Domingo, 16 de Noviembre de 2008

"Le pongo un cirio a Hamon. Ponle tú uno a Ségolène"

Los delegados de los campos enfrentados se divierten juntos fuera del Congreso

A. P. ·16/11/2008 - 08:00h

El extraño mundo del Partido Socialista francés (PS) cobró ayer una cara más amable y hasta simpática a los ojos de este corresponsal, de la mano de un curioso grupo. Delegados y mandatarios de una federación del sur, pese a estar profundamente divididos entre las mociones más irreconciliables, comparten coche, hotel, turismo y champagne en un ambiente de cachondeo. Hasta que los móviles de cada cual suenan, y el clarín llama a las tropas enemigas. Ahí toca cara de perro.

En el café matutino de ayer en el modesto y simpático Hotel Monopole del centro de Reims, capital francesa del champagne comenzó una extraña conversación entre Claire, una compromisaria de un buen paquete de votos de Benoît Hamon en el congreso, y su irreconciliable enemigo Gérard, el equivalente en el campo de Ségolène Royal.

Los partidarios de Ségolène Royal y Benoît Hamon van de turismo en Reims

Ambos representan los extremos más opuestos del PS, el ala izquierdista, de un lado, y el centrista, de otro. Sorpresa: partieron juntos en un ambiente de broma total, para la típica minigira turística que efectúa todo buen congresista en momentos libres.

La banda de ségolenistas y hamonistas formó una pequeña tropa de unas seis personas. Quien dice Reims, dice la catedral de esta ciudad, que es el máximo exponente del gótico del norte de Francia. Ante uno de los altares, la típica colección de cirios que uno puede coger, pagar y encender. Salvador, compañero de Claire y representante de la moción Hamon como ella, coge un cirio, lo paga, lo enciende y, con desparpajo se gira hacia su colega ségolenista: "Le voy a poner un cirio a Hamon. Ponle tú un cirio a Ségolène".

El ségolenista Gérard vacila ante la broma sobre su líder, a la que frecuentemente se acusa de haber conservado algo de la rigidez que le impuso de niña su familia católica y militar. Finalmente Gérard rehúsa, algo tímido ante la broma de su camarada Salvador, ex comunista e hijo de refugiados españoles. Esa condición de ex español de los buenos da una desenvoltura con la que uno se encuentra a menudo en Francia. Salvador vuelve a mirar a su camarada ségolenista, y hunde el dedo en la llaga con malicia. "¡Joder, un cirio católico a Hamon! Si se entera me mata... Pero bueno, al fin y al cabo, el fin justifica los medios". Risas en ambos campos.

Los congresistas disponen de un presupuesto de 200 euros para tres días

Momentos así permiten a los modestos y esforzados delegados, que disponen de sólo 200 euros de presupuesto para tres días con viaje incluido, descargar la tensión por lo que más temen: el riesgo de implosión del partido por una guerra a muerte entre jefes de clan.

 

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