Domingo, 30 de Noviembre de 2008

"A mis orientadoras las iban dando de baja y de alta del trabajo"

Constanza vivió la paradoja de ver la inestabilidad del propio servicio de empleo

ÁNGEL MUNÁRRIZ ·30/11/2008 - 20:32h

Aunque sin depositar todas sus expectativas en que las políticas públicas le sacaran las castañas del fuego, Constanza del Junco acudió antes del último verano a las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) en Sevilla. No empezó por ahí a buscar trabajo, pero tampoco fue un último recurso. “Era una alternativa más. Seguí buscando por mi cuenta, pero también ahí”.

Historiadora del Arte, de 34 años, ofrece un testimonio del contacto con el programa Andalucía Orienta que deja dos conclusiones. La primera, positiva: el elevado compromiso del personal y la escasez de trabas burocráticas. La segunda, tan negativa como paradójica: sus orientadoras tenían regímenes inestables de trabajo, que dificultaban la continuidad en el seguimiento de su caso. En casa del herrero...

Constanza no iba buscando formación, sino orientación para encontrar empleo como diseñadora gráfica. ¿Funcionó? Desde el principio, deja claro que sus expectativas no eran demasiado altas. Y así se garantizó no quedar defraudada. “Había un programa para prácticas en empresas. Me informaron y me pareció interesante. Dí mis datos, y ya está. Cuando pasaban ofertas del sector, el programa lo metía. Por si entraba algo interesante”. Pero insiste en que ella seguía buscando por su cuenta.

También le enseñaron a redactar un buen currículum. “Eso fue muy útil. Yo lo tenía mal enfocado y me enseñaron a hacerlo de forma más clara”, explica. Lo que más la convenció fue el trato y el compromiso de las orientadoras. “En absoluto me sentí un número más, ni me perdieron en trámites. Era gente implicada, con un perfil muy cercano, que se interesaba realmente por tus necesidades y te daba un trato personalizado”, explica.

“Lo que yo noté en las personas a las que acudí es que no estaban allí porque sí”, cuenta, admitiendo que esa proximidad le causó “sorpresa”. “No eran meros funcionarios”, añade sin malicia.

Pero también en el personal que tan diligentemente la atendió se encerraba la trampa (y la contradicción) de la experiencia que vivió Constanza durante apenas unos meses en este programa de empleo. “A mis orientadoras las iban dando de baja y de alta, y así se cortaba muchas veces la comunicación”, cuenta.

De todas formas, subraya, las orientadoras llegaban a llamarla por teléfono incluso cuando no estaban trabajando. “Estaban muy volcadas las dos”. Y deja caer: “Eran mujeres”.

Luego encontró un trabajo a tiempo parcial, fruto de esos esfuerzos “por su cuenta” que, por si acaso, nunca abandonó. Y a partir de ahí fue relajando su contacto con el programa Andalucía Orienta hasta que se apagó completamente. ¿Volvería a acudir si se quedara en paro? “Sí, ¿por qué no?”