Martes, 4 de Noviembre de 2008

Los estadounidenses eligen un carácter, no una ideología

JOSÉ LUIS ÁLVAREZ ·04/11/2008 - 08:00h

Probablemente lo más interesante de esta elección en la que los norteamericanos deciden, aunque sea parcialmente, el presidente de buena parte de Occidente es el contraste entre la gravedad de la crisis global y las grandes incógnitas que sobre sus políticas y personalidades todavía presentan los candidatos.

McCain carece de un historial ejecutivo relevante (ser senador no proporciona experiencia administrativa, incluso podríamos aseverar lo contrario) y, aunque poco gregario dentro de su propio partido; de gobernar va a tener que apoyarse en sus cuadros, en las mismas personas e ideas que han llevado a la crisis actual.

Obama también carece de experiencia ejecutiva. Su pasado como activista social de Chicago no se traduce necesariamente en capacidad gestora. Sí hay que reconocerle un espléndido liderazgo de su eficiente maquinaria electoral. Pero una cosa es gestionar un proyecto transitorio servido por voluntarios entusiastas (la campaña), y otra una burocracia estatal complejísima ocupada por funcionarios y profesionales cuya única lealtad es a ellos mismos. Hay mucho de las virtudes cardinales de fe y esperanza en el entusiasmo por Obama.

A la incertidumbre que genera el historial de Obama y McCain se suma la irrelevancia de los programas electorales. Ni los candidatos, ni nadie, tienen una receta clara de cómo volver al crecimiento económico sostenido y el ganador adaptará sus políticas a las circunstancias que se vayan presentando, sin ataduras ideológicas, como demuestra que haya sido precisamente Bush quien haya presidido la mayor intervención estatal en la economía de EEUU desde hace un siglo.

Dada la irrelevancia de los programas políticos de los candidatos, su relativo centrismo y las incógnitas de ambos: ¿por qué va Obama por delante (seguramente menos de lo que predicen las encuestas).

Ante problemas de gran dificultad, los seres humanos tienden a utilizar el carácter y el estilo de las personas implicadas en su solución en este caso los candidatos como criterio principal para establecer sus preferencias.

¿Cuáles son las tres claves en el liderazgo de los candidatos políticos relevantes en épocas de adversidad? ¿Cómo se aplican a Obama y McCain?

Primero, en contextos en que el statu quo es negativo, los humanos preferimos el cambio a la conservación, el futuro al pasado, el candidato más activo y dinámico al indolente o al que se limita a heredar un proyecto ajeno. El lema de campaña de Obama es proactivo ("Yes, we can"), el de McCain, reactivo ("Country First"), como si EEUU estuviese aún gravemente amenazado por Al Qaeda. La economía es hoy más amenazadora que los talibanes. En España, Zapatero entendió, con cierto retraso, la necesidad de activismo, a lo Sarkozy, para enfrentarse a la crisis.

Un momento histórico

Segundo, se vota también al candidato más histórico, menos banal, más espectacular, más apasionado, aquél que puede proporcionar al elector mayor intensidad vital. Qué duda cabe que elegir a Obama, por su raza, sería un acontecimiento histórico que marcaría una generación, de la misma manera que lo fue en España la llegada de la izquierda al poder en 1982.

Tercero, el votante prefiere al candidato con el que pueda establecer una mayor identificación personal (los electores siempre se votan a ellos mismos). Ya que nadie puede prever cuáles van a ser los contextos en los que el elegido tendrá que operar, el elector apoyará al candidato que crea vaya a reaccionar como él mismo lo haría. Se vota un carácter con ciertas ideas básicas de cómo encarar los problemas, no ideologías y menos políticas concretas. Y la cercanía generacional y ocupacional favorece a Obama (los estadounidenses se parecen más a él que a un héroe de una guerra de hace 40 años).

En optimismo, pasión y cercanía, Obama es el candidato a elegir. Contra él juegan miedos psicológicos y prevenciones políticas. La campaña republicana, dirigida por antiguos ayudantes de Karl Rove, el estratega electoral de Bush, ha consistido en descalificaciones personales a Obama. Han sabido dónde atacar. Veremos si hay sorpresa y la estrategia republicana ha sido acertada. O si el carácter tranquilo de Obama ha podido vencer al miedo alimentado por los conservadores.

José Luis Álvarez es profesor de política de empresa de Esade y doctor por Harvard 

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