Lunes, 24 de Noviembre de 2008

«No puedo trabajar sin saber leer»

Los centros de formación han visto aumentar la demanda

M. H. ·24/11/2008 - 08:00h

g. del río - El 84% de los alumnos analfabetos de un centro de Madrid son extranjeros.

Lápiz, sacapuntas y goma, por si hay que borrar algo que haya salido mal. En un aula con los pupitres colocados en forma de U, los alumnos se concentran para trazar las letras que ven en las fichas, agrupadas por sílabas o por palabras, bajo un dibujo que las representa y que, a veces, memorizan.

"Café, foca, cofia, filo, folio, fila, fosa, sopa...". Son las palabras de una de las fichas con las que los 13 alumnos del aula de alfabetización del Centro de Educación de Personas Adultas (CEPA) de Arganzuela, en Madrid, se inician en la lecto-escritura. Sólo dos de ellos son españoles: Pilar Amigo y Manuela Godoy, de 62 y 65 años, respectivamente.No aprendieron a leer y escribir en la escuela porque les tocó trabajar desde pequeñas para poder comer.

De 13 alumnosen alfabetización en un centro,11 son inmigrantes

Manuela se alegra porque el otro día pudo leer una línea de una revista sobre que "la reina se iba a reunir con su familia", cuenta sonriente. Para Pilar, es también una "terapia" a sus dolencias de corazón y depresiones.

Su profesor, Eloy Beltrán, se desplaza por el centro de la clase en una silla de oficina con ruedas. Va de un alumno a otro, corrigiendo sus fichas, resolviendo sus dudas y haciéndoles leer lo que han escrito. "Cada uno tiene su nivel. Es un poco locura", explica. Además, cuenta que tuvieron que cambiar el método porque algunos se aprendían los dibujos, pero no a leer. Eloy cree que cogen la mecánica de la escritura con facilidad, pero que les cuesta abstraerse y comprender que un objeto físico se traduce en una palabra. Durante sus tres años en educación de adultos, ha notado que ahora hay más analfabetos en los centros que hace unos años, porque hay menos trabajo.

A excepción de Pilar y Manuela, que pasarán de nivel después de Navidad, el resto son extranjeros. La mayoría habla español con fluidez, como Sara Amed, de 42 años. En Marruecos no fue a la escuela y tras 22 años en España ha decidido aprender, porque lo necesita, dice, para su vida diaria y para trabajar. Sus empleadores en el servicio doméstico y su pareja le han pedido que aprenda. Cuando tiene que hacer algún papeleo, lo lleva a casa. "Mi ex marido me ayudó a tramitar los papeles de residencia", reconoce.

«Cada uno tienesu nivel. Es unpoco locura»,relata un profesor

Su compatriota Rachid Rakraki, de 33 años, es el único entre sus hermanos sin estudios. Ebanista de profesión, ha trabajado en la construcción, pero ahora está en paro. Cree que si aprende a leer y escribir tiene más posibilidades de encontrar empleo en lo suyo. "Aquí no puedo trabajar como ebanista sin saber leer y escribir y sin estudios", afirma. Tampoco Niza Medina, ecuatoriana de 44, ni Faith Asihor, nigeriana de 25, aprendieron en sus países. "Se lo toman con seriedad", explica su profesor, porque su objetivo es poder leer con fluidez gracias a su hora diaria de clase durante toda la semana.

 

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