Miércoles, 26 de Septiembre de 2007

Reprimen a golpes las protestas

Los militares se emplearon a fondo. Cuatro personas murieron y un centenar resultaron heridas

Mar Centenera Garçon ·26/09/2007 - 21:43h

AFP - Un monje budista escapa del gas lacrimógeno lanzado por la Policía en Yangón.

A los generales birmanos finalmente se les acabó la paciencia. Ayer recurrieron a la violencia para acabar con las protestas pacíficas, un método muy ensayado durante sus 45 años en el poder.

Al menos cuatro personas han muerto, decenas han resultado heridas y más de 200 detenidas, durante la represión militar de las manifestaciones prodemocráticas lideradas por  monjes en varias ciudades de Myanmar por noveno día consecutivo. La Policía disparó al aire y arrojó gas pimienta para dispersar a los cerca de 100.000 manifestantes que desafiaron la prohibición de concentraciones de más de cinco personas impuesta ayer por la Junta Militar.

“El mundo ha de despertar de la ilusión de que el régimen de Birmania quiere transformar el país hacia la democracia”, denunció por teléfono Sunai Pasuk, portavoz de la ONG Human Rights Watch en Tailandia.“Siguen usando la violencia una y otra vez”, dijo.

Pasuk advirtió que existe un gran riesgo de que tomen medidas contundentes contra los arrestados: “Nadie, ni siquiera el Comité Internacional de la Cruz Roja, ha podido acceder a los 150 prisioneros políticos que arrestaron hace semanas. Tememos que puedan ser sometidos a torturas y tratos degradantes dados los precedentes de la Junta”.

Presión internacional
Según Amnistía Internacional, hay más de 1.160 presos políticos en Myanmar y el país ha recibido sanciones por el uso de niños soldados y de civiles en trabajos forzados. Amnistía exigió ayer la implicación internacional para “poner fin a la situación de emergencia en Myanmar”.

El principal obstáculo a los esfuerzos diplomáticos internacionales para conseguir reformas democráticas es Pekín, uno de los mayores inversores económicos del país. Rusia, otro de los socios comerciales birmanos, señaló ayer que la crisis en Myanmar es “una cuestión interna” y no amenaza la seguridad regional o internacional.

Las manifestaciones actuales se iniciaron a mitad de agosto cuando el Gobierno anunció un fuerte aumento del precio de los carburantes, que provocó el hundimiento del valor del kyat, la moneda local, e intensificó la crisis económica del país. La riqueza generada por la explotación de los yacimientos de gas y petróleo, la principal fuente de riqueza del país, no ha beneficiado de manera generalizada a la población y las autoridades están consideradas entre las más corruptas del mundo.

Myanmar está gobernada por militares desde 1962, cuando el general Ne Win tomó el poder en un golpe de Estado. En 1988, Ne Win ordenó la represión de miles de universitarios, que habían tomado las calles en protestas a favor de la democracia. Alrededor de 3.000 personas murieron y el general dimitió, pero la Junta Militar que le sucedió en el poder sigue ahora sus pasos.

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