Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

Los republicanos van pensando en una derrota digna

Poco a poco los gritos han ido mermando según avanza el escrutinio. El sueño de una remontada con victoria por la mínima se esfuma

ÓSCAR ABOU-KASSEM ·05/11/2008 - 02:02h

La fiesta de John McCain comenzó con las oraciones de un cura y con la interpretación del himno nacional. La sala de fiestas del hotel Biltmore en Phoenix se fue llenando poco a poco de seguidores del candidato republicano a la Casa Blanca.

Las prendas rojas se mezclaban con las perlas mientras unos indios apaches y navajos perpetraban movimientos compulsivos sobre elescenario. La primera gran ovación se produjo cuando en las pantallas de televisión se marcaba Kentucky con color rojo: 8 delegados.

Aunque la primera preocupación de los asistentes era Indiana, donde los republicanos se imponían por estrecho margen con un cuarto del recuento.

"¿Ha vivido usted bajo un Gobierno socialista?, los americanos son estúpidos y lo digo yo que soy americana", afirma indignada Oralitauna ferviente seguidora de McCain al ver los primeros resultados que otorgan una clara ventaja a Obama en Florida. La noche se antojaba larga para los republicanos.

La sala Frank Lloyd Wright del hotel Biltmore en Phoenix ruge cada vez que en las pantallas gigantes aparece John McCain o Sarah Palin. Los asistentes se repetían los unos a los otros que la noche iba a ser muy larga. Pero la noche se empezó a torcer para McCain con los primeros resultados de Pensilvania. Si McCain no ganaba allí tendría que defender todos los territorios en los que George Bush se impuso en 2004.

Los republicanos habían empezado fuerte con sus resultados en sus feudos del sur del país: Carolina, Oklahoma, Kentucky y Carolina del Sur. Mientras todas las televisiones daban varios estados de la costa este a Barack Obama, los republicanos se resistían a conceder la derrota. En el marcador virtual que mantenían en la sala principal del hotel Biltmore el marcador sólo asignaba tres delegados a Obama por 21 a McCain.

Cada vez que los republicanos se apuntaban un estado los asistentes estallaban en gritos de júbilo.

Las actuaciones musicales, de lo más variopinto, se iban sucediendo intercaladas con intervenciones de los líderes republicanos locales. Ninguno hablaba de otra cosa que no fuera de las bondades de McCain o del triunfo en Arizona de sus candidatos a la Casa de Representantes.

“Espero que la noche cambie y al final ganemos”, aseguraba Erik Walbot, un rubio analista de bolsa. Walbot tenía una invitación del Partido Republicano para la fiesta de la Victoria. Una celebración privada para los miembros del partido en Arizona y su círculo de donantes.

Poco a poco los gritos fueron mermando según avanzaba el escrutinio. El sueño de una remontada con victoria por la mínima se esfumaba y se iba pensando más bien en una derrota digna.

“Vamos a esperar hasta el último voto pero si gana Obama espero que no nos suba los impuestos y que no abuse del poder del Gobierno”, cuenta Tim, un voluntario de la campaña que llevaba rato ya sin bailar o sonreír.

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