Jueves, 27 de Noviembre de 2008

La adicción de destapar matrioskas

Llega a España el segundo volumen de la trilogía Millennium, del difunto Stieg Larsson, cuyo primer tomo ha vendido 300.000 ejemplares en España

ISABEL REPISO ·27/11/2008 - 08:00h

Britt Trensmar - Larsson murió en 2004 sin ver publicada su obra.

Abrir un libro de Stieg Larsson (1954-2004) es como destapar una matrioska. Un gesto a priori inocente que condena al lector a levantar una capa tras otra hasta descubrir la última pieza. El primer volumen de la saga Millennium, Los hombres que no amaban a las mujeres (Destino), llegó a España el pasado junio y en poco más de cinco meses ha vendido 300.000 ejemplares.

Desde esta semana, los fans del fenómeno Larsson ya pueden encontrar el segundo volumen, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Destino), en el que el autor descarga toda su ira contra la explotación sexual y el poder machista. "Larsson retuerce el cuello al género negro hasta convertirlo en novela social", estimó el escritor José María Paz Gago. "Hay dos elementos a través de los que Larsson renueva el género negro: su prosa hiperrealista, fluida pero cargada de descripción, y la denuncia social, que trasciende la propia trama criminal".

Pero la obsesión por indagar bajo las pieles de Larsson no termina con las 749 páginas de La chica que soñaba... Más acá de la ficción se encuentra su propia historia. El autor sueco sufrió una muerte prematura. Tanto es así que falleció antes de que su obra alcanzara ventas millonarias, con tres millones de ejemplares vendidos sólo en supaís natal.

Fumador comprometido

Ayer su amigo y colega de profesión Kurdo Baksi se encargó de desenredar la matrioska vital de Larsson con imágenes del género negro: "Fumaba 80 cigarros al día y tomaba entre 15 y 20 cafés suecos". Baksi, que trabajó durante años junto a Larsson en la revista Expo, insistió en el compromiso moral que impregna toda su obra. "En su vida había tres palabras: raza, sexo y clase" y tres combates: la xenofobia, la discriminación sexual y la desigualdad social.

Para ser una saga archivendida, Millenium pone sobre la mesa temas sangrantes no siempre presentes en los best-sellers. La protagonista de La chica que soñaba... Lisbeth Salander es una hacker maltratada por la violencia machista y por el Gobierno sueco que está decidida a tomarse la justicia por su mano. Larsson introduce hábilmente elementos que delatan su sed de aperturismo, como la ambigua condición sexual de la protagonista o el hecho de que sea descendiente de extranjeros.

Sobre la posibilidad de que el periodista MikaelBlomqvist sea el álter ego del autor, su colega niega con la cabeza: "Ese personaje es lo que a Larsson le hubiera gustado ser: un mujeriego y un periodista fuerte".

Según cuenta Baksi, Larsson empezó a escribir en 1992 y cinco años más tarde quemó sus manuscritos para comenzar de nuevo. "Lo tenía todo en la cabeza, cada detalle" y en 2003 le comunicó a Baksi que "había escrito los mejores libros de Suecia". La fabulación sobre su vida no termina y hay quien apunta a la autoría compartida del tercer volumen de Larsson, La reina en el palacio de las corrientes de aire, que saldrá en España el próximo junio.

Por suerte o por desgracia, la muerte del autor sueco ha sumido a Millennium en una enigmática espiral en la que caben las hipótesis más descabelladas, como la existencia confirmada ayer por Baksi de un cuarto libro. Por lo visto, el fondo de esta matrioska sueca no tiene fin.

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