Domingo, 30 de Noviembre de 2008

Berlín y las canciones en pelota picada

En la capital alemana bulle una vigorosa escena anti-folk: música sin ataduras

JESÚS MIGUEL MARCOS ·30/11/2008 - 08:00h

S. HOFFMANn - La cantante Phoebe Kreutz, una de las participantes en Berlin songs, tocando en un parque de Berlín.

En Berlín muchos jóvenes no trabajan. Entre lo que reciben del Gobierno, algún apaño y con lo baratos que están los alquileres, se dedican a vivir". Habla Katharine Christnacht, una diseñadora gráfica de Colonia que está de paso en la capital alemana. Mientras se toma una cerveza en el bar Ä, la altísima Katharine confiesa que está pensando apuntarse al "trabajar poco y vivir con lo justo". Es tentador.

De tener una banda sonora, en este estado de Bienestar berlinés sonarían canciones anti-folk. ¿Qué es el anti-folk? Un subgénero del folk nacido en Nueva York a mediados de los ochenta y popularizado en los noventa, cuyas características principales son la crudeza grabaciones con pocos medios y sin pulir, el rechazo a la mercadotecnia, el sentido de comunidad los músicos se ayudan unos a otros y el gusto por la experimentación. ¿Hippies de finales de siglo? Quizás en la forma, pero sin pretensiones de cambiar el mundo. De todos los artistas asociados a esta escena, Beck es el nombre más reconocible, aunque no sea el que mejor define su esencia. Sí lo es Kimya Dawson, número uno en Estados Unidos con la banda sonora de Juno.

Graban a pelo, tocan mucho y todo lo hacen de forma autónoma

En Berlín, el anti-folk ha encontrado tierra fértil. Músicos procedentes de todas las esquinas del planeta han creado una escena viva, variada y vigorosa. Graban a pelo, tocan donde pueden principalmente en locales de Kreuzberger, aunque también en parques y espacios públicos, se ayudan entre ellos Y todo desde una filosofía de creación y producción totalmente autónoma. Lejos de parecer principiantes, el resultado artístico de estos grupos es más que notable, como demuestran los dos recopilatorios publicados bajo el título de Berlin songs.

Capturar el momento

"Empecé estas recopilaciones con mi amigo Jan Junker en 2005 porque había muchos músicos que daban bastantes conciertos en Berlín, pero que rara vez grababan o publicaban su música. Queríamos documentar lo que estábamos oyendo para que no se perdiera. En 2009 publicaremos el tercer volumen", explica Sebastian Hoffman, padre de Berlin songs.

"Vine a Berlín para una semana y aquí me quedé", dice Freschard

Un músico anti-folk ha seguido una trayectoria más o menos similar a la de, por ejemplo, la cantante francesa Clemence Freschard, ahora residente en Berlín. Nació en Dijon, empezó a organizar conciertos a los 12 años, trabajó en París haciendo pasteles en una cafetería, conoció a músicos, se mudó a Nueva York y, hace cinco años, empezó a tocar la guitarra. "No tardé en hacer canciones explica Freschard; viajé con mi guitarra durante dos años. Vine a Berlín para una semana, pero me he quedado aquí definitivamente".

Freschard aporta dos temas a los recopilatorios Dont fall in love with me y Berlin tune, pero participa haciendo coros o tocando la guitarra en muchas más. Todo es así de natural: "Tengo un ocho pistas en el que grabo a mis amigos. Normalmente, acabo cantando o tocando algo", explica la música. En Berlín hay acción, principalmente porque hay condiciones para esa acción. Como dice Freschard, "es una ciudad especial en el sentido de que tienes mucho espacio. Además, no tengo vecinos que se quejen del ruido que hago cuando toco la batería".

En la capital alemana es fácil encontrar un sitio para tocar y que te paguen. En Londres, lo normal es que el músico sea el que pague. Según Sebastian Hoffman, "en París y en Londres se pagan rentas más altas y los promotores son más conservadores. Los bares y los clubs prefieren hacer fiestas a conciertos. En Berlín, como las rentas son más bajas, los propietarios no tienen problemas con la música en vivo".

Nombres ilustres

Entre los participantes en los recopilatorios Berlin songs, hay algunos nombres ilustres de la escena anti-folk neoyorquina, como Jeffrey Lewis o Stanley Brinks (ex Herman Dune). "Son músicos que pasan por Berlín y aprovechan para grabar alguna canción. Ellos también son parte de Berlín y ofrecen su propia visión. No nos gusta ensalzar la ciudad y hacer canciones sobre lo guay que es. Las canciones de Berlin songs son reflexiones y críticas sociales o políticas, hasta el punto de expresar lo que odias Berlín", explica Hoffman.

Aleksanderplatz, el Tiergarten o la puerta de Branderburgo son paradas obligadas en una visita a Berlín. Sin embargo, para oír Berlín conviene acercarse a locales como el Schokoladen, el West Germany, el Ä,el Total Art Space o el Coffee Karma, donde los músicos de la escena anti-folk despliegan sus armas.