Martes, 18 de Noviembre de 2008

De príncipe de Gales a rey activista

Las aspiraciones y el verbo fácil de Carlos de Inglaterra abren el debate sobre el papel de la monarquía británica

LOURDES GÓMEZ ·18/11/2008 - 08:00h

 Con las velas del 60 cumpleaños del príncipe Carlos aún calientes, un polémico debate se ha desatado en el Reino Unido en torno a las ambiciones y futuro papel del sucesor de Isabel II. La controversia salpica intermitentemente la larga espera hacia la Corona de un príncipe con firmes y discutidas ideas en cuestiones de interés global desde el cambio climático a los cultivos transgénicos, la planificación urbana y la marginación social pero, según sus allegados, el volcán aún está por explotar.

Jonathan Dimbleby, confidente y biógrafo oficial de Carlos, desveló este fin de semana que la Casa Real ha dado los primeros pasos para redefinir el papel del monarca de forma que se permita al "rey Carlos III hablar en público de temas de importancia nacional e internacional".

El futuro rey quiere aprovechar sus conocimientos para enmendar la sociedad

 

"Todavía no es una discusión formal pero, en palacio y en los pasillos del Parlamento, se susurra una idea herética: que la monarquía de mañana debería ser más activa". Dimbleby plantea el dilema del futuro rey con absoluta claridad: "¿Debe o puede ajustarse el chaleco constitucional que porta su madre o hay una alternativa mejor?"

Una posición "privilegiada"

De entrometido y comprometido príncipe de Gales a rey activista. Así lo sugirió el propio Carlos en un documental en honor a su 60ª onomástica: "Quiero pensar que, eventualmente, la gente se dará cuenta de que las cosas que intento hacer no son tan alocadas y que quizá tengo cierto poder de convocatoria que puede ser de utilidad".

Isabel II goza de buena salud pero, a sus 82 años, su reinado se acerca a su final

En otras palabras, cuando suba al trono, el rey quiere aprovechar sus conocimientos, experiencia y contactos para enmendar la sociedad y salvar el planeta.

Ahora lo hace a través de sus fundaciones benéficas y en discursos públicos, que siembran polémica. El príncipe de Gales tan pronto arremete contra la arquitectura moderna como censura los avances de la ciencia en cultivos genéticamente modificados por crear "el más grave desastre ecológico de todos los tiempos".

Los partidarios del rey activista sugieren que el próximo jefe del Estado estará en una posición privilegiada para rellenar el vacío ideológico de la política contemporánea. "Para los políticos", dicen, "es virtualmente imposible fijar el horizonte más allá de las siguientes elecciones. Hay, por tanto, un vacío de liderazgo nacional".

El monarca británico tiene derecho a ser informado y ha de "animar y advertir" a su Gobierno. Isabel II ha respetado la tradición y sus ideas sobre la trayectoria de la nación sólo las conocen los primeros ministros que recibe en audiencia cada semana de su largo mandato. La propuesta de su primogénito amenaza con socavar los cimientos constitucionales del Reino Unido.

Los rigores de la "transparencia democrática"

"No tenemos una Constitución escrita que imponga silencio al rey; esto es una convención, un acuerdo conveniente para el establishment político, que no tiene fuerza democrática", señala el abogado constitucionalista Geoffrey Robertson, quien advierte en el diario The Guardian de que "un rey activista" deberá someterse a los rigores de la "transparencia democrática".

Lord Taverne, del Partido Liberal-Demócrata, aconseja a Carlos que abdique si pretende protagonizar el debate público al suceder a su madre. "En todas las monarquías constitucionales con éxito, el monarca se mantiene al margen de la política. Lo que dice Carlos es muy controvertido y seriamente perjudicial", protesta el representante de la Cámara Alta. "Dudo de que pueda existir una monarquía que dé a conocer sus opiniones", alerta el diputado Paul Flynn, de tendencias republicanas.

El portavoz del príncipe niega que la Casa Real esté debatiendo el papel del futuro rey. Pero Carlos publicó un panfleto sobre las funciones de los herederos de la Corona en un ejercicio dirigido, según justificó, a ayudar a sus sucesores.

Por otro lado, Isabel II goza de buena salud, pero, a sus 82 años, su reinado probablemente se acelera hacia su fase final. Su hijo mayor va preparando aspectos de sucesión, en privado y en público. Al menos ya se sabe que desea ser "defensor de fe" para reflejar el pluralismo espiritual y el multiculturalismo de la sociedad británica. Desde Enrique VIII, todos sus antepasados han sido "defensores de la fe" anglicana.

Una monarquía que calla desde hace siglos


Un compendio de leyes, desde la Carta Magna, de 1215, a la legislación de sucesión, de 1701, definen los tres derechos fundamentales del soberano británico: ser consultado, alentar y advertir. Y poco más. El economista y escritor del siglo XIX Walter Bagehot, autor de la obra ‘La Constitución Inglesa’

–publicada en 1867, pero que aún se considera un clásico en la materia–, resumía la filosofía que debe presidir la labor del monarca asegurando que “probablemente la mayor sabiduría de un rey constitucional sea mostrarse con una bien ponderada falta de acción”. Una reflexión que el príncipe de Gales debe conocer muy bien, pues, desde su publicación, esta obra ha sido una de las lecturas de cabecera de todos los herederos de la Corona británica. 

El eterno heredero del trono Isabel II 

1. Una opinión pública dividida. El 42% de los británicos quiere que Carlos suceda a su madre, la reina Isabel II, frente al 35% que prefiere que abdique a favor de su hijo Guillermo, según una encuesta reciente del centro de demoscopia británico You/Gov.

2. Más popular que en 2005. Esta proporción era prácticamente inversa en 2005: el 42% favoreció a Guillermo y el 31% a su padre como próximo monarca.

3. Un rey divorciado. La coronación de Carlos plantea problemas de adecuación con la Constitución del país, debido a su condición de divorciado y casado en segundas nupcias, en la intrínseca relación entre el Estado y la Iglesia Anglicana.

4. Camila, un obstáculo. El Gobierno –y gran parte de la población– se resiste a aceptar que la mujer del heredero, Camila, también divorciada, sea reina consorte. Para suavizar los ánimos, bastante soliviantados aún en 2005, ni siquiera la nombraron princesa de Gales cuando por fin contrajeron matrimonio, sino sólo duquesa de Cornualles.

5. En la tercera edad. A sus 60 años, Carlos va camino de superar el récord de Guillermo IV, que ascendió al trono con 64 años.