Miércoles, 26 de Septiembre de 2007

Una pequeña joya de Wayne Wang y un recuerdo de las dictaduras sudamericanas

Agencia EFE ·26/09/2007 - 18:04h

Agencia EFE - El realizador Wayne Wang, posa hoy junto al Kursaal donostiarra, tras la proyección de su película "A thousand of good prayers", que compite en la Sección Oficial del 55 Festival Internacional de Cine de San Sebastián. EFE

Dos filmes de distinta condición pero de gran calidad centraron hoy la Sección Oficial, "Mil años de oración", una pequeña joya intimista de Wayne Wang y "Matar a todos", del uruguayo Esteban Schoeder, quien aborda los tenebristas años en que dictaduras iberoamericanas crearon la Operación Cóndor.

Tras años atado a la maquinaria de Hollywood, el cineasta de origen hongkonés Wayne Wang ha vuelto a su esencia, las historias sencillas, contadas con ritmo lento, cargadas de ternura y humor en "Mil años de oración", que fue recibida con el apoyo unánime de la crítica.

Dos personajes extraídos de un pequeño relato, un escenario y pocos diálogos sirven al autor de filmes míticos como "Smoke" para narrar la incomunicación entre padre e hija, cuando, tras 12 años de vivir en Estados Unidos, recibe la visita de su anciano progenitor y vuelve a sentir la presión de aquella tradición que creyó perdida.

Wang habla del contraste entre dos culturas, la americana y la china; de dos generaciones; y de un anciano ante un mundo extraño donde se siente como un alienígena pero ante el que responde de una forma abierta a todo aquello que se le presenta.

Desde una mujer con la que se entiende entre el mandarín y el farsi, entremezclando algunas palabras básicas de inglés, o los mormones que le intentan vender a su profeta, liberador de cadenas, a lo que él responde con la similitud filosófica de dos nombres, Marx y Engels.

El humor, la ternura y la tristeza son los ingredientes con los que teje su entrañable relato Wang, quien se inspiró en un cuento de la autora china Yiyum Li y eligió al anciano entre aquellos que formaron el reparto de "El último emperador"; mientras la joven es una nueva estrella del cine chino.

"La cultura y el idioma chino es un arte en no expresar los sentimientos y la pasión directamente. Mientras que el idioma inglés es maravilloso en cuanto a que tiene más facilidad y frescura, sin normas ni reglas", explicó Wang tras el pase.

El filme "Matar a todos", coproducción entre Uruguay, Chile y Argentina, firmada por el uruguayo Esteban Schroeder evoca cómo, hace tres decenios, los regímenes militares del Cono Sur se coordinaron en la Operación Cóndor para eliminar opositores.

Para relatar esta época tenebrosa, Schoreder eligió un reparto formado por sus compatriotas Roxana Blanco y César Troncoso, junto al argentino Darío Grandinetti y el chileno Claudio Arredondo.

"Matar a todos" evoca con pulso firme y ritmo impecable el caso real de Eugenio Berríos, químico y ex agente de la policía secreta durante el gobierno del general Augusto Pinochet en Chile (1973-1990).

Berríos, a quien se atribuye la fabricación de gas sarín y otros venenos para asesinar opositores, huyó de Chile en 1991 al amparo de un operativo conjunto de militares de su país y Uruguay, para evitar que testificara sobre el asesinato del ex canciller chileno Orlando Letelier.

Fue visto por última vez en noviembre de 1992, cuando se presentó en una comisaría de Uruguay para denunciar que estaba secuestrado, pero fue entregado a unos militares. En 1995 apareció en ese país su cadáver con impactos de bala.

El caso, por el cual están procesados varios militares chilenos y uruguayos, es el arranque de "Matar a todos", que evoca el comienzo del caso a través de un personaje ficticio, Julia Gudari, abogada e hija de un general uruguayo, interpretada por Roxana Blanco.

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