Domingo, 16 de Noviembre de 2008

El declive de las grandes migraciones

La deforestación, el urbanismo salvaje y la contaminación están frenando el desplazamiento de miles de especies, lo que crea graves problemas en los ecosistemas

SERGIO ROSSI ·16/11/2008 - 16:32h

Mariposas monarca fotografiadas en el bosque de Oyamel, una zona protegida a 170 kilómetros de Ciudad de México. AFP

Los animales siempre están, en mayor o menor medida, en movimiento. Pero ya hace décadas que los expertos han detectado que las migraciones más espectaculares, aquellas que movilizan a cientos de miles o incluso millones de animales, están desapareciendo.

En una reciente actualización sobre el tema, los investigadores David Wilcove y Martine Wikelski, del departamento de Ecología de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, revisan la tendencia y se muestran extremadamente preocupados por ella: "Ya no vemos los cielos oscurecidos por las bandadas de palomas migratorias en EEUU [una especie extinguida en 1914], pero es que tampoco podemos observar el movimiento de manadas con cientos de miles de búfalos moviéndose por las praderas", dice Wilcove.

Muchos de esos movimientos parecen, a los ojos de algunos, incluso anacrónicos. ¿Son necesarios? "Se puede poner un ejemplo, para que la gente entienda la gravedad de la situación", reflexiona Wikelski. "Desde América Latina y el Caribe se mueven hacia el Norte, a Estados Unidos y Canadá, entre la primavera y el verano de cada año, unas 30.000 toneladas de pájaros [los investigadores calculan el movimiento de las aves por su peso, no por la cantidad de ejemplares que se mueven]".

Según explica el investigador, cada pájaro consume al día entre un 10% y un 35% de su propio peso en forma de insectos, larvas o frutos. Eso implica que, cada día, están comiendo entre 3.000 y 15.000 toneladas de, entre otras cosas, mosquitos, orugas, escarabajos u otros insectos. Todos estos animales pueden ser muy dañinos para las cosechas o, incluso, para la salud humana.

Portadores de semillas

Si los pájaros dejan de migrar, como se sabe que están haciendo, esos insectos encontrarán otro depredador, otro animal que los regule, pero ese proceso no suele ser inmediato: de hecho, pueden pasar miles de años hasta que se reequilibre el sistema. "Los pájaros, además, son portadores de semillas a través de sus heces; son, en parte, los que dispersan las poblaciones vegetales", añade el biólogo.

Los grandes migradores de la sabana africana están aislados y diezmados 

En el agua también hay especies, como los salmones, cuyos problemas para migrar también están dañando el ecosistema. Tras pasar un tiempo en el mar, los salmones remontan los ríos y se reproducen antes de morir, dejando su esperma y huevos. La lenta pero constante desaparición de estas migraciones se debe al uso del agua para riegos y ciudades, la construcción de presas y los cambios en el curso de los ríos, entre otros problemas. Los expertos advierten, además, de que el problema se ha agudizado en las últimas décadas.

Pero los contratiempos son todavía más graves en tierra. Un ejemplo es el del saiga, un antílope asiático. Se ha confirmado la desaparición de un 95% de su población, pasando de tener poblaciones migratorias de más de un millón de individuos a menos de 50.000. Y lo mismo está pasando con los grandes migradores de la sabana africana, aislados y diezmados en las distintas regiones del continente.

La construcción de carreteras y vías de tren, la deforestación, el aumento de las tierras transformadas para la agricultura, los grandes núcleos urbanos... Los problemas para los migradores son de muy variada naturaleza. Y también son, a decir de los expertos, de difícil solución porque, en muchas ocasiones, no sólo los municipios o las regiones de un mismo país se tienen que poner de acuerdo para permitir los movimientos de los animales, sino que muchas veces deben hacerlo las autoridades de distintos países. Los animales no entienden de tendencias políticas, religiones o sociedades diferentes, sólo tienen el instinto de migrar.

Deforestación

"En los inviernos de 1991 a 1992, y de 1995 a 1996, las mariposas monarca, uno de los animales migradores por excelencia, sufrieron mortalidades masivas que diezmaron la población", comenta Wilcove. "Pero, probablemente, podrían haber superado este declive si en su lugar de origen en Mesoamérica [una zona que incluye el sur de México, los territorios de Guatemala, El Salvador y Belice, y las porciones occidentales de Honduras, Nicaragua y Costa Rica] no hubiese una política de deforestación tan agresiva", añade.

Los expertos debaten ahora qué se puede hacer para solucionar este problema, que se agrava con cada estación. Crear reservas naturales es un paso importante, pero los corredores biológicos, advierten los investigadores, son imprescindibles para el éxito de las migraciones. "Cuantas más jurisdicciones y países tengan que cruzar los migrantes, más dificultades habrá para conservar los animales que necesiten de estos movimientos para completar su ciclo vital", añade Wikelski.

Los expertos advierten: es un problema global que afecta a pájaros, peces, mamíferos, e insectos. Miles de animales sufren este problema complejo, que repercute en la salud y estabilidad de los ecosistemas y requiere de una coordinación transfronteriza difícil de resolver. 

El caso de las tortugas laúd

Si ya resulta complicado el asunto de las migraciones en tierra, la cuestión empeora cuando se trata del mar.

Un ejemplo es el de las tortugas laúd (‘Dermochelys coriacea’), que han visto disminuir su población en un 90% en las últimas dos décadas. Dos son los problemas que han diezmado las poblaciones de estas tortugas: el abuso en la recolecta de huevos para el consumo humano y el quedarse atrapadas en redes y palangres destinados a otros animales (‘by-catch’).

El primer problema está en vías de resolverse, creándose en países como Costa Rica o Panamá zonas de protección para el desove. Pero el segundo obstáculo, la pesca accidental, parece bastante más complicado de superar.

En este sentido, un grupo de científicos coordinados por George Shillinger, de la estación marítima de Hopkins, ubicada en la Universidad de Stanford (EEUU), ha podido seguir durante cuatro años los movimientos migratorios de estas tortugas en el mar abierto.

Según explican los científicos, las tortugas siguen patrones muy constantes, aprovechando corrientes que les permiten desplazarse miles de kilómetros al año. Esta forma de viajar ha permitido a los investigadores confeccionar un mapa detallado de sus movimientos.

De esta forma, pueden intentar promover la veda o restricción de la pesca con las artes que perjudican a estos grandes animales en zonas donde pueden ser pescados de forma accidental.

A juicio de los investigadores, lo difícil será poner de acuerdo a los países que pescan en estas zonas, porque gran parte de la migración se da en aguas internacionales, donde no hay un país u organismo que tenga jurisdicción plena.  

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