Viernes, 7 de Noviembre de 2008

Los divorcios de jubilados, puerta abierta a la pobreza

El cambio cultural, la mala convivencia y las infidelidades multiplican las rupturas de parejas después de los 60 años

ALBERT MARTÍN VIDAL ·07/11/2008 - 22:07h

La rupturas de matrimonios mayores de 60 años han aumentado en los últimos años, según los expertos. Mónica Patxot

Mi mujer pasaba una depresión. Para que conociera a otra gente, le enseñé cómo funcionaban los chat, pero ocurrió que así conoció a otra persona y se enamoró". Con estas palabras explica Guillem cómo fue su divorcio. Aún recuerda que su abogado les decía -a él y a su ex pareja- que su caso era "el más civilizado que había conocido". Tal vez era así porque Guillem había superado entonces los 60 años de edad.

Desde el año 2000 ha venido aumentando el número de divorcios que afectan a personas que están al borde de la jubilación o ya retirados, según diversos abogados de Derecho Familiar consultados. "Los divorcios en general van a más y los mayores no son una excepción", resume la abogada Asunción Molina. "Culturalmente, antes se aguantaba más, era como se dice en la iglesia: Hasta que la muerte nos separe", añade.

Son las mujeres quienes solicitan la separación con más frecuencia, en un porcentaje cercano al 80%. "En muchos casos, han aguantado muchísimos años situaciones de convivencia precaria, no tanto por sus creencias religiosas como por no perjudicar a los hijos", opina Jennifer Losada, especialista en divorcios. "Pero cuando los hijos se independizan, animan a los padres a que se separen", añade.

Razones para la ruptura

A pesar de la franca mayoría de mujeres que piden el divorcio, la proporción de hombres va en aumento. "Suele deberse a que tienen una nueva relación o a un cambio de perspectivas en su vida cuando cobran las prejubilaciones", cuenta la letrada Montserrat Fernández y añade: "El matrimonio se inventó cuando la gente vivía 26 años, ahora vamos camino de vivir 100".

Enric Ollé, portavoz de Gent Gran de Catalunya, se expresa también en esta línea: "Cuando los hombres se jubilan, comienzan a pasar muchísimas horas en casa, eso aumenta los roces y desencadena la crisis". "Y también juegan un papel importante las infidelidades: tenemos constancia de que las enfermedades de transmisión sexual en gente mayor han aumentado", revela.

Difícil separación

La separación, que empieza como un intento de mejorar la vida doméstica, puede acabar en cambio propiciando graves dificultades económicas, sobre todo, a las mujeres. "A menudo llevan muchos años trabajando en el hogar, sin ingresos propios ni jubilación", explica Losada.

En estos casos, las mujeres tienen tres fuentes de ingresos: la pensión compensatoria, la alimenticia o las ayudas de familiares. Pero el peliagudo asunto de las pensiones suele desencadenar guerras legales entre ex cónyuges. "Se hacen auténticas barrabasadas", dice Fernández. En este proceso, es habitual que los hombres traten de ocultar sus ingresos. La situación para las mujeres mayores se agrava, porque sólo un 12% de las compensaciones que dictan en los juzgados son para ellas. En algunos casos, las mujeres han esperado 15 años hasta poder cobrar.

Cáritas lleva años señalando que las mujeres mayores son uno de los colectivos que más sufre situaciones de pobreza y de marginalidad. En su informe de 2007, apuntaba a que casi un 10% de las personas mayores de 65 años a las que atiende son personas que quedaron desprotegidas tras una ruptura matrimonial. "El núcleo familiar siempre es más resistente a la precarización", explica Enric Carnicer, que trabaja en la entidad. Este trabajador social señala que "cuando la mujer no ha trabajado, es más duro para ella, pero, en cambio, ellas tienen más recursos personales y sociales para desarrollar su vida en una situación de pobreza".

Las rupturas de estos matrimonios no tiene unas repercusiones psicosociales como las de las rupturas de parejas con hijos pequeños. Sin embargo, propician, en palabras de Jennifer Losada, que "la familia tome partido, normalmente a favor de la abuela, por ser la más frágil".

«No me podía conformar»

¿Cuándo tomó la decisión de divorciarse?
Yo creía que habíamos tocado fondo como pareja, sentía que vivía con alguien a quien no conocía, con quien no tenía nada en común, que no me explicaba nada y hubo malos tratos psicológicos.

¿No le echó atrás su edad?

Pensé que no me podía conformar, que la vida no se acaba ni a los 30, ni a los 40, ni a los 50. Cuando mis hijos cumplieron 18 años le dije a mi marido que se lo planteara y me dijo que él estaba bien.

¿Cómo reaccionó cuando le pidió el divorcio?

De entrada, no se lo creía, pensaba que sería incapaz después de tantos años desconectada del mundo laboral. Yo estuve toda una vida cuidando a mis hijos en casa y había renunciado a mi trabajo por mi familia.

¿Ló entendió su entorno?

Fue raro, la gente decía: "¡Ay, Rosa!" y que él lo había pagado todo, y que "pobrecito". Me criticaban sin saber.

¿Tuvo eso consecuencias económicas?

Me preocupé mucho, porque no sabía que él inscribió nuestra casa sólo a su nombre. Después de toda una vida de renunciar a mi trabajo por la familia y por su carrera, no me quedó ni la casa. Me tuve que poner a buscar trabajo, si no, no podía vivir. Afortunadamente, aún tenía edad para ello y me dieron una pensión de 400 euros al mes durante cuatro años.

¿Se arrepiente de algo?

No, porque pude educar a mis hijos. Me duele no tener ni la mitad de la casa, pero es así: él se quedó el dinero y las propiedades y yo, el cariño de mis hijos.

 

 

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad