Jueves, 27 de Septiembre de 2007

A la religión por la velocidad, una exposición del arte sacro futurista

Agencia EFE ·27/09/2007 - 12:04h

Agencia EFE - Fotografía de la obra de Giacomo Balla de 1925 ' Monjas y paisaje' que forma parte de la exposición "Piedad y Pragmatismo: Espiritualidad en el Arte Futurista", en la que la colección Estorick, de Londres, documenta la evolución del futurismo italiano. EFE

A los futuristas italianos se los ha asociado habitualmente con la velocidad, con el maquinismo y con la guerra, pero no precisamente con el arte sacro.

Sin embargo, es este último aspecto, casi desconocido, el que constituye el centro de una nueva exposición en la colección Estorick, de Londres, especializada en las vanguardias italianas del siglo XIX.

"Piedad y Pragmatismo: Espiritualidad en el Arte Futurista", que podrá visitarse hasta el 23 de diciembre, documenta la sorprendente evolución del futurismo italiano hacia la espiritualidad, centrándose sobre todo en obras de arte sacro creadas de acuerdo con el manifiesto que publicó al respecto Marinetti.

Su "Manifiesto del Arte Sacro Futurista" data de 1931, y resulta sorprendente dada la hostilidad anterior del movimiento futurista hacia la Iglesia católica como institución y su rechazo del concepto cristiano de moralidad.

Los ataques de los representantes de aquel movimiento a la Iglesia católica estuvieron motivados por una ideología nacionalista arraigada en las tradiciones anticlericales del Risorgimento italiano, la lucha por la reunificación del país bajo los dos Giuseppes: Mazzini y Garibaldi.

La unidad italiana se logró finalmente en 1870 y ocurrió a costa de la Iglesia católica, que perdió su dominio temporal de los llamados Estados Pontificios del centro de Italia.

La hostilidad consiguiente de la Iglesia hacia el nuevo reino liberal de Víctor Manuel II dio lugar a acusaciones de que aquélla era un enemigo dentro de casa, lo que hizo que entrara en conflicto con la agenda nacionalista de los futuristas.

Con el auge del fascismo, que se tradujo en la llamada marcha sobre Roma de Benito Mussolini, los futuristas, muchos de ellos fascistas, soñaron un momento con la posibilidad de liberar a Italia finalmente del Vaticano.

Pero los malos resultados de las elecciones de 1911 convencieron al duce de que una mejora en las relaciones con la Iglesia aumentarían su apoyo popular, lo que le llevó a firmar en 1929 los Pactos Lateranos en el Vaticano que garantizaban a la Iglesia una fuerte presencia en la vida del Estado.

La nueva relación política derivada de aquellos pactos constituye el telón de fondo que explica la publicación del manifiesto del arte sacro por el mismo Marinetti que había declarado que la única religión del verdadero futurista debía ser "la Italia de mañana".

En realidad, aunque defendiendo valores muy distintos de los del cristianismo, el movimiento futurista había hecho frente a la cuestión de la espiritualidad desde sus primeros años.

La nueva religión-moral de la velocidad de Marinetti subvirtió cínicamente la categoría cristiana de lo sacro con su afirmación de que si "el arte significaba comunicarse con la divinidad", correr a la máxima velocidad equivalía también a una oración.

Durante los años veinte, los futuristas turineses como Fillia (seudónimo de Luigi Colombo) exploraron el modo en que la máquina había influido en la psique humana y explicaron que "interpretar esa espiritualización mecánica era señalar el comienzo de un arte sacro moderno".

En la década siguiente, el desarrollo de la llamada "aeropintura", a la que Marinetti dedicó otro manifiesto en 1929, expresión del mito de la máquina y de la modernidad marinettiana, contribuyó también a la síntesis entre futurismo y nueva espiritualidad.

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