Sábado, 1 de Diciembre de 2007

Regreso al futuro

La relación entre José Luis Rodríguez Zapatero y José Bono es el mayor arcano del PSOE actual

GONZALO LÓPEZ ALBA ·01/12/2007 - 15:48h

Regreso al futuro es el título de una película de ciencia ficción -la más taquillera de 1985- en la que un joven pone en peligro su propia existencia al ser enviado al pasado en la máquina del tiempo y viajar luego al futuro para intentar corregir el presente.

El guión evoca en cierta medida los potenciales riesgos ocultos de la última repesca de José Bono para la primera línea de la política, en la que José Luis Rodríguez Zapatero se empeñó en mantenerle desde el mismo día en que, hace siete años, le birló el liderazgo del PSOE y, por derivación, la presidencia del Gobierno de España.

La relación entre ambos constituye el mayor arcano del PSOE actual y no son pocos los que creen que esconde algún componente de "psicopatología del poder", que, según el psiquiatra Enrique González Duro, "arraiga profundamente en el acentuado narcisismo (sea del tipo exhibicionista o reprimido) de quien la padece" (La máscara de los poderosos).

En su versión más amable, habría un intento recíproco de legitimación entre el veterano favorito que salió derrotado y el desconocido meritorio que resultó ganador. En su versión más maquiavélica: "El enemigo solamente sometido puede volver a levantarse, el enemigo reconciliado está realmente dominado" (Friedrich Schiller).

"Te queda mucho por hacer"

A finales de los 90, Zapatero creía que el entonces presidente de Castilla-La Mancha era la persona idónea para coger el timón del PSOE.

Cinco días después de la dimisión de Joaquín Almunia por el desastre electoral de 2000, le telefoneó: "Pepe, creo que debes ser el candidato y quien lidere el partido en la nueva etapa".

También Bono tenía una buena impresión de Zapatero, aunque su trato había sido escaso. Se conocieron en 1997, en la Ejecutiva federal. En 1998, Zapatero le invitó a dar una conferencia en León y Bono vaticinó: "José Luis es claramente uno de los hombres de futuro en el PSOE y terminará por irse a vivir a Madrid".

Después, al hilo de las varias conversaciones personales que mantuvieron durante la fase precongresual, Zapatero cambió de opinión al concluir que sus respectivas formas de entender la política y el partido eran muy diferentes. Bono decía entonces de Zapatero que le veía "cara de líder", pero que estaba aún por demostrar que tuviera "madera" para serlo.

A los dos les gusta jugar fuerte. Lo prueba el diálogo de tintes fanfarrones que mantuvieron cuando Zapatero le comunicó personalmente que iba a disputarle el liderazgo:
-Yo nunca he perdido ningún congreso -le dijo Zapatero.
-Yo no he perdido ninguna elección -replicó Bono.

Tras el 35 Congreso del PSOE -el único borrón en su apabullante expediente de triunfos-, Bono meditó a fondo "dejar esto" y Zapatero le llamó en varias ocasiones para evitarlo: "Te queda mucho por hacer, Pepe".

Bono elige y Zapatero decide

En 2004, Zapatero le ofreció que fuera su ministro del Interior, pero Bono le propuso como alternativa la cartera de Defensa y el presidente aceptó la permuta. Dos años después renunciaba a la cartera ministerial. En público
alegó el deseo de "dedicarme a mi familia", pero en privado aireó sus diferencias políticas por la negociación con ETA y la reforma del Estatut de Catalunya. A día de hoy, Zapatero aún busca la certeza de sus razones.

En abril de 2006, cuando Bono decidió abandonar el Gobierno, Zapatero le planteó varias opciones, para aquel momento o para cuando quisiera volver. Bono, de nuevo, ha elegido la opción con más relumbre y menos riesgos, y Zapatero, de nuevo, aceptó: el manchego rechazó ser el candidato a la Alcaldía de Madrid y aceptó encabezar la lista del PSOE por Toledo con la contrapartida de ocupar el tercer puesto en el rango protocolario del Estado -la presidencia del Congreso, que lleva aparejada la de las Cortes -.

El anuncio público de este compromiso, que no se compadece precisamente con el respeto a los tiempos y los procedimientos democráticos que predica Zapatero, tiene algo de regreso al futuro porque tiene un margen impredecible.

Por más que Zapatero se lo haya prometido, Bono no tiene la garantía, ni puede tenerla, de ser el próximo presidente del Congreso. Primero porque, si el PSOE no alcanza la mayoría absoluta, precisará de apoyos externos; después, porque las partidas de ajedrez arrancan con las piezas ocupando posiciones pretedeterminadas, pero no se puede asegurar dónde acabará cada una.

Cuando se renueve el Tribunal Constitucional y deje su presidencia María Emilia Casas, sólo quedará una mujer al frente de un órgano institucional: Carmen Martínez Ten, presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear. Así pues, entra dentro de lo probable que en el Congreso o en el Senado haya una mujer en la presidencia.

En 2004, Zapatero manejó una terna para presidir el Congreso: Joaquín Almunia, María Teresa Fernández de la Vega y Manuel Marín. Acabó siendo Marín por descarte. Almunia había sido el anterior líder de la oposición, por lo que tenía un sesgo partidista muy fuerte y, además, encajaba en el puesto que dejaba Pedro Solbes en la Comisión Europea. De la Vega también estaba marcada por haber sido la secretaria general del Grupo parlamentario Socialista durante varias legislaturas. El retrato más institucional era el de Marín.

Con aquellas cautelas y estos precedentes hay quien aventura que, si no prosperase la candidatura para presidir la Cámara baja, Bono podría acabar de portavoz parlamentario, un puesto con menos candilejas pero más poder, sobre todo si lo ocupa alguien como Bono.

Los riesgos de una ‘corte paralela'

A Zapatero le han advertido muchas voces de que si Bono ocupa la presidencia del Congreso montará "una corte paralela" que le creará más de un problema, no sólo político sino incluso personal. Zapatero traga saliva. "Yo sólo tengo una palabra", le dijo y ha repetido a su ex ministro.


A mediodía del jueves pasado, la presencia de José Bono en una cafetería aledaña a la sede del PSOE pasaba desapercibida para la parroquia. Acompañado de un fiel escudero -tan aburrido como él del retiro dorado en Castilla-La Mancha-, hacia tiempo en la barra para la hora de la puesta en escena de su regreso al futuro. La cita era a las 12,30. El coche oficial de Zapatero, con su comitiva de escoltas, entró en la sede socialista con diez minutos de retraso. Después llegó la traca de flashes.

Bono presenta el martes el enésimo libro sobre el presidente, Zapatero el Rojo. Uno de sus capítulos se titula Una crisis que se llama José Bono.