Lunes, 17 de Noviembre de 2008

Muere una mujer pisoteada en el «embudo» de la frontera de Melilla

Una riada de porteadores arrolla a la mujer, de unos 30 años, en un paso que cada día cruzan en pésimas condiciones miles de marroquíes cargados de mercancía para vender en su país

PÚBLICO / ÁNGEL MUNÁRRIZ ·17/11/2008 - 21:00h

Una mujer marroquí de unos 30 años falleció este lunes cuando trataba de pasar a Melilla desde Marruecos por el puesto fronterizo del Barrio Chino, donde se produjo una de las habituales aglomeraciones matinales de contrabandistas que diversas ONG han denunciado por el peligro que entrañan.

La mujer iba caminando en tierra de nadie, tras pasar el puesto fronterizo marroquí entre las 7.20 y las 7.40 horas, cuando cayó al suelo arrollada por una masa de entre 300 y 400 porteadores, según fuentes de la Delegación del Gobierno en Melilla.

Agentes españoles realizaron dos disparos al aire para dispersar a la muchedumbre que pisoteaba a la mujer, según estas fuentes. Los policías comprobaron que la mujer respiraba con dificultad. Una UVI móvil se desplazó al puesto fronterizo, pero la herida entró en parada cardiorrespiratoria y murió. Su cadáver está en el depósito del  Hospital Comarcal, a la espera de que se aclaren las causas de la muerte. Otras siete personas resultaron heridas por contusiones.

Falta de seguridad

Varios testigos relataron a Efe que esta “tierra de nadie” donde murió la mujer se convierte cada día en un  “embudo”.  Responsables de tres ONG aseguran a Público que las circunstancias en que se produce el contrabando ponen en riesgo a quienes lo practican. “Se veía venir. Es la primera que muere en este paso, pero ya murió otra mujer en el paso que los porteadores utilizaban antes, el de Beni Enzar”, relata José Alonso, portavoz de Pro Derechos Humanos. “Las condiciones en que trabajan estas personas son intolerables, impensables en España”, añade. 

Hace unos meses este contrabando fue desplazado desde Beni Enzar, la frontera principal (“allí se veía demasiado”, dice Alonso), al Barrio Chino. Pese a que la ciudad autónoma ha acondicionado una zona de aseo, las ONG coinciden en que la situación no mejora.

El comercio provoca a diario aglomeraciones, retenciones y situaciones de tensión y riesgo en esta frontera, la séptima de mayor desigualdad del mundo. Los heridos son “habituales”, explica José Palazón, portavoz de Prodeni en Melilla, una ciudad de unos 66.000 habitantes. Palazón cifra en 30.000 el número de personas que pasa diariamente la frontera, “buena parte de ellas para el contrabando”.  

Cuanta más carga, mejor

La mecánica de este contrabando, vigilado pero permitido por las autoridades españolas, que lo consideran “comercio atípico”, es sencilla. Cada mañana llegan a un descampado melillense junto a la frontera furgonetas y motos cargadas de los fardos de mercancía, que puede ser desde ropa y mantas hasta repuestos mecánicos, piezas de albañilería o bebidas alcohólicas. Cientos de marroquíes (cada vez más mujeres, según la Policía Nacional) discuten y hasta pelean por cargar lo máximo posible hasta unas colas que la Guardia Civil ordena según tamaño y peso de la carga.

En la zona previa a los tornos se dan las escenas de mayor tensión. Si hay problemas para pasar la mercancía y no se puede vender en Marruecos, el porteador se quedará sin los 10 euros que cobra por todo el proceso: cruzar a Melilla muy temprano, recoger el producto de un camión, volver a cruzar y dejar el producto en otro camión. “Las condiciones son pésimas. Para conseguir más dinero, a veces hacen varios viajes, cargando muchísimo peso”, cuenta Isabel Torrente, de Melilla Acoge. Es una escena fácil de ver, por ejemplo, la de un joven en bicicleta con un frigorífico a la espalda.

«Indigno de seres humanos»

“No es un paso digno de seres humanos. Es propio de animales”, relata a Público Yusef Kaddur, presidente de la Asociación de Comerciantes del Polígono y Barrios Adyacentes, que denuncia que las fuerzas del orden españolas “maltratan a los porteadores”. “Creen que sólo se pueden comunicar con los porteadores con la porra”, protesta Kaddur. “Que amplíen ese paso, que no vale para que pasen todos los días miles de personas”, concluye.