Viernes, 29 de Agosto de 2008

Chanfaina teatral

La variedad de géneros marca la XI Feria de Teatro de Castilla y León, en Ciudad Rodrigo

PAULA CORROTO ·29/08/2008 - 22:48h

La chanfaina es un plato típico de la región que circunda Extremadura y la provincia de Salamanca en su linde con Portugal. En su génesis, es un revoltijo de casquería, con sus riñones, corazón, pulmones e higaditos. Ahora bien, cuando llega al paladar, la confluencia de sabores hace de ella un auténtico manjar. La Feria de Teatro de Castilla y León, que se celebra en Ciudad Rodrigo (Salamanca) hasta mañana, es también pura chanfaina.

El encuentro es un revuelto de espectáculos de todo género que al final del día dejan el estómago saciado. Además, su elaboración cuenta con buenas sartenes intramuros de la ciudad: monumentos entre el románico, gótico y neoclásico que se transforman en escenario teatral. "¿Van ustedes a subir ahí?". Ahí hace referencia a la torre de la Catedral de Santa María, de 50 metros de altura. La compañía brasileña Dos Pes tiene previsto realizar allí su espectáculo Asas por primera vez en España. "Sí, claro", contesta Angélica Zignani, directora y actriz de la compañía. "¿No sienten vértigo?". "Bueno, un poco en el primer salto; después, ya no", asegura Zignani con una sonrisa.

El arte en vertical

Después -estrenaron la noche del martes- es ya evidente, no hay nada de mal de alturas. Los chicos de Dos Pes -Zignani, junto a Andrea Capelli y Alex D'arc- vuelan, saltan y hacen acrobacias ante un público embelesado y tumbado que abarrota la plaza de Herrasti. La compañía hace lo que se ha denominado danza vertical, aunque ellos prefieren llamarlo "otra forma de investigación teatral alejada del plano horizontal".

Un par de horas antes, la Feria comenzaba con el espectáculo Basta que me escuchen las estrellas, de la compañía Micomicón y bajo la dirección de Laila Ripoll. La obra, que relata la vida de Lope de Vega con toques de clown y gags cómico-gestuales, ya ha pasado por varios festivales y siempre con buena nota. En esta ocasión, además, al tratarse de una feria, los aplausos valen el doble, ya que es en estos eventos adonde acuden los programadores para llevarse después esas obras a sus respectivos teatros o festivales.

La Feria es un gran mercado donde puede surgir una media de 10 bolos. Y, si hay suerte, como le ocurrió el año pasado a Teatro de las sonrisas con SOS Payasos, hasta 20.

Entre los 30.000 espectadores que acuden al certamen, un público especial es el infantil. La franja matutina acoge los cuentacuentos, los juegos y también ese género en alza que es el teatro para bebés (de 0 a 36 meses). La compañía portuguesa Teatro do Elefante ha estrenado este año para ellos Blim-Zim-Zim, un espectáculo basado en los sonidos, con ausencia total de palabras. "Es alucinante trabajar para los bebés porque están abiertos a todo, no tienen prejuicios. Además, para todos es la primera experiencia teatral de su vida", relata Rita Sales, actriz de la compañía.

Lo más arriesgado también tiene cabida. Invasores del espacio, de Rayuela Producciones, con sus marcianos e imágenes del NO-DO, todo un performance visual, hizo preguntarse al público local dónde se había metido. Un revoltijo. Pura chanfaina. La feria en Ciudad Rodrigo es un guiso fronterizo que gana cada día comensales. Buen provecho.

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