Jueves, 20 de Noviembre de 2008

"Antes que a la banca, hay que salvar a los humanos"

Carlos Fernández-Jáuregui, director de la Oficina de la ONU para la Década del Agua, asegura que no hay escasez de agua, que lo que falta es infraestructura para suministrarla.

TONI POLO ·20/11/2008 - 19:06h

EDU BAYER - Carlos Fernández-Jáuregui, director de la Oficina de la ONU para la Década del Agua,pasó por Barcelona.

Es un problema de actitud. Una cuestión de ética. El director de la Oficina de Naciones Unidas para la Década del Agua (2205-2015), Carlos Fernández-Jáuregui (Sucre, Bolivia, 1950), habla con severidad y armado de razones para denunciar algo escandalosa e inconscientemente asumido por la sociedad: "Cada tres segundos, muere un niño en el mundo por no tener acceso a agua segura". El experto visitó Barcelona la semana pasada para participar en las jornadas sobre gestión del agua organizadas por la Agrupació de Serveis d'Aigua de Catalunya (ASAC).

¿Hay agua potable para todos?

Sí que la hay. No existe escasez de agua. Pensar eso es un error. Lo que no hay son infraestructuras para suministrarla. El problema está en la accesibilidad. Hay 1.200 millones de personas que no tienen acceso a agua segura y 2.600 millones que no tienen agua para saneamiento. Sé que inaugurar una letrina no es muy fotogénico, pero creo que las tareas de funcionarios no tienen que ser fotogénicas, sino funcionales. Deben servir a la comunidad. Por eso en Naciones Unidas consideramos que estamos ante un problema ético muy serio.

A más de uno se le debería caer la cara de vergüenza entonces.

Nuestra sociedad debería exigir a sus gobernantes que, si el agua es un tema tan importante, se refleje de manera efectiva en el organigrama de las instituciones que tienen que administrarla en cada país. Esto nos obliga a pensar que los responsables finales son los que toman las decisiones. Hay políticos buenos y malos. Y nuestra crítica está dirigida a aquellos malos políticos que no han hecho sus deberes: concentrarse en que todo su país tenga acceso al agua.

¿Es un problema de inconsciencia o de mala gestión?

El problema es un poco más complejo, porque no siempre se tienen los recursos humanos necesarios en la zona. Pero, efectivamente, hay un problema de decisión política. Si el tema del agua fuera un problema de Estado, si no fuera un sector sujeto al número de votos, todo Gobierno se dedicaría como tarea de rutina a dotar de este servicio a la población, por encima de simpatías o antipatías. Por eso creemos que la herramienta para solucionar esta crisis es la gobernabilidad. Hacer que las leyes obliguen a dotar de estos servicios, que asignen recursos financieros suficientes y que informen con transparencia de modo que todos sepamos qué se hace en el sector y cuáles son las consecuencias, positivas y negativas.

La contaminación de las aguas subterráneas es muy grave.

No disponemos de una cuantificación de la calidad del agua en el mundo. Primero, porque es muy costosa y, segundo, porque no todo el mundo quiere compartir. El agua superficial, cuando se contamina por razones orgánicas, se puede autodepurar, para lo que se requieren más o menos dos ciclos de circulación; es decir, entre tres y cinco días. Pero si se contaminan aguas subterráneas, la autodepuración puede durar hasta 90 años, un periodo más largo que la vida de una persona.

¿Qué hay que hacer para depurarla?

Necesitamos una legislación que obligue a todo usuario del agua a devolverla en las mismas condiciones que la tomó. Es un problema ético: tomas agua limpia, la utilizas, la devuelves limpia. Pero hablamos de valores éticos, no son necesariamente reglas.

¿Hay tecnología para aprovechar toda esta agua?

Las universidades y los centros de investigación de todo el mundo han hecho un trabajo indiscutible. Se tiene un gran conocimiento del sector hídrico y la tecnología para cualquier aplicación. Lo que se requiere es la popularización de esa tecnología, para que esté al servicio de la sociedad. Hay que facilitar el acceso a fuentes financieras que permitan que esa tecnología sea disfrutada por todos y no por unos cuantos.

¿Está cuantificado el coste que tendría esta acción?

Son los recursos financieros que se requieren para cumplir uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la ONU, el número 7, que pretende reducir a la mitad el número de personas que no tienen acceso a agua potable y a servicios básicos de saneamiento. Es un presupuesto de 5.000 millones de euros por año. Es dinero, sí, pero se invierten 700.000 millones de dólares para salvar a la banca... Creo que hay que salvar a la banca, pero primero a los humanos.

¿Hasta qué punto afectan el cambio climático y los cambios generados por la actividad humana?
Todas las comunidades que viven en zonas costeras van a sufrir un impacto en su actividad económica. Se observará en el cambio de régimen en los cursos de agua, en las modificaciones de las especies de peces; en las islas, que se enfrentan a la subida del nivel del mar. El 80% de la población mundial vive en zonas relacionadas con las costas.

¿Las desaladoras son rentables?

En Lanzarote las desalinizadoras son la única posibilidad para obtener agua. Y es buena. Sea o no rentable, la gente tiene que tener agua. La desaladora es otro elemento, como captar agua de las nubes. La Unesco ha financiado atrapanieblas, una tecnología que sirve para captar agua de las nubes y se está aplicando en Chile, Ecuador, Perú, y ahora también en Canarias. Son unas mallas que se colocan en la parte alta de las montañas y que, a través de un mecanismo de condensación, captan el vapor de la nube y lo convierten en líquido.

La última sequía en Catalunya pasó factura.

No seguí el tema de cerca, pero puede que más que una sequía fuese un déficit de infraestructura. En California han previsto infraestructuras y disponen de 850 días de crédito sin lluvia. En Europa, sólo de 72. Hacen falta políticas concienciadas y gobernabilidad.

Siempre se habla de los impactos negativos del agua. ¿Se hablará de los positivos?

¿Y si todo el mundo tuviera acceso a agua potable y saneamiento? Ése sería el impacto positivo. La gente viviría más años, trabajaría más y tendría menos enfermedades.