Jueves, 27 de Septiembre de 2007

China no quiere perder la sonrisa

El Gobierno chino dice que le preocupa la situación en Birmania, dónde vive una sustancial comunidad china.

ANDREA RODES ·27/09/2007 - 22:51h

"La diplomacia de la sonrisa": así es como el profesor Shi Yinhong, de la Universidad del Pueblo de Pekín, ha bautizado la política exterior que el gobierno chino aplica con sus países vecinos. Basado en la idea de construir un mundo harmonioso, el Partido Comunista Chino defiende que para lograr paz y prosperidad en el interior del país es necesario fomentar la paz y prosperidad alrededor de sus fronteras. Myanmar, que ocupó en 2005 la posición 32 en el ranking de los 50 países más pobres del mundo elaborado por la ONU, es hoy uno de los países que se han beneficiado de la sonrisa china.

"Como país vecino, China está preocupada por la situación de Myanmar", declaró ayer Jiang Lu, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, en referencia a los incidentes violentos que se han producido estos días en la capital birmana. Y añadió que las partes implicadas deben esforzarse para evitar que los incidentes no afecten a la paz y estabilidad de la región, tan necesarias para mantener el buen rumbo de las relaciones comerciales entre ambos países. Según cifras del gobierno chino, el comercio entre Myanmar y China creció un 39.4% durante los siete primeros meses de este año con respecto al 2006, alcanzando los 785 millones de euros.

Los inversores tailandeses, malayos y rusos también intentan llevarse un trozo del pastel birmano La importación de productos de gran consumo de bajo coste fabricados en China se ajustan a la demanda de países con poco poder adquisitivo, como Myanmar. Pero China no vende sin recibir nada a cambio. Gracias la riqueza de sus recursos naturales y a su posición geográfica estratégica, en el Golfo de Bengala, Myanmar representa un socio comercial clave para el gigante asiático. La petrolera estatal china, Sinopec, tiene previsto empezar este año la construcción de un oleoducto entre el puerto birmano de Sitwee, en el Mar de Bengala, y la provincia de Yunnan, en la frontera suroeste de China.

El oleoducto permitiría importar crudo directamente desde África y Oriente Medio, sin necesidad de cruzar el Estrecho de Malacca, controlado por Estados Unidos y vulnerable a posibles ataques terroristas. Los analistas señalan que una tercera parte del crudo mundial pasa por el estrecho, y un 80% de éste se dirige a puertos chinos. Se estima que el oleoducto transportará 170 mil millones de metros cúbicos de crudo en los próximos 30 años y que librará a Pekín de su dependencia con el estrecho.

 Las Vegas de la Jungla

China también ha impulsado la construcción de carreteras y autopistas para desarrollar la comunicación entre ambos países y facilitar la importación de madera de los bosques birmanos, que están sufriendo una rápida deforestación a medida que se dispara la demanda china. Según la organización inglesa Global Witness, 1.5 millones de toneladas de madera por valor de 245 mil euros fueron embarcadas en 2005 de manera ilegal rumbo a puertos chinos.

"La solidez de la economía china ha aumentado la inmigración birmana en la frontera", explica Nicholas Farrelly, investigador del Balliol College de Oxford. Farrelly estudia el comportamiento de la comunidad birmana en China. La más numerosa se encuentra en Ruili, a pocos kilómetros de la frontera, donde el gobierno chino está construyendo una autopista que llegará hasta Shanghai. "La mayoría trabajan para empresas chinas, pero algunos empiezan a crear sus propios negocios, sobretodo en el comercio del jade y la madera", añade Farrelly. Entre los inmigrantes birmanos predominan los de origen chino, que constituyen el 3% de la población en Myanmar y dominan la economía del país.

La población china se ha disparado con la llegada de nuevos inversores y comerciantes, que residen en los barrios chinos de las ciudades birmanas, los tayoke tan. Según Global Witness, entre el 30% y el 40% de la población de Mandalay es china. Los inversores tailandeses, malayos y rusos también intentan llevarse un trozo del pastel birmano. La agencia china Xinhua informó la semana pasada que un grupo de inversores de los cuatro países financiará un proyecto de "ciber-ciudad" en la ciudad birmana de Yadanabon para producir accesorios informáticos.

La droga sigue teniendo un peso importante en la economía sino-birmana. Myanmar era en 2005 el segundo productor de opio mundial después de Afganistán, según fuentes de la ONU. En Möng La, una ciudad birmana a 350 km de Ruili conocida como "Las Vegas de la Jungla", el tráfico de productos exóticos ha superado al de la heroína y la prostitución. Aprovechando las vacaciones del Día Nacional de China, miles de turistas chinos se acercaran la próxima semana al mercado de Möng La para comprar pezuñas de oso, colmillos de elefante, pieles de tigre o leopardo, monos, tortugas y otras especies en extinción, que se utilizarán para cocinar en los restaurantes de Yunnan, como amuletos o como simples souvenirs. "Los recursos naturales, árboles, vegetación y fauna de Myanmar están siendo violados", declaró el pasado septiembre Steven Galster, director de la organización Wildlife Alliance de Bangkok, para Reuters.

 


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