Martes, 4 de Noviembre de 2008

La Mano Negra, la excusa perfecta para el poder

La imputación de delitos a los agitadores de la misteriosa organización provocó el miedo en la Andalucía del siglo XIX

ANTONIO J. MARTÍNEZ ·04/11/2008 - 08:00h

afp - Los anarquistas ejecutados a garrote vil en Jerez, en un grabado de Henri Meyer.

La noticia corría como la pólvora. En 1883, los principales periódicos del país no dudaron en hincarle el diente a un suceso que tenía todos los ingredientes para llamar la atención de la gente: asesinato y muerte, miedo y revolución, política y enfrentamiento social. Los imputados por el juicio de La Parrilla una causa abierta en Jerez de la Frontera contra los presuntos asesinos del campesino Bartolomé Gago Campos se enfrentaban a una terrible prueba: el hallazgo de los estatutos fundacionales de una sociedad proscrita llamada La Mano Negra.

Esta entidad de dudosa existencia (aún hoy no está claro si existió realmente) actuaba bajo la premisa de La propaganda por el hecho, es decir, la organización de actos subversivos para motivar a otros a que los sigan. Sin apenas tenerse noticias de ella, La Mano Negra perpetraba acciones violentas contra las bases del sistema.

La prensa creó una campaña apelando al peligro del "furor anarquista"

Convertida en un fantasma justiciero responsable de cualquier alteración del orden, la prensa se encargó de difundir sus acciones y se creó una opinión pública mediatizada por el miedo a "su furor anarquista". La Guardia Civil la responsabilizó de múltiples delitos mientras que los terratenientes, los políticos y la justicia encontraron en La Mano Negra a su cabeza de turco. Tras conseguir asociar el caos y la violencia al anarquismo, ya sólo faltaba restablecer el orden.

El 18 de junio se publicó una sentencia de condena a muerte a siete campesinos por el asesinato de Gago Campos. Ocho procesados recibieron penas de cárcel y sólo uno de los inculpados fue absuelto.

En el juicio no se demostró la pertenencia de estos sujetos a La Mano Negra. De hecho, tampoco estaba claro el valor de los supuestos estatutos que la Guardia Civil encontró escritos en un folio, bajo una piedra, en el lugar donde se desarrollaron los hechos. Aun así, el jurado dio por hecho que estos hombres asesinaron a Gago Campos ante el temor de que éste denunciara las actividades ilícitas de la sociedad ante la Guardia Civil.

Falta de pruebas

Pese a que los abogados defensores del caso presentaron un recurso ante el Tribunal Supremo, el juez aumentó las penas de muerte a la totalidad del grupo tras tres días de deliberación. Entonces, la prensa, que antes había creado una corriente de opinión contra los procesados, desarrolló una campaña de protesta contra los fallos del auto, la falta de pruebas y el excesivo rigor de las penas. Ante esta situación y con el miedo a que el campo andaluz se rebelase de nuevo, el Consejo de Ministros indultó a siete de los inculpados.

Al final, tras una última absolución por locura, fueron siete los anarquistas declarados culpables y condenados a morir mediante garrote vil.

Las ideas del anarquismo habían llegado a España en pleno desarrollo de la política restauradora de Cánovas del Castillo. La nueva ley de sociedades de 1881 permitió el surgimiento de múltiples cofradías de mutuo auxilio entre los trabajadores. Andalucía fue uno de los focos más intensos.

Jueces y políticos encontraron en La Mano Negra a su cabeza de turco

Así, los principios anarquistas de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) influyeron en las ideas internacionalistas de la FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española), que transformó el campo andaluz en un lugar de conflicto permanente en la época. La quema de cortijos, las matanzas de ganado y el arranque de las cepas de los viñedos caracterizaron la lucha social.

La represión de las autoridades dejó a unos 6.000 campesinos detenidos, juzgados sin apenas pruebas y finalmente deportados a Filipinas.

En este contexto, los hechos que imputaron a La Mano Negra permitieron eliminar la naciente cepa del anarquismo en el campo andaluz y la restauración de los valores tradicionales. Tal como señaló el representante de la burguesía agraria al fiscal del proceso, "ya es hora de anteponer la justicia a la libertad".

Quizás, como dijo el embajador francés, el marqués de Moulins, La Mano Negra no era más que "un nombre nuevo para un malestar que agita desde hacemucho tiempo".