Jueves, 6 de Noviembre de 2008

Calcanhotto: la canción que nació del caos

La brasileña experimenta con bossa, pop y electrónica en Maré

CARLOS FUENTES ·06/11/2008 - 08:00h

CARLOS FUENTES - Calcanhotto continúa su trilogía dedicada al mar.

Adriana Calcanhotto (Porto Alegre, 1965) sonríe cuando se le recuerda que hace cuatro años sólo encontró un bar moderno para cantar en Madrid y ahora regresa para abrir el Festival Únicas con patrocinio de un cava de lujo. "Quería volver para cantar en un teatro", explica.

Autora versátil, con un pie en la tradición de samba y bossa y otro en el pop de vanguardia, estrena Maré. Para el segundo capítulo de una trilogía dedicada al mar, que arrancó en 1998 con Maritmo, reclutó a una nueva generación de alquimistas brasileños. "Con ellos experimentar es un objetivo evidente; sólo con mi guitarra no está tan claro. Mi relación con la guitarra es como de música punk: no saber hacer música, pero hacerla".

Con un pie en la tradición de samba y bossa y otro en el pop de vanguardia, estrena Maré

Al pop tropicalista, Adriana añade leve maquillaje electrónico y algo de huella tribal. Suenan la cuica y el berimbau de boca, pero también tambor sampleado y una batería doble que ella llama "siamesa". ¿Buscando el primer sonido globalizado del planeta? "Siempre trato de hacer música de hoy, con todo lo que supone de mirar hacia delante", precisa una artista que no es bossa ni samba, pop ni electrónica: es todo a la vez.

"Mi generación es la del caos" añade su baterista, Domenico Lancelotti, "no hay manifiesto definido, como tuvo la bossa, e intenta acaparar todas las influencias que hay en Brasil. Escuchamos muchas músicas y todas influyen en un país producto de mil influencias".

El mar y el hombre

En Maré, delicado y poético (Mulher sem razão, Teu nome mais secreto), Calcanhotto reivindica el mar como "metáfora de la condición humana". "Estas canciones vienen de mí, aparecen en mi mar", concede. Universo optimista, casi naif, que no se esconde de la nostalgia.

En Madrid cantó Vete de mí e invitó a la heterodoxa Mísia en el fado Lágrima. ¿Dos caras de un único corazón? "Todo es posible. No sólo me gusta la música positiva. Cantar fado es, digamos, cosa crítica. Hay una relación fuerte con el fado, no tanto por la melancolía y el sufrimiento sino porque puedes alterar las letras en una misma melodía. Es como el blues, diferente en cada escritor, en cada poeta, en cada poema".