es más importante el cartel de la película que la historia. Hay un dicho, 'si se come mierda mucho tiempo, te acostumbras al sabor'", concluyó con pesimismo.

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