Domingo, 30 de Noviembre de 2008

El miedo a la recesión global pincha la burbuja de los precios alimentarios

Las cotizaciones han caído a la mitad, pero la hambruna en los países pobres puede agravarse

A. M. VÉLEZ ·30/11/2008 - 08:00h

afp - El arroz es la dieta básica de casi la mitad de la población mundial, sobre todo, en Asia. En la imagen, un campesino chino.

Los precios de las materias primas alimentarias no han escapado a la onda expansiva de la crisis económica global. El miedo a una larga recesión mundial, con el consiguiente desplome de la demanda, ha llevado a las cotizaciones internacionales de productos básicos como el arroz, el trigo o el maíz a mínimos de dos años. La caída ha sido tan abrupta como lo fue el repunte que, más o menos desde la última parte de 2007 hasta la primera mitad de este año, llevó a todos estos productos a alcanzar precios récord.

Un ejemplo son los 242 puntos que actualmente marca el índice CRB de Reuters, que pondera 19 cotizaciones de lo que en la jerga financiera se conoce como commodities: además de alimentos, hay minerales, como el cobre, y el petróleo, que también ha protagonizado una burbuja sin precedentes este año.

El CRB no marcaba un nivel tan bajo como el actual desde junio de 2002. A principios de este verano alcanzó un máximo de 473 puntos, prácticamente el doble que ahora.

Eran otros tiempos: entonces, aún no había quebrado Lehman Brothers y la posibilidad de que los Gobiernos occidentales intervinieran bancos e inyectaran sumas multimillonarias al sistema financiero y productivo parecía descabellada. Eso no significa que la crisis alimentaria que provocó ese fenómeno en los países pobres haya tocado a su fin.

Según Jacques Diouf, director general de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), "el problema es que hay que invertir para solucionar problemas estructurales" en los sistemas agrícolas de los países más pobres. Y esa inversión está ahora en duda por el colapso financiero, que ha cerrado el grifo del crédito, por lo que la crisis alimentaria "tiende a agravarse".

El origen

La burbuja de los precios de los alimentos fue una segunda derivada de la crisis de las hipotecas basura en Estados Unidos, que estalló en agosto de 2007.

La misma liquidez que entonces aún abundaba y que hoy escasea se volcó en estos productos, convertidos en un refugio para los inversores, que ya no se fiaban del dólar y de los bienes de inversión tradicionales.

Además, tradicionalmente las commodities han sido refugio frente a la inflación, que entonces empezaba a repuntar, precisamente, por el alza del precio del crudo y los alimentos y que también hasta este verano protagonizó una escalada brutal.

Se creó una espiral perversa, porque la demanda de materias primas alimentaba nuevas subidas de precios. Y se buscó un culpable: los biocarburantes, que se producen a partir de cultivos. Pero había otras causas, como las malas cosechas en Asia, la demanda de China e India y la citada especulación de los grandes fondos de inversión, entre otras.

En estas, llegó el verano pasado y el empeoramiento de la economía mundial y la restricción del crédito cortaron la racha. La caída de precios podría estar tocando fondo, según el especialista en materias primas Dale Durcholz.

Este experto opina que la bajada de precios de alimentos y otros productos, como el combustible, tendrá efecto en la confianza de los consumidores, que podría repuntar desde los mínimos actuales. No hasta el punto de que decidan comprarse un coche nuevo o una nevera, pero sí para animarles a consumir algo más, resume este analista.

A la espera de ese posible rebote, el desplome de los precios en origen todavía no se ha trasladado en muchos casos a lo que paga el consumidor por el producto final.

Un ejemplo lo puso esta semana la multinacional Kraft: asegura que este año ha soportado un incremento de costes del 13%, que se ha traducido en subidas de los precios finales de sólo el 7%.

La incógnita es qué pasará con los precios cuando la economía inicie la senda de la recuperación y la demanda de los países emergentes vuelva a apretar. Sobre todo, si entretanto no llegan las inversiones que necesita el campo para optimizar su producción.

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