Jueves, 28 de Agosto de 2008

Guillermo del Toro: "Ya no hay estrellas masculinas como Steve McQueen"

Entrevista con el director de 'Hellboy 2', que este viernes se estrena en España

ROSA GAMAZO ·28/08/2008 - 22:32h

Guillermo del Toro. Foto: AP.

Según contó en una entrevista Guillermo del Toro (Guadalajara, México, 1964), su abuela ejerció en su infancia una influencia parecida a la de la posesiva y ultraortodoxa madre de Carrie, la protagonista de la novela homónima de Stephen King: le crió en la férrea cultura del autocastigo e incluso intentó exorcizarle dos veces. Así que no deja de tener su gracia que el realizador, que lleva más de dos decenios moldeando a su gusto historias góticas, oscuras y siempre fantásticas, empezara en el oficio de cineasta como ayudante del mítico Dick Smith, responsable del maquillaje de El Exorcista o Poltergeist III.

Con un currículo paranormal (Mimic, El espinazo del diablo, Blade II, El laberinto del fauno), en 2004 se permitió decir que no a tres blockbusters seguros -Blade: Trinity, Alien vs. Predator, Harry Potter y el prisionero de Azkaban-para agarrar por sus cuernos mutilados el proyecto de sus sueños: Hellboy. Ahora lo retoma con una segunda parte: Hellboy 2, el ejército dorado (que se estrena este viernes en España), junto a su actor fetiche, Ron Perlman, y Selma Blair.

"Vivimos en un mundo donde nos encanta la obesidad material, yo no tengo ningún interés en lo material, sólo la comida"

Fiel a su universo, Del Toro muestra un mundo donde las criaturas míticas se rebelan contra la humanidad para dominar la Tierra. Y ahí sigue: ahora prepara el que puede ser su gran proyecto: la adaptación de El Hobbit.

Hellboy no es el típico superhéroe al que estamos acostumbrados. Tiene defectos. O mejor dicho, es imperfecto...
Digamos que es la versión del superhéroe que a mí me gustaría ser. Cuando era pequeño soñaba con ser Spiderman; ahora mi sueño es convertirme en Hellboy.
Habla con frecuencia de su infancia.

¿Hay elementos biográficos en Hellboy 2?
Sí, hay varias escenas que son completamente autobiográficas y muchos diálogos entre Hellboy y el personaje al que da vida Selma Blair que podían perfectamente ser un diálogo entre mi mujer y yo. En general, estoy muy reflejado en las introspecciones de Hellboy. Son momentos que yo he experimentado a lo largo de mi vida. Otro ejemplo: cuando le pregunta Liz (Selma Blair) por qué está con ella y se queda sin palabras, es otro momento en el que me he visto yo muchas veces en mi vida. Sin embargo, cuando está a punto de morir con la espada clavada en el pecho, le dice un frase romántica y enternecedora. Así soy yo también [risas].

¿Por qué cuatro años para rodar Hellboy 2?
Se tarda mucho en tener un guión que agrade a todos...

Vuelve a repetir con Ron Pelman, con el que ha trabajado desde los tiempos de Cronos (1993). ¿Qué vió en él que no tuvieran otros actores?
Creo que en el cine de hoy, aparte de Ron Perlman y Clive Owen, las estrellas masculinas están más cerca de ser chicos que hombres. No hay tipos como Lee Marvin, Steve McQueen, Charles Bronson o James Coburn. No hay nadie como ellos. Todo el mundo es guapo, bueno, el tipo de chico que sale en revistas como GQ. Ya no hay películas sobre hombres. Y me cuesta imaginarme a estos actores en una vida real: cuando veo películas de acción (Harrison Ford y Will Smith podrían ser dos excepciones), todos ellos pueden estar sangrando y sudorosos, pero me imagino fácilmente a sus ayudantes esperándoles fuera de cámara con una botella de Evian y un teléfono móvil. Creo que Ron tiene esa dureza y aspereza de quien trabaja con sus manos, de una persona cotidiana. Representa un hombre noble que se defiende con los puños. No es el clásico guaperas. Es diferente.Incluso rodaron escenas de riesgo sin cables...Sí, una pelea entre Hellboy y el Príncipe Nuada, al final. Rodarla con éxito nos llevó nueve días y en lugar de cables usamos trampolines. Estoy cansado de ver escenas de cables en el cine y creo que han quedado mejor sin ellos. Es igual que los monstruos: mucha gente piensa que están hechos por CGI [generadas por ordenador], pero no lo están.

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de rodar la película?
Coordinar todo lo que yo quería representar con el presupuesto que teníamos. Es muy importante no acomodarse. Yo me encargo no sólo de la primera unidad de rodaje, sino también de la segunda (que normalmente es rodada por otro director). A mí me gusta estar a cargo de todo (a excepción, obviamente, de alguna escena aérea). Es un esfuerzo tremendo. Hemos trabajado seis días a la semana durante ciento treinta y tantos días para adaptarnos al presupuesto, sin renunciar a la calidad.

Sus películas parecen evadirse de la realidad, mostrar un mundo alternativo, una realidad que no se ve a diario...
Vivimos en un mundo completamente dominado por el consumismo y cada vez nos hacemos más cínicos. Parece que el escepticismo y lo radical es lo que hoy en día le hace a uno inteligente. Si proclamas que no crees en la paz mundial, la gente te va a prestar atención. El escepticismo iguala en nuestra sociedad a la inteligencia. Cuando admites creer en el amor o la hermandad del mundo, suenas como si fueras un subnormal. El hecho de que la sociedad se incline hacia esto es algo que me preocupa sobremanera. A mí me gusta el equilibrio.

"Cuando admites creer en el amor o la hermandad del mundo, suenas como si fueras un subnormal"

¿Se considera entonces una persona equilibrada?
Sí, en todo menos en mi peso. Es lo único en lo que estoy desequilibrado. Vivimos en un mundo donde nos encanta la obesidad material, yo no tengo ningún interés en lo material, sólo la comida [sonríe]. El dinero es algo de lo que la gente no se cansa. Cuanto más dinero tienes, más feliz eres. El dinero y la avaricia son una perversión. La película Pozos de ambición (Paul Thomas Anderson, 2008), es un ejemplo: representa el inicio de las grandes fortunas en EEUU.

¿Qué pretende con la productora Cha, Cha, Cha, formada por usted, Alejandro González Iñarritu y Alfonso Cuarón?
Hacer películas al margen de la industria de Hollywood, pudiendo de esta manera tener más independencia creativa y poder dar oportunidades a directores noveles. Pero al mismo tiempo queremos poder ser capaces de distribuir y exhibir nuestras películas a escala grande.

Ya se ha confirmado que va a dirigir The Hobbit. ¿Cómo ha sido su relación con Peter Jackson?
He estado en Nueva Zelanda en dos ocasiones. Y cada vez que he ido me parece que es Hollywood como Dios lo había imaginado [sonríe]. La gente de la comunidad del cine en ese país trabaja por amor a este arte. No he visto de momento ningún problema ni político ni de otro tipo. En una de mis visitas, James Cameron, que estaba rodando allí, me dijo que todo era tan bonito como parecía. Otra mañana, fui con Peter Jackson a ver a uno de los almacenes donde se encontraban unos modelos que me quería enseñar. Se puso los zapatos, me monté con él en el coche, llegamos al almacén, salió del coche, abrió él mismo la puerta para que ambos entraramos a ver los modelos... Eso en Hollywood es impensable. Hubiéramos tenido que organizar un día para hacerlo, con dos o tres asistentes, varios guardias de seguridad... En Hollywood existe toda esa parafernalia.

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