Jueves, 13 de Noviembre de 2008

'La buena nueva' retrata la otra cara de la Iglesia durante la Guerra Civil

"No es una película hiriente con ninguno de los grupos. Todo lo que se cuenta está documentado", asegura la directora

VERÓNICA VICENTE ·13/11/2008 - 17:29h

LAMIA PRODUCCIONES - Fotograma de la película 'La buena nueva'.

La Guerra Civil está más viva que nunca. La necesidad de saber y hacer justicia late en el interior de muchos. Desde hace meses, España se encuentra en un momento crítico sobre el proceso de investigación de las fosas que encierran las miles de vidas que se cobró el conflicto.

En el fulgor de la polémica, la directora de cine Helena Taberna estrena hoy su visión de la España de 1936: La buena nueva. Siete décadas después vuelven a sangrar, a través del celuloide, heridas no cicatrizadas. 

Conocida por dirigir películas que tratan temas delicados (Yoyes y Extranjeras),  Taberna regresa a la gran pantalla con una conmovedora historia, basada en hechos reales, sobre la Guerra Civil.

La idea nació hace cinco años. Sin embargo, Taberna conoció la historia siendo muy niña. La película tiene sus raíces en un libro titulado No me avergoncé del evangelio, que narra la biografía de un familiar suyo cercano, Marino Ayerra.

"No he pretendido señalar a nadie, al contrario, busco el abrazo desde el conocimiento de los hechos"

Unax Ugalde se pone en la piel de este personaje con una interpretación que le ha valido el premio del Festival de Cine de Valladolid.

Don Miguel es un joven cura que compensa la falta de experiencia con el entusiasmo y la fe. En julio de 1936 Miguel es destinado como párroco a un pueblo socialista en el norte de España. Lo que en principio le llenará de ilusión, se convertirá en un reto más allá de sus deberes espirituales cuando estalla la Guerra Civil y las tropas falangistas toman el pueblo de Alsasua (nombre original del pueblo). El párroco se mantendrá siempre fiel a sus ideas religiosas y apoyará a los débiles, pero no le será fácil defender la neutralidad de su parroquia en un momento tan crítico. 

Taberna ha mezclado las dosis correctas de amor, guerra y, sobre todo, religión. Puesto que, tal y como defiende la directora, "lo que diferencia esta historia del resto de películas sobre el tema es la mirada que arroja sobre la Iglesia, determinante en el conflicto".

La cinta lleva, de la mano de Miguel, a conocer episodios de la guerra desde una perspectiva nunca antes planteada en una película española sobre este tema: el rol del clero en la España del momento. O más bien, la existencia clara de las dos Iglesias durante este período: una claramente posicionada junto a las tropas falangistas y otra, la de Miguel, que apoyaba a los católicos perseguidos sin importar el color de sus ideas.

Memoria, homenaje y reflexión

Pero el objetivo principal de la directora ha sido rescatar el conflicto de la amnesia colectiva, rendir un homenaje a los que sufrieron e invitar al público a una reflexión sobre los hechos. "No hemos tenido sensibilidad suficiente con las víctimas de esta guerra. Para lo que fue, aún no se han hecho suficientes películas buenas". Desde la esperanza, Taberna asegura que ha intentado ser respetuosa con los hechos, sin enjuiciar. "No es una película hiriente con ninguno de los grupos. Todo lo que se cuenta está documentado".

"No he pretendido señalar a nadie ni generar heridas, al contrario, busco el abrazo y la reconciliación desde el conocimiento de los hechos", agrega. Desde su punto de vista, lo importante es mover las conciencias y enseñar las barbaridades que sucedieron, para que éstas no se vuelvan a repetir. En sus propias palabras haciendo referencia a los fusilamientos: "Lo terrible de la muerte no es el hecho en sí, sino lo que se deja de vivir". 

"Antes que nada soy cineasta y quiero hacer buenas películas que cuenten grandes historias", comenta. La obra en su totalidad es una provocación a la reflexión del público: "Me gusta que mis películas terminen en la mente del espectador, al día siguiente de haberla visto", afirma. 

Pero sin duda, los puntos fuertes del filme surgen de la la fuerza de sus interpretaciones -entre ellas un cameo de Loquillo enfundado en un uniforme falangista-, la sensibilidad fotográfica y una escena final que, como el resto de la película, arrancará más de una lágrima.