Jueves, 27 de Septiembre de 2007

La crónica veraz silencia por fin al totalitarismo

Carlos Pardo ·27/09/2007 - 19:51h

Efe - En las más de mil páginas de ‘Vida y destino’, Grossman revive el nazismo, la batalla de Stalingrado y el Gulag.

En 'Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945', publicado por la editorial Crítica en 2006, el historiador Antony Beevor narraba las penalidades de la vida de Vasili Grossman, nacido en 1905 y muerto en 1964 tras una vida de desilusiones.

Merecedor de la admiración de Isak Babel, Gorki o Bulgakov por sus primeros libros, más tarde fue cronista de la batalla de Stalingrado y silenciado escritor de una de las obras más duras y luminosas del siglo XX, Vida y Destino.

Galaxia Gutenberg acaba de publicar la primera traducción directa del ruso de esta importante novela, cuya primera edición de 1961 fue secuestrada por la KGB por considerarla una de las obras más peligrosas para el régimen soviético, sólo comparable al 'Archipiélago Gulag', de Solzhenitsin.

La historia de Grossman es la de la zona más sombría del siglo. Desde las tempranas euforias soviéticas, pasa por su labor de corresponsal de guerra en Stalingrado, el holocausto judío -su madre fue asesinada por los nazis junto a más de 30.000 judíos en Berdishev, su lugar natal- y el final del acoso de un régimen que lo hubiera deportado si Stalin no hubiera tenido el detalle de morirse.

El superviviente Grossman sentía la obligación moral de hablar por los muertos y de hacerlo fidedignamente. Por eso el estilo de su prosa es absolutamente falto de afectación. Su deseo es hacer visibles los hechos, no comentarlos.

En las más de mil páginas de 'Vida y destino', que comienza con la nítida y terrorífica descripción de un campo de concentración alemán, se narra el terror nazi, el holocausto, la batalla de Stalingrado y el Gulag con una prosa amarga.

Al lector le toca juzgar esta obra, que se presta al elogio desmesurado: según George Steiner, "novelas como ésta eclipsan todo lo tenido por ficción seria en Occidente".

La dedicación que las editoriales españolas le prestan a la gran prosa del Este, silenciada por los totalitarismos, muestra que algo ha tenido que suceder en nuestro país para que esta literatura, aún marginal en los ochenta y noventa, ocupe ahora un lugar central.

La editorial Pre-Textos ya publicó las memorias del poeta polaco Adam Zagajewsky, 'En la belleza ajena', donde narraba la formación de un intelectual en la Polonía de posguerra: leer a Gombrowiz era casi un pecado contra el materialismo dialéctico.

Otro libro hermoso que analiza la seducción del terror totalitario es 'Ingenieros del alma', de Frank Westerman (Siruela). Y quizá el que más elogios coseche es el serbio Danilo Kis, cuyo magistral 'Una tumba para Boris Davidovich' (El Acantilado) le obligó a exiliarse tras una campaña de difamación de escritores yugoslavos.

En suma, parecen haberse sustituido los modelos de ficción habituales por otros que ponen en duda las mismas ficciones de las ideologías totalitarias, la narrativa de invención por la crónica veraz.


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