Sábado, 1 de Noviembre de 2008

Una dulce venganza para Al Gore

MARTHA ZEIN ·01/11/2008 - 09:42h

Repetir las elecciones. Ese debió ser el sueño de Al Gore durante, al menos, los 36 días en los que la presidencia de Estados Unidos quedó en el aire en el año 2000. Probablemente, ese fuera el argumento de sus monólogos oníricos durante un largo tiempo.

En la imaginada trama se producía el recuento de los votos, que demostraba que Gore no sólo era el más popular sino el elegido, y así hacía tragar su sentencia al Tribunal Supremo (que, en realidad, determinó que no era necesario el recuento) y

Bush mordía el polvo junto a todo su equipo.

Ocho años después, el ex vicepresidente, premio Nobel de la Paz y defensor del medio ambiente, se constituye en el heroico líder de los vencidos. Como si el guión estuviera escrito por Woody Allen, Gore se coloca ante las urnas allí donde perdió para abrir y cauterizar la herida.

Lo que hace más congruente esta trama es que coincide con los números: Florida es un estado con muchos indecisos y Obama necesita asegurar los 27 votos del estado para ganar los comicios. Las encuestas aseguran que Florida, que votó a los republicanos en 2004, podría darle la ventaja necesaria.

Las encuestas no saben de la realidad, sólo la calculan, y de lo que sabe la vida es del dulce sabor de la venganza, por simbólica que sea.
En un país que se estremece ante las superaciones personales, el clima electoral se calienta fabricando héroes eficaces.

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