Martes, 11 de Noviembre de 2008

La ciencia empieza a leer el ADN del océano

El primer Congreso Mundial de Biodiversidad Marina, que se celebra en Valencia, presenta genes de bacterias marinas, donde se esconden futuros fármacos o biocarburantes

MANUEL ANSEDE ·11/11/2008 - 21:35h

La barrera de arrecifes mexicana Banco Chinchorro es el hogar del pez castañuela azul. HUMBERTO BAHENA

Los microbios han protagonizado casi todos los capítulos de la historia de la Tierra y, sin embargo, el ser humano apenas conoce una ínfima parte de este mundo microscópico.

De los 1.000 millones de especies bacterianas que, se cree, pueden existir en el océano, la ciencia sólo ha descrito 6.000. “La magnitud de nuestro desconocimiento es increíble”, admite el investigador Carles Pedrós-Alió, del Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) de Barcelona, que va a presentar su modesta contribución en este campo –una decena de nuevos taxones de bacterias– en el primer Congreso Mundial de Biodiversidad Marina , inaugurado ayer en Valencia.

Sin embargo, la situación está dando un vuelco. La ciencia ha comenzado, tímidamente,  la secuenciación del ADN del océano. Los biólogos marinos saben que en los genes de algunas de estas bacterias hoy desconocidas se esconden elementos que pueden ser útiles para la fabricación de medicamentos o de biocombustibles. Y el abaratamiento de las técnicas utilizadas en el proyecto Genoma Humano hace posible leer el genoma de una bacteria en una semana por apenas 10.000 euros.

El equipo de Pedrós-Alió ha hallado nueve especies inéditas de bacterias en muestras tomadas en el Observatorio Microbiano de la Bahía de Blanes (Girona), gracias a la técnica de pirosecuenciación, que permite obtener 400.000 secuencias de ácidos nucleicos en un solo día. “Para identificar las bacterias nos fijamos en su ARN ribosómico, que es como mirarle las plumas a un ave”, explica el microbiólogo.

El congreso de Valencia, organizado por el CSIC y la red de excelencia europea de institutos de investigación marina MarBEF , también servirá para dar a conocer los últimos avances del Censo de Vida Marina , un proyecto que implica a más de 2.000 científicos con el objetivo de completar un registro mundial de seres vivos oceánicos antes de 2010.

Desde el año 2000, este equipo ha identificado 200 nuevas especies, incluido el Megaleledone setebos, un ancestro de muchos tipos de pulpos de aguas profundas actuales, que vivió hace más de 30 millones de años y todavía sobrevive en el Océano Glacial Antártico.

Primera reunión

El copresidente del comité organizador del congreso, Carlos Duarte, explica a Público que el propio simposio demuestra hasta qué punto se ignora el universo marino. “Hasta ahora, los expertos en biodiversidad marina nunca se habían unido en una comunidad propia”, se lamenta.

Los más de 500 asistentes a la reunión, que se celebrará hasta el 15 de noviembre en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, también debatirán los nuevos modelos de conservación marina y mostrarán las últimas evidencias del deterioro de la biodiversidad oceánica. “Hasta hace 20 años, los biólogos marinos pensábamos que la actividad humana era incapaz de afectar a los océanos a escala global, pero hemos comprobado que estábamos equivocados”, narra Duarte, Premio Nacional de Investigación en 2007.

El oceanógrafo avanzó ayer uno de los estudios que se presentarán a lo largo de la cita, fiel reflejo del error de apreciación cometido hace 20 años. Las especies invasoras de macroalgas marinas avanzan 50 kilómetros cada década, desde el sur hacia el norte, debido, con mucha probabilidad, al calentamiento global, según un trabajo de Nova Mieszkowska, de la Asociación de Biología Marina del Reino Unido .

Para Duarte, “la aplastante evidencia de una aceleración de la degradación global de los océanos ha aportado el impulso para convocar a la comunidad científica en biodiversidad marina a este primer congreso mundial”. A juicio del investigador, presidente de la Sociedad Americana de Oceanografía y Limnología , factores como la sobrepesca, la contaminación y la urbanización desmesurada del litoral han provocado una erosión global de la biodiversidad marina “que puede encontrar en el cambio climático el golpe de gracia que cause un deterioro catastrófico”.

El ecólogo holandés Rudolf de Groot, de la Universidad de Wageningen , demostrará durante el congreso que la situación es parcialmente reversible, a cambio de pagar un precio muy bajo. Según sus cálculos, el coste de proteger de manera efectiva entre el 20% y el 30% de los sistemas costeros ascendería, como máximo, a 15.000 millones de euros, y al mismo tiempo generaría beneficios superiores a su coste, al mejorar los stocks pesqueros adyacentes.

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