Lunes, 10 de Noviembre de 2008

"La victoria de Obama facilita un acuerdo para frenar el cambio climático"

Gro Harlem Brundtland. Enviada especial de la ONU para el Cambio Climático. La ex primera ministra noruega espera cerrar un acuerdo de emisiones en diciembre

DANIEL BASTEIRO ·10/11/2008 - 21:53h

AFP - Gro Harlem Brutland, fotografiada el pasado año en Nueva York.

Fue la primera ministra de Medio Ambiente que consiguió llegar a dirigir el Gobierno de un país, en un momento, además, en que la lucha ecologista era casi una excentricidad. Gro Harlem Brundtland (Bærum, Noruega, 1939), era miembro del Partido Laborista de su país cuando fue nombrada Ministra de Medio Ambiente, en 1974, un cargo que ocupó hasta 1979. Fue elegida primera ministra de Noruega durante ocho meses, en 1981, volvió a ejercer ese cargo de 1986 a 1989, y de 1990 a 1996.

Doctora en Medicina por la Universidad de Oslo, Gro Harlem también ha dirigido la OMS (Organización Mundial de la Salud) pero, ahora, vuelve a sus orígenes medioambientalistas como enviada especial de la ONU para el cambio climático. Brundtland está trabajando para lograr un acuerdo que consiga reducir los efectos del calentamiento global, y el penúltimo paso antes de la conferencia que dará a luz al sucesor del Protocolo de Kioto son las negociaciones de Poznan (Polonia), que tendrán lugar el mes que viene, y que se esperan muy complicadas: a la eterna negativa de EEUU a firmar Kioto se une ahora el escepticismo de Italia y de Polonia, la anfitriona. Brundtland cuenta, en todo caso, con que los aires de cambio que promete Barack Obama, faciliten un acuerdo. El presidente electo de EEUU ya ha manifestado su intención de que alguno de esus representantes viaje a Poznan, junto a la delegación oficial de EEUU. Gro Harlem ha estado estos días en Bruselas para asistir a las conferencias Camino a Copenhague, destinadas a preparar el acuerdo que, en 2009, sustituirá a Kioto.

En la Unión Europea se está librando una batalla que podría determinar la política climática global de las próximas décadas. Países como Italia, República Checa o Polonia tratan de rebajar los objetivos de emisiones de CO2 y flexibilizar los plazos. ¿Lo conseguirán?
Puede haber países que opten por enrocarse, pero también hay otros que tienen una clara voluntad de cooperar. Ahora, los países que han sido más difíciles de convencer en negociaciones como las de Bali del año pasado vuelven ahora a la carga con la excusa de la crisis económica. Siempre ha habido líderes que no miran hacia adelante, fuerzas conservadoras, posturas tradicionales, falta de innovación. Pero ahora el mensaje de cambio se impone y se va a reflejar ya en las negociaciones de Poznan del mes que viene.

Se refiere a Barack Obama como nuevo inquilino del Despacho Oval, en la Casa Blanca.
Claro. Me llamó mucho la atención el discurso de la victoria de Obama. Se centró en tres retos: dos guerras, un planeta en peligro y la crisis financiera. Fue una señal muy clara y deja entrever en qué líneas generales quiere apoyar su presidencia. Esto lo cambia todo y nos ayudará a conseguir un acuerdo que frene el cambio climático. Obama también dijo que podría estar en desacuerdo con sus votantes, pero que siempre los escucharía. La idea de respetar al otro en un contexto global nos da motivos para el optimismo.

Pero si no hay siquiera un acuerdo dentro de la UE parece difícil poder sumar a países en plena expansión como China o India a unas negociaciones que lo hagan global.
Ese sentimiento lleva en nuestras conciencias desde hace más de un cuarto de siglo. Nosotros [los países desarrollados] hemos llenado la cesta de basura y ahora nos corresponde ayudar a vaciarla. El derecho al desarrollo está fuera de discusión, pero hemos de hacerlo sostenible. Es decir, que nuestra contaminación, sumada a la creciente en China o India, nos tiene que empujar hacia un entendimiento rápido para un acuerdo a largo plazo que no convierta los indicios en hechos irreversibles. En ese sentido, los países de la OCDE tenemos que aceptar que se nos acuse de haber creado el problema y, por lo tanto, debemos también favorecer el desarrollo sostenible.

¿Cómo?
Mediante todas las herramientas a nuestra disposición. Una de ellas es el CDM [Mecanismo de Desarrollo Limpio creado en el protocolo de Kioto para la inversión en países emergentes]. Otras las hemos de crear, y también es necesario acelerar el traspaso de tecnologías avanzadas que contaminen menos a los países menos desarrollados.

La tarea se complica a la hora de convencer a países no democráticos de que hace invertir en tecnologías limpias.
No tenemos un mundo perfecto, ni tampoco un Gobierno mundial que nos resuelva los problemas. Pero delante de nosotros tenemos un reto histórico que es necesario asumir con países sin democracias occidentales. A pesar de todo, con ellas tenemos un interés común. Y no es ser optimista pensar que ha habido mejoras, por ejemplo, la presencia en países como China de grandes multinacionales que utilizan tecnologías modernas.

¿Cómo podemos financiar la lucha contra el cambio climático sin establecer un nuevo orden de prioridades? Por ejemplo, el gasto en armamento es enorme, comparable al 2,5% del PIB mundial.
Me gustaría que se llegase a un compromiso global, que todos los países decidieron juntos gastar la mitad de lo que invierten en Defensa. Desgraciadamente, eso no va a pasar. Tenemos que buscar vías alternativas: si logramos poner un precio a las emisiones de CO2 y establecemos el sistema de subasta mundial, va a haber muchísimo dinero. Lo podemos utilizar también para la adaptación de los países pobres. Y, se diga lo que se diga, es posible a pesar de la crisis económica.

 En busca del sucesor de Kioto

 Tras el estallido de la crisis económica, en la UE se ha impuesto el pesimismo. Una decena de países agrupados, en torno a Italia y Polonia, tratan de suavizar un paquete de medidas que pondría a Europa a la cabeza en los esfuerzos de reducción de emisiones de C02 y que deberían aprobarse en diciembre. Las directivas, que incluyen la subasta de licencias de emisión de gases contaminantes o el ‘triple 20’ en 2020 (20% de reducción de CO2, 20% de ahorro energético, 20% de energía procedente de fuentes renovables) tendrán que alcanzar un acuerdo entre los 27 antes de final de año. Paralelamente, la ONU celebrará en diciembre en Poznan (Polonia) una gran conferencia internacional para avanzar en un acuerdo global, que se cerrará el año que viene en Copenhague. Allí nacerá el sucesor del Protocolo de Kioto, que pretende limitar a 2 grados el calentamiento global en este siglo con la reducción de hasta un 60% de las emisiones de CO2 hasta 2050. La implicación de potencias emergentes como China, India, Brasil o México podría lograr el objetivo, pero la ONU mira ahora hacia la Casa Blanca, donde su nuevo inquilino, Barack Obama, ha devuelto el optimismo a unas negociaciones donde se juega el futuro del planeta.