Domingo, 9 de Noviembre de 2008

El infierno como inspiración

El escritor Daniel Alcoba repasa en un ensayo el "origen y la historia del miedo al castigo eterno"

JESÚS ROCAMORA ·09/11/2008 - 14:04h

Sr. García - SR. GARCIA

Hay muchos infiernos, tantos como maneras de entender la vida y la muerte (y el arte) a lo largo de la historia, desde el viaje iniciático de los héroes grecolatinos en busca de su propia leyenda al castigo divino de la tradición judeo-cristiana, pasando por el infierno en la vida terrenal para aquellos que creen en la reencarnación.

El escritor Daniel Alcoba ha hecho su particular descenso a las tinieblas y ha regresado con Inferno (Zenith), un catálogo tenebroso de profundidades inquietantes y almas en pena.

"¿Por qué nos interesa el infierno? Porque nos sabemos mortales y nos negamos a aceptar la desaparición total y absoluta de nuestro yo consciente. Tendemos a creer que la conciencia individual perdurará después que muramos, ya sea reencarnados, premiados en el cielo o atormentados en el infierno", dice Alcoba.

Quizá sea este el mejor punto de partida para un viaje de estas características: el infierno es algo exclusivamente humano porque el hombre es la única criatura consciente de que su destino es la muerte, lo que le produce pavor. Según Alcoba, "Es la fuente original del terror, del miedo, del mal".

El siguiente paso también parece claro: despojar al infierno de las connotaciones heredadas del Cristianismo. Y es que el reino del mal no es ajeno a las religiones: es anterior incluso a la idea de Dios. "El culto de los muertos es anterior a la devoción y a la creencia en dioses y demonios. Se creyó antes en el infierno o un mundo de los muertos, que en dioses, o en Dios", cuenta Alcoba, que también nos tira abajo dos mitos de nuestro infierno: Satán y el cielo como contraposición.

Sobre el primero, el mismísimo diablo, Alcoba sostiene que "los infiernos precristianos, el Seol judío, el Hades, Averno o Tártaro de los grecolatinos, el arallu acadio babilónico o el mundo inferior sumerio, no tuvieron nada semejante a Satanás o al diablo. El descubrimiento de los Rollos del mar Muerto demuestran que el diablo cristiano es, sobre todo, una elaboración del tardojudaísmo. El infierno es unos cuatro mil años más viejo que ese rey del mal o comandante en jefe de los demonios".

Por su parte, la idea de un paraíso celestial como dualidad tampoco existía en los infiernos precristianos, que "eran comunes para todos los muertos, buenos y malos, con la sola excepción del mazdeísta. Pero incluso este no es eterno sino provisional, aún para los peores pecadores. La eternidad de la pena es rigorismo cristiano".

No exento de guasa, Alcoba no cree que concepción de infierno vaya a cambiar mucho en el próximo siglo: "¿Almas como cuantos de energía aprisionados en círculos o botellas infernales electromagnéticas? ¿Condenados semejantes a archivos zip que la Divina Gracia decidiera ejecutar o enviar a la papelera del sistema? No creo probable que el misterio de la muerte, que es el del infierno, deje de serlo en los próximos 100 años, aunque para entonces haya cenizas mortuorias de millonarios orbitando la Tierra".

Tinieblas y azufre: Breve tipología de infiernos
El infierno como un lugar poético. “Desde sus orígenes, tanto la poesía como las religiones se han ocupado de cuatro temas: el origen del universo y del ser humano, el sentido de la vida, el amor (bien) y la muerte (mal). La postrimería de la vida es lo elegíaco por excelencia. No por casualidad Orfeo, el dios griego de los poetas, desciende al Hades en busca de Eurídice pero también tras el mayor poema concebible”. 
El infierno como como el día a día en la vida terrenal. “Una frase como “El infierno de Hiroshima en 1945” no es una metáfora: es la proyección del infierno que corresponde a la tercera implantación del mal en el mundo: la muerte de la humanidad en gran escala. La Biblia (Génesis 6) y los Pseudoepígrafes y Apócrifos cuentan que el mal cayó del cielo, con los egrégores, quienes enseñaron a la humanidad a construir armas”.
El infierno como castigo divino. “La teología del infierno es muy pobre. Las menciones evangélicas del infierno son dos: Mateo 11,23 y Lucas 10,15. En ellos, Jesucristo, más humano que nunca, se enfada y envía dos pueblos enteros al infierno por incrédulos. Pero no describe el infierno ni sus tormentos. Eso no se podrá leer antes del Evangelio Apócrifo del Pseudo Pedro, hacia la mitad del siglo II dC”. 
El infierno como viaje inciático. “Los tres descensos al infierno más célebres de la literatura, el de Ulises en el canto XI de ‘La Odisea’, el de Eneas en la ‘Eneida’ de Virgilio, y el de Dante Alighieri son otras tantas iniciaciones, o viajes iniciáticos. Cuando se acaba la expedición el viajero ha cambiado de calidad, es un ser nuevo, renacido. Iniciación es muerte ritual seguida de un nuevo nacimiento”.
 
 
La biblioteca del averno:
los libros que no te deberían faltar
Pedimos a Alcoba que nos diga los títulos básicos de una “biblioteca infernal”. En primer lugar, habría que hacerse con “los tres clásicos: ‘Odisea’, ‘Eneida’, ‘Divina Comedia’. Luego, un ‘flash- back’: el ‘Enuma Elish’, poema acadio babilónico del Segundo Milenio aC, más la ‘Epopeya de Gilgamesh’, que se remonta al Tercer Milenio aC, aunque las versiones que se conocen están escritas en lengua arábiga (acadia), en el milenio siguiente. Y también resulta imprescindible el egipcio ‘Libro de los Muertos’ que informa acerca de la cosmo-eogonía egipcia, expone la liturgia adecuada para la renovación periódica del mundo e informa acerca de los mitos de Sumer, que fueron sus modelos. A estos seis agregaría el libro de E. Swedenborg, ‘Del cielo y del Infierno’”. Apunten, apunten.

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