Sábado, 15 de Noviembre de 2008

«Con la vida perfecta, sólo se reduciría un 30% de los cánceres»

Entrevista con Manuel Hidalgo, director del Centro Integral Oncológico Clara Campal // Es uno de los autores del mapa genético del cáncer de páncreas

AINHOA IRIBERRI ·15/11/2008 - 12:47h

Manuel Hidalgo, a las puertas del centro privado que dirige. GUILLERMO SANZ

El oncólogo Manuel Hidalgo (Antequera, Málaga, 1968) es el único especialista español que puede presumir en su curriculum de más de 120 publicaciones y de haber dirigido un programa en la que probablemente sea la mejor Facultad de Medicina del mundo, la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (EEUU). Sin embargo, hace ya dos años que Hidalgo hizo las maletas y volvió a España –aunque la mitad del año trabaja en el laboratorio que aún mantiene en la universidad estadounidense–, a dirigir un centro privado especializado en cáncer (a imagen y semejanza de los cancer centers de EEUU), el Centro Integral Oncológico Clara Campal. Dice trabajar unas 12 horas al día en las que combina los pacientes y la investigación. Ha participado en uno de los últimos hitos en la ciencia básica: la secuenciación del mapa genético del cáncer de páncreas, publicada en septiembre en la revista Science.

¿Cuáles son las implicaciones reales de estas secuenciaciones?

En el momento actual, estos proyectos sirven para avanzar en el conocimiento, pero no tienen un efecto ni en la prevención, ni en el diagnóstico ni en el tratamiento de estas enfermedades. Yo creo que, fruto de esta investigación, en cinco años sí tendremos mejores diagnósticos y terapias. Lo que hemos descubierto tenemos ahora que disecarlo y aprovecharlo y, en muchas ocasiones, tendremos que cambiar la dirección porque no parece que haya un gen que sea el talón de Aquiles de muchos de estos tumores, lo que complica las cosas desde el punto de vista terapéutico.

Han descubierto que la media de alteraciones genéticas por tumor es de 63. ¿Habría que reducir este número para conseguir la detección precoz con un análisis genético?

En primer lugar, tendríamos que conocer mejor cuáles son esas 63 alteraciones y qué es lo que hacen. A partir de ahí, el candidato ideal para la detección precoz sería aquella alteración que resultara en la producción de una sustancia que se pueda detectar por un método no invasivo. Es decir, lo ideal sería que alguno de estos genes produjera en cantidades más altas una proteína que pudiéramos medir en un análisis de sangre.  

Pero si una persona quisiera gastarse el dinero en saber si tiene esas alteraciones, ¿le serviría de algo?

No, porque para encontrar esas alteraciones la persona tendría que tener el cáncer y, una vez enfermo, le daría igual saberlo. En este momento, sabemos que las alteraciones se dan ya con el tumor establecido y no sabemos muy bien en qué orden ocurren. ¿Son unas necesarias para que sucedan otras? ¿Algunas son las primeras y otras las siguen? ¿Hay algún momento de la evolución del tumor en que el proceso explota y aparecen todas? Ahora mismo todo son preguntas.

¿Cree que en una especialidad como la oncología se puede compaginar la investigación básica y la clínica?

Creo que los médicos pueden hacer más investigación aplicada que básica, aunque hay algunos que tenemos un laboratorio de investigación básica y vemos pacientes. En ese caso, una de las dos áreas estará hipertrofiada. Lo más normal en los facultativos que hacen las dos cosas es la figura que en inglés se llama physician scientist, más enfocada a la investigación traslacional. Ese es mi caso.

¿Qué opina del Centro Nacional de Investigación Oncológica?

Los lugares como el CNIO son centros básicos que producen el conocimiento del cual se desprende todo lo demás. Sin entender qué es un cáncer no lo vamos a conseguir curar.

¿Y cuál es su relación con el CNIO?

Ahora mismo tengo mi laboratorio en Baltimore, en la Universidad Johns Hopkins, pero en febrero lo voy a trasladar al CNIO, por lo que voy a ser el primer oncólogo con un laboratorio allí. Espero que luego me sigan más. Si todo va bien, el centro que dirijo será uno de los hospitales con los que trabajará el CNIO, que va a intentar buscar la aplicabilidad de todos los conocimientos que obtiene. A mi juicio, el CNIO está un poco desaprovechado, quizás porque no se ha hecho el esfuerzo suficiente por acercarlo a los centros clínicos.

Usted es un caso claro de la llamada fuga de cerebros. ¿Por qué eligió, a su vuelta, la sanidad privada en vez de la pública?

La realidad es que yo no encontré sitio en el sistema público. No digo que lo hubiera preferido, pero el hecho es que dancé por varios hospitales estatales y en algunos ni me recibieron, cuando tenía 150 publicaciones y dirigía el programa de digestivos del mejor hospital de EEUU. Trabajar en medicina privada me ha permitido dotar muy bien tecnológicamente al centro que dirijo y juntar un equipo médico que yo creo que es lo mejor actualmente disponible.

¿Cree que el tratamiento del cáncer en la pública debería seguir el modelo del Centro Oncológico Clara Campal?

Creo que, para ejercerse de la mejor forma posible, la oncología necesita de centros multidisciplinarios que estén orientados por patología y no por disciplina. En el caso del centro que dirijo, al ser nuevo y tener mucha facilidad administrativa, lo hemos podido diseñar de esa forma. Sin embargo, en un centro público que lleva 40 años funcionando, cambiar el modelo de trabajo no es fácil. Porque yo creo que los médicos estamos convencidos, pero a veces no tenemos la ventaja administrativa de poder decir al hospital: “Las plantas tercera, cuarta y quinta van a ser para oncología y ahí los pacientes se darán la radioterapia, la quimioterapia...” En muchos de los hospitales públicos, los servicios están fraccionados y no hay muy buena comunicación entre ellos, lo que impacta negativamente en el tratamiento y hace que los pacientes tengan que dar muchas vueltas.

En cualquier caso, las cosas habrán de mejorar, a tenor de las cifras del cáncer...

El cáncer es una verdadera epidemia, pero las cifras se pueden desdramatizar en el sentido de que cada vez se diagnostican más pacientes en estadios precoces, lo que permite un tratamiento menos agresivo y más curativo.

Es común oír ejemplos perfectos de vida sana que contraen un cáncer. Quizás el último caso conocido sea el de Severiano Ballesteros... ¿Cómo se explican los oncólogos estos casos?

No nos lo explicamos, pero es continuo. La cuestión es que sólo el 30% de los tumores son atribuibles a causas modificables. Esto quiere decir que si todo el mundo dejara de fumar, siguiera una alimentación orgánica, hiciese deporte, tuviera una vida sexual sana y, en general, una vida perfecta, sólo disminuiríamos en un 30% el número de tumores malignos. No es que no existan causas ambientales para el otro 70% , lo que pasa es que no se conocen. Puede que se deban a la exposición a radiaciones, no lo sabemos. Está claro que aún estamos en pañales.

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