Sábado, 1 de Diciembre de 2007

"La bebida primero te lo da todo y luego te lo cobra"

Claudia tiene 28 años y es alcohólica. Está intentado desintoxicarse.

SUSANA HIDALGO / DIEGO BARCALA ·01/12/2007 - 22:01h

En una cafetería de barrio en Vallecas (Madrid) comparten mesa y café humeante a las once de la mañana un grupo de miembros de Alcohólicos Anónimos. Nombres de pila: Tere, Sergio, José, Miguel Ángel, Claudia. Todos hablan mucho, mucho, y lo reconocen sin problema. “Es que el alcohólico da bastante la chapa, está acostumbrado a resolver sus problemas hablando en la barra del bar”, explica Miguel Ángel.

La más joven del grupo se llama Claudia. Tiene 28 años, lleva diez meses sobria y está siempre en alerta para no volver a recaer. Cuenta que la noche anterior salió con sus amigos, descubrió un gin tonic encima de la barra y... “Pues eso, que me tuve que contener”.

Una más del grupo

Claudia empezó a beber a los 14 años “por ser una más del grupo” y hoy, con 28, es alcohólica. “A los 23 años bebía todos los días y de todo”, explica esta mujer, que trabaja “en el mundo de la moda”. Una copa para perder la timidez antes de quedar con un chico, otra por no tener fuerzas para afrontar un trámite con el banco...

Encima, Claudia trabajaba en un restaurante y ahí tenía a mano las botellas que, a espaldas de su jefe, se encargaba de esconder bajo el abrigo. Así se pasó años, enfadándose con sus amigos porque la dejaban sola emborrachándose en el bar y no la acompañaban hasta el término de la juerga. Al final acabó ingresada tres meses en un psiquiátrico por una crisis de ansiedad provocada por el síndrome de abstinencia. Lo peor, dice, es la llamada borrachera seca: “Cuando sin haber bebido ni una gota tienes la misma actitud que si estuvieses borracho e incluso las resacas son iguales”.

Recaída haciendo ‘snow’

Claudia tiene muy claro que no quiere volver a beber pero sabe que la tentación es grande. Cada día que pasa sobria es un paso adelante. Ya ha tenido una recaída. Un día se fue a hacer snow a la nieve con sus colegas y por la noche se tomó un chupito pensando el típico “por uno que me beba no pasa nada”. En su caso, además, el consumo de alcohol iba acompañado del de cocaína. “Encima mi sueño era trabajar como catadora de vinos y, obviamente, he tenido que renunciar a ello”, se lamenta.

A su lado, Tere, de 46 años y que ya lleva cuatro sin beber, asiente desde la experiencia y con la cabeza. “Es una enfermedad progresiva e incurable”, afirma. Ella empezó a pasarse con el consumo de alcohol después de tener a sus hijos, pero coincide con Claudia en que “el alcohol primero te lo da todo, seguridad, felicidad... y luego se lo cobra y con creces”. “Te cambia el carácter, te vuelves irascible. La gente que tienes a tu alrededor no te aguanta”, explica.

El 12% de los hombres españoles son alcohólicos y el 8% de las mujeres. Claudia considera que algunos lo son porque en su momento no llegaron a madurar. No quisieron tomar responsabilidades al pasar a la edad adulta y se quedaron en una adolescencia perpetua regada de cerveza y copas. “Gente que con 35 años sigue haciendo la misma vida que con 20”, reflexiona.

En Alcohólicos Anónimos no quieren adoctrinar. La gente entra y sale libremente de las reuniones. Los objetivos que se plantean el primer día son muy sencillos: “Intenta no beber en 24 horas”. Así empezó Sergio, de 51 años y que lleva 10 sin probar el alcohol y que empezó a notar los beneficios de la abstinencia al quinto año.

Está delgado como un fideo y sus ojos se encienden cuando se acuerda de la movida madrileña. Conoció “a Pedrito Almodóvar”, se metió de todo y al recordar aquella época de desfase resume sin cambiar el gesto: “Del grupo de 30 amigos que éramos, cuatro terminamos alcohólicos y de ellos tres están muertos”.La hora del café termina. Como todos los días, el grupo se disuelve. A los alcohólicos anónimos les toca ahora “aprender a vivir fuera, en la calle”. Superar otras 24 horas sobrios.

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