Lunes, 24 de Noviembre de 2008

Argentina, uno para ninguno

MIGUEL ALBA ·24/11/2008 - 08:00h

La ausencia de Nadal desbarató la trampa de Mancini: una pista azul que los argentinos vendían como la superficie anti Nadal, cuando, sobre esta misma superficie, Rafa se adjudicó el challenger de El Espinar. Muerto el perro, como dice el refrán, empezó, sin embargo, la rabia para los argentinos.

El cuarteto de Mancini se encontró con una superficie que no se acomodaba a ninguno de sus jugadores. Para Nalbandian era demasiado lenta y, para el resto, demasiado rápida. Las capas de pintura, para ralentizar sus prestaciones, no hicieron más que desestabilizar a los argentinos. Nalbandian no se encontraba a gusto ni sobre la pista ni con el equipo. Exacerbadamente motivado, el Rey David recriminó a Del Potro su egoísmo al jugar la Copa Masters y no preparar a conciencia la final de la Davis. El sábado, aunque ayer lo negaron con una pobre escenificación de buena sintonía al sentarse juntos en el banquillo, Nalbandian y Calleri discutieron en el vestuario, tras la derrota en el dobles.

Con esos argumentos, junto a la lesión de Del Potro, la final se fue abriendo para España. Emilio repite una frase que, por más que sea de perogrullo, es absolutamente cierta. "Todos los partidos hay que jugarlos". Con esa máxima, el equipo llegó a Barajas, aterrizó en Buenos Aires y se puso 1-2. En dos días, España se había apoderado del juego de palabras de los Mosqueteros "uno para todos, y todos para uno", mientras que Argentina era el reino del uno para ninguno. Y, en estas, Verdasco hizo el partido de su vida.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad