Sábado, 15 de Noviembre de 2008

Cánovas del Castillo y el largo viaje de la derecha española

El historiador José Antonio Piqueras estudia en un libro la influencia del político conservador en los dirigentes actuales

BEATRIZ LABRADOR ·15/11/2008 - 08:00h

público - Retrato de Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897).

Pragmatismo de estadista, habilidad política innata, Ejército y Monarquía de su parte. Con estos mimbres básicos, el político Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 1828-Mondragón, 1897) tejió la realidad política española de la segunda mitad del siglo XIX tras el golpe de Estado que acabó con la I República y trajo de vuelta a los Borbones.

En medio de las turbulencias, El Monstruo apodado así con admiración por sus simpatizantes y con sarcasmo por sus adversarios urdió un peculiar sistema basado en la alternancia política entre los dos principales partidos para pacificar los ánimos patrios y asegurar la convivencia.

El canovismo considerabainútiles el voto y la opinión popular

Y aunque con el paso del tiempo la Restauración borbónica (1874-1931) sea recordada por algunos como "una larga etapa de estabilidad institucional, convivencia pacífica y respeto de las libertades" (José María Aznar) y Cánovas "la figura que puso al poder civil en la cúpula del Estado" (Federico Trillo), su doctrina fue un simulacro de democracia. Una estructura ficticia que incluía rivalidad controlada y alternancia política pactada, que Cánovas aceptó como mal menor para calmar los efervescentes ánimos de los sectores progresistas.

El silogismo gramsciano por excelencia: para mantener el poder, es necesario conservar la hegemonía y esta no se conserva sin hacer aparentemente concesiones a la transgresión.

Un sistema corrupto y autoritario

La figura de Cánovas fue utilizada para construir la identidad de la derecha española

El canovismo, en realidad, desconfiaba de la capacidad del pueblo para gobernarse, y consideraba inútiles el voto y la opinión popular. Bajo esta premisa, el Monstruo marcó las cartas desde el principio. Primero, redactó una estrecha Constitución para instaurar la monarquía como forma de gobierno. Después, aunó bajo su figura a todas las fuerzas conservadoras. El tercer paso era encontrar un adversario liberal dispuesto a jugar sin romper la baraja. Lo encontró en Mateo Práxedes Sagasta. Ambos se alternaron en la presidencia gracias a los continuos fraudes electorales.

Cánovas nadó entre dos aguas. Las de su propio partido conservador, en el que no todos estaban de acuerdo en que los liberales acometiesen determinadas reformas sociales en sus periodos de gobierno, y en las de su rival Sagasta, con quien compartía la misma concepción de la política: "El arte de aplicar en cada época de la Historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible".

El mito de Cánovas se agrandó cuando el anarquista Michele Angiolillo le disparó cuando descansaba en un balneario. Su carácter pragmático y su apuesta por la convivencia democrática (aunque fuera una pose), le convirtieron en el candidato perfecto para convertirse en la principal referencia histórica de la derecha española, "la luz que aún nos ilumina", en opinión del ex presidente Aznar.

De Cánovas a los neocon

El ensayo Cánovas y la derecha española. Del magnicidio a los neocon (Península), del catedrático de Historia Contemporánea José Antonio Piqueras, demuestra cómo muchas de las ideas canovistas figuran hoy en el libro del buen neocon(servador).

Por ejemplo, la reivindicación de la idea de nación y la postura agresiva hacia el extranjero, basada en una supuesta superioridad moral. Cánovas reprimió duramente las aspiraciones independentistas cubanas basándose en que "sus habitantes son perezosos, salvajes e inclinados a obrar mal. Es preciso manejarlos con autoridad y firmeza para obtener algo de ellos".

Un siglo más tarde, George W. Bush intervino en Irak para "ayudar al pueblo iraquí a establecer una democracia en el corazón de Oriente Medio". De forma más o menos políticamente correcta, el trasfondo es el mismo.

Piqueras también analiza los momentos históricos en los que la figura de Canovas ha sido utilizada por la derecha como elemento sustantivo de la construcción de su identidad, el espejo donde mirarse, legitimarse y recomponerse. Aparte de la importancia de la Constitución canovista para el primer franquismo, el historiador se centra en cómo el político fue recuperado a partir de la Transición para "reinventar la tradición liberal de la derecha española".

Cánovas y la Transición

Manuel Fraga fue uno de los políticos conservadores que recuperó la memoria del político malagueño. En 1976, el fundador de Alianza Popular dijo: "Lo que el país espera de nosotros es una obra como la de Cánovas". Y no tuvo reparos en adjudicarse el papel principal: "Entre ser Cánovas o Sagasta, yo preferiría ser Cánovas".

Sus aspiraciones de dirigir una evolución lenta y segura del franquismo se frustró porque carecía de los poderes concedidos en su día a Cánovas por Isabel II y ratificados por Alfonso XII. Además, el futuro rey confió el proceso a un joven y decidido Adolfo Suárez, quien consiguió, sin espada ni pronunciamiento militar, inaugurar una nueva etapa democrática. Suárez puso el énfasis de su proyecto en la apertura a un nuevo tiempo, evitando las referencias a tiempos pretéritos para crear una derecha sin pasado.