Jueves, 13 de Noviembre de 2008

El tren de la libertad

En el siglo XIX, una red clandestina ayudó a los esclavos afroamericanos a escapar del sur de EEUU

ENRIQUE G. BALLESTEROS ·13/11/2008 - 08:00h

getty - La conductora del Ferrocarril Subterráneo, Harriet Tubman (a la izquierda), junto a otros activistas del movimiento abolicionista.

Hace 150 años, la idea de que un afroamericano presidiese EEUU no era utópica, era impensable. Desde sus orígenes, la agricultura colonial norteamericana se sustentó en la mano de obra esclava que llegaba de África. Pero también desde muy temprano, en 1750, se generó un movimiento abolicionista reforzado por constituciones como la de Massachussets, de 1780, que indicaba que todos los hombres nacían libres e iguales. Entre los defensores de la libertad destacaron los cuáqueros, una comunidad religiosa sin credo oficial que niega al Estado cualquier tipo de autoridad moral sobre los hombres.

A finales del siglo XVIII comenzaron a organizarse fugas en tren de afroamericanos que escapaban de las plantaciones del Sur para alcanzar los estados del Norte y Canadá. La estructura se afianzó y empezó a conocerse, desde 1831, como El ferrocarril subterráneo (The Underground Railroad).

Esta red de apoyo a los esclavos cimarrones (término normalmente aplicado a cualquier animal doméstico que escapa de sus amos) empleó todo tipo de metáforas ferroviarias para referirse a sus actividades. Un conductor guiaba al esclavo fugado por los carriles o rutas de escape que le conducían hasta el Norte, su "destino" . Viajaban principalmente de noche, recorriendo las 15 millas de media que distaban entre sí las estaciones, casas de abolicionistas donde los pasajeros se reponían. Hacia 1850, trabajaban en esta red de apoyo unas 3.000 personas que habían ayudado a huir a unos 50.000 esclavos.

El movimiento abolicionista

Los dueños de las plantaciones, afectados por el alto índice de fugas hacia el Norte, persuadieron al Congreso de los EEUU para que redactara la Ley de Esclavos Fugitivos (1850). Según la ley, cada marshall que arrestara a un esclavo fugitivo recibiría mil dólares, y cada persona que ayudara a un fugitivo sería condenada a seis meses de prisión y mil dólares de multa. En algunos casos, la colaboración estaba castigada con la muerte. Aun así, la ley no frenó el ferrocarril subterráneo, cuya red estaba formada tanto por afroamericanos que habían sido esclavos como por activistas blancos simpatizantes del movimiento abolicionista.

Thomas Garrett, el jefe de estación cuáquero de Delaware, pagó más de 8.000 dólares en multas; Calvin Fairbank, un reverendo metodista, pasó más de 17 años en prisión por sus actividades antiesclavistas; y algunos de los conductores blancos más conocidos, como John Fairfield, murieron mientras conducían a otras personas a la libertad. También fue popular el matrimonio de cuáqueros formado por Levi y Catherine Coffin, que vivían en Fountain City (Indiana) y que fueron jefes de estación por más de veinte años. Por casa de los Coffin pasaron unos 2.000 esclavos fugitivos.

Años más tarde, el senador Abraham Lincoln trató de frenar la expansión de la esclavitud. Cuando juró el cargo de presidente de EEUU, en 1861, se secesionaron siete estados del sur con Jefferson Davis como presidente de la nueva Confederación, a la que, tras la primera represalia militar, se les unieron otros cuatro estados. Comenzó así la cruenta Guerra Civil Americana (1861-1865), que enfrentó a dos formas de entender la economía: la industrial abolicionista del Norte y la agraria esclavista del Sur.