Jueves, 13 de Noviembre de 2008

"Tengo días infernales en que soy una auténtica hija de puta"

María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana se confiesan en el duelo televisivo más esperado 

MIGUEL RUBIO ·13/11/2008 - 14:36h

Un momentazo de la entrevista, como cualquier otro.

"Hacemos esta entrevista porque tiene mucho morbo". Las reinas de las mañanas no pretendían refundar la televisión, pero su encuentro en el saloncito de Ana Rosa ha conseguido tanta expectación como la convocatoria del G20 para reiniciar el capitalismo.

Hace casi un mes, María Teresa Campos desapareció de La mirada crítica por una baja médica. Como explicó su entrevistadora: "Ha estado tres semanas callada. Y mira que es difícil que esté tres semanas callada".

Tocaba desquite y no sólo por unos días alejada de los micros, sino también por diez años de rivalidad. Las damas de la pantalla jugaron con el morbo y dieron a los espectadores exactamente lo que se esperaba de ellas. "¿Yo te caigo mal?", le espetó Ana Rosa a su invitada. Como dictan las normas de etiqueta, la respuesta fue negativa y la culpa, de los otros medios, a los que "les vende el enemistarnos".

Medios que sin duda aprovecharán (aprovecharemos) momentos impagables como cuando la Campos bajó la guarida ("he podido hacer cosas que no te gustaran") y su interlocutora aprovechó para tirar en largo: "algunos tiritos me has pegado".

Entre sonrisas se desenvainaron las lenguas y empezó la coreografía dialéctica: "no empecemos así...", paró la más veterana. Y contraataque: "Lo único que yo podría tener, ya que tú has levantado el hacha de guerra", es que cuando cambió de cadena e incluso los colaboradores callaron; cuando "había un confidencial que me insultaba insistentemente", que entonces hubiera tenido unas palabras en su favor. Un golpe maestro, una estocada emponzoñada para los que entiendan que ese confidencial es el dirigido por los hermanos Rojo, entonces familia de Ana Rosa.

Pie atrás: "cuando hablas más de un tema, le das promoción". La defensa ha abierto un hueco y hay que recular: "Yo creo que siempre he sido respetuosa, siempre he tenido mucho respeto por tu trabajo. Nunca hemos tenido una amistad personal, pero sí un gran respeto profesional". Y al final: "si en ese momento te sentiste abandonada, yo lo siento". Touché.

Y vuelta a posición de guardia para el siguiente embate: "Ya se me ha olvidado, de qué estábamos hablando?".

El morbo justo

La charla pasó al terreno de la convalecencia de María Teresa Campos, pero de puntillas: "hay mucha gente que me está pidiendo entrevistas al hilo de esta enfermedad. No quiero que se convierta en cosa de morbo, porque es una cosa sencilla".

No tan sencilla como se había comunicado. Insinuaciones y apuntes hacia una enfermedad más grave de lo que todos suponíamos, innombrable, pero sin profundizar: "He tenido mucho miedo, comprendo a la gente que nos está viendo, pero esto no es cosa de hacer morbo".

"A Terelu le ha tocado estar ahí con la pierna en alto cuando su madre estaba ahí dentro"

A pesar de ello, la malagueña supo aprovechar la ocasión para agradecer el apoyo de los suyos: "a Terelu le ha tocado estar ahí con la pierna en alto cuando su madre estaba ahí dentro".

Y salieron del terreno pantanoso aprestando de nuevo las armas: "yo soy una privilegiada de la vida", reconoció Campos en una finta. "Y tú otra".

De nuevo con una sonrisa, la maestra volvió a hacer valer su veteranía en este campo: "tú ganas más", le dijo a Quintana. Torpe defensa: "Trabajo más". Y más torpe tirada; Ana Rosa trató de estocar con la edad, como si eso fuera una debilidad en su rival dialéctica: "¿Qué te queda por hacer?". Respuesta rápida: "irme a mi casa". Sonrisa fulminante que dice claramente que no es algo que esté previsto hacer: "esto es vocacional, te retira el mercado". Parece que va a haber un resquicio, un hueco abierto por las palabras "el día que no resulte rentable, entonces me iré". Pero que nadie se confíe, que siempre habrá "un papelito en una obra de teatro, de señora mayor".

La entrevista de pronto pierde el impulso. Se ponen de acuerdo para hablar de cómo llevan la casa, de las relaciones familiares, de los hombres de María Teresa. Hasta que en mitad del baile floral, la malagueña deja bien claro que incluso hablando de las tareas del hogar, no da puntada sin hilo: "yo soy muy llevadera, paro tengo días infernales en que soy una auténtica hijadeputa".

La promo es la promo 

Entonces María Teresa ejerció de presentadora y recordó a su anfitriona el supuesto motivo de su encuentro: la entrevista a Luis Roldán que ella misma realizará la noche del viernes en Telecinco. 

"Tiene que irnos bien a las dos porque nos ha unido el destino"

Para la parte corporativa, las rivales hicieron equipo. Como resumiría un poco más tarde la Campos: "tiene que irnos bien a las dos porque nos ha unido el destino". En primer lugar, defender el honor de la cadena ante las dudas éticas causadas por el encuentro con el ex director de la Guardia Civil y con el ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz. Con su moral de doble filo, ambas atacaron la hipocresía de quienes denuncian este tipo de eventos televisivos. Así, sin querer, Ana Rosa queda atrapada en alguna coz contra la propia cadena, contra las entrevistas exclusivas y poco claras a "delincuentes fugados", referencia velada a asidua de Telecinco, Mila Ximénez.

María Teresa recupera el control del programa de Ana Rosa y le pregunta por el tan comentado encuentro con el ex alcalde de Marbella. Como toda buena invitada acorralada, la respuesta se refiere a "la entrevista que Telecinco le haga a Julián Muñoz, se la haga quién se la haga". Balones fuera para los jefes, porque ellas son unas profesionales todo terreno: "a mí mañana me llaman para entrevistar a Bin Laden y yo entrevisto a Bin Laden", es la imagen que Quintana sirve a la imaginación de sus espectadores.

La pareja deja claro que ni a ellas ni sus empleadores les gustan los personajes, que sólo se ponen al servicio del interés de los espectadores. El ejercicio periodístico, la verdad por delante: "me voy a pasar todo el programa preguntando dónde está el dinero".

"A mí mañana me llaman para entrevistar a Bin Laden y yo entrevisto a Bin Laden"

Superado el bache, unos últimos aceros con dientes: "qué delgada estás", concede la veterana. Ana Rosa responde con una reverencia: "me he puesto a dieta porque sabía que venías". Y una puntilla: "para hacerme más gorda a mí". Risas.

Y como en todo encuentro entre dos esgrimistas, llega el turno de los saludos. Zanjar la cuestión de quién ostenta la corona de las mañanas: "yo soy sólo la reina madre", sonríe la Campos. "Y yo soy republicana". Juegos florales de dos líderes elegidas democráticamente por su público. Gueste o no.

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