Viernes, 7 de Noviembre de 2008

Valente: herido de preguntas

La parte más conocida y más crítica de uno de los poetas decisivos de la literatura en castellano 

PEIO H. RIAÑO ·07/11/2008 - 10:47h

PÚBLICO - Valente.

Él mismo se definió por escrito como "un niño de dos dictaduras", que le convirtieron en un voyeur contra las "obscenidades del poder". Y así, en el extranjero, primero en Oxford y luego en Ginebra en 1958, como profesor y como traductor de organizaciones internacionales, miró a España y confirmó que algo no iba bien.

Que la falta de oxígeno que le había obligado a marcharse de su país en 1948 no cambiaba con el paso de los años.

Así lo contó en los medios que acudieron a él para articular un pensamiento inesperado en la Dictadura. José Ángel Valente (Ourense, 1929-Ginebra, 2000) se tomaba la revancha por escrito, en corto, directo y amargo, látigo duro.

En la compilación de la cara menos conocida de uno de los grandes poetas de este país, publicada por Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, que aparecerá en las librerías la semana que viene, nos encontramos al Valente más atrevido, más vehemente, más bravo y callejero, nunca vulgar pero con ganas de entrar a la greña.

Y poner a España en el lugar que se merecía. Incluso cuando llegó la democracia.

Derecho a mirar

Por encima de los regímenes políticos, él seguía buscando la verdad en la palabra. Era el único lugar en el que no perder la esperanza. La palabra "para hablar y también para ver". Porque como escribe en uno de sus artículos incluidos en este volumen, bajo la edición de Andrés Sánchez Robayna, "mirar es participar".

En la mirada encontró la actitud que nos separa del poder y acerca al verdadero espacio social. Pues bien, su mirada ácida no dejó nada en su sitio.

Del español dijo que es cobarde, que su secreto atractivo reside en la virilidad falleciente, que cultiva con esmero su pequeña estatura, que asoma por su liberal carencia de normas positivas, que también es indiferente al discurso o al espacio público, y que los niños y niñas practican en jardines y escuelas las más entretenidas piruetas sexuales.

Esa mirada fue la que se llevó con poco más de 20 años lejos de España. Huyo de los vencedores porque no podía levantar la cabeza por encima de "un nivel regulado y sacrosanto".

Porque no veía más que muertos a su alrededor: "Todos daban la impresión de no querer saber nada y nadie, ciertamente, respondía". Así, unos cuantos como él que se hicieron hombres fuera.

"Nos fuimos heridos de preguntas", como escribe en el artículo Contra el olvido. Oxford, Ginebra y París fueron los escenarios que le vieron acercarse a las voces de Keats, Montale, Cavafis, Kafka, Edmond Jabès y Paul Celan, entre tantos. Precisamente Sánchez Robayna recuerda que fue un perfecto conocedor de la obra de BertoltBrecht en los años sesenta, "¿y entonces quién conocía aquí la obra del poeta alemán?".

Sin embargo, antes de los grandes nombres se colaron en su trayectoria intelectual y vital dos personajes importantísimos, dos curas progresistas. El primero, Basilio Álvarez, "líder agrarista y defensor infatigable del campesinado contra la maldición de los caciques" y clérigo y abad de Beiro, tuvo que huir tras el levantamiento de 1936.

Y dejó su biblioteca gigante y extensa, desde los clásicos del marxismo a los del erotismo, al recaudo de sus padres. "Se fue al exilio, lejos, pero dejó enterrado, acaso sin saberlo, el hilo que iba a seguir haciendo posible la memoria", escribe Valente para confirmar que fue la persona que más determinó su opción personal ante la vida.

El segundo, Maximino Romero de Lema, en los oscuros cuarenta guió sus lecturas hacia la democracia católica -"representaba el hecho insólito de una religiosidad abierta y dialogante"- frente al rígido dogmatismo de unos y el "interesado pragmatismo" de otros.

Palabra sin dueños

"Fue un socialista absolutamente independiente", le describe convencido Andrés Sánchez Robayna. "No comulgaba con ningún partido". De hecho, rechazaba cualquier acercamiento al poder, detestaba a los posibilistas y repudiaba la represión del Estado.

No fue un nihilista abrazado a la desesperanza, simplemente vio a lo largo de la transición y en el primer socialismo unas instituciones dedicadas al entretenimiento y el espectáculo.

Pero encontró elementos de apoyo en la tradición intelectual española: Antonio Machado, que tuvo "una vida muy honda y duradera en la palabra nuestra", se refiere a él y a un "puñado de amigos emigrantes". Es allí, en la distancia, parece que es desde la distancia como se detecta la palabra que se ofrece, usada, corrupta y propagandística, "obscena en el lenguaje del poder, turbia en la ocultación y en el apaño".

Lejos, se enerva, se sulfura y prepara la escritura (que definió como "la palabra propia del ausente") contra los acontecimientos más que conforman la actualidad. "Así como él tenía un concepto muy creativo del ensayo, que parecía más poemas en prosa, en los artículos reaccionaba de una manera muy visceral", señala desde Tenerife el compilador de este ardiente volumen.

Siempre con elegancia, pero rabia inmediata, escribía para ABC, El País o El Independiente, sobre inmigración o política económica. La fuerza se le iba por el papel, cuando escribía a mano sus artículos.

Con su fuerte personalidad defendió su posición como pensador destacado en las páginas de los medios. "Estaba en todas las listas, pero no era para nada un pensador oficial", confirma el poeta y crítico literario Miguel Casado, para quien los ensayos y el pensamiento filosófico de Valente
están ungidos por la mística (que le enseñó María Zambrano), pero es la cotidianidad la que surge en sus artículos y textos dispersos.

Por su parte, Sánchez Robayna encuentra parangón en cuanto a su perfil creador, por muy chocante que pueda parecer, con Juan Goytisolo y Fernando Arrabal, dos pensadores disidentes, que proclamaron su independencia y libertad y mantuvieron contacto con la tradición literaria europea, sin olvidar nunca la propia.

La palabra honda y profunda de Valente, contra el vacío de la mentira, no se resiente con los años y mantiene el brío con el que la rasgó sobre el papel en blanco. Sus pensamientos vuelven una y otra vez como la resaca de la marea: "Sólo el que considera que el pasado es remediable puede llegar a remediar la amenaza de un nuevo futuro aciago", y en esas estamos todos.