Martes, 11 de Noviembre de 2008

Un líder tenaz pero impulsivo

 Juan Negrín personificó el espíritu de resistencia de la República

Xalok ·11/11/2008 - 08:00h

Juan Negrín (derecha), con Indalecio Prieto (centro) y el general Vicente Rojo.

En la década de 1920, Juan Negrín López (1892-1956) era un fisiólogo de renombre internacional que desarrollaba nuevos métodos de investigación en laboratorio y de enseñanza en la Universidad de Madrid. Diez años más tarde era diputado socialista en las tres Cortes republicanas y después, ministro del Tesoro en el Gobierno de Largo Caballero. Por último, fue primer ministro de la República desde mayo de 1937 hasta el final de la guerra en marzo de 1939.

De familia burguesa acaudalada, católica y conservadora, Negrín es uno de los grandes desconocidos de la historia de España y uno de sus presidentes más controvertidos. Especialmente porque, hacia 1938, apostó a ciegas por la resistencia de la República la Segunda Guerra Mundial asomaba en el horizonte a pesar de que la situación militar era ya desesperada, "prolongando inútilmente los sufrimientos del pueblo español", según escribe el propio Jackson en su biografía sobre el político.

La división republicana

Negrín llegó con enérgicas promesas de restablecer la justicia y la seguridad. Se opuso a los dirigentes socialistas que propugnaban marginar al PCE argumentando que, además del firme papel que estos desempeñaban en la guerra, la URSS era el único suministrador de armas a la República. Tal y como asegura Jackson, "el Gobierno de Negrín dependía completamente de la buena voluntad de la Unión Soviética".

El asesinato de Andrés Nin, la personalidad más importante del POUM, a manos del coronel Orlov, de la NKVD, fue un terrible golpe moral al prestigio de Negrín, que comenzó a plantearse los métodos soviéticos. Apenas tuvo margen de acción, pero aun así aprobó las ofensivas en Brunete, Belchite, Teruel y Vinaroz. Fracasaron. La insistencia en la resistencia ya era inútil y Negrín desapareció con amargura. Tras la guerra, viajó a México, donde vivió un exilio marcado por la división de los republicanos. Allí discrepó con Indalecio Prieto y Martínez Barrio hasta dimitir como presidente de la República en el exilio.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad