Jueves, 28 de Agosto de 2008

Obama busca la senda de JFK hasta la Casa Blanca

El candidato demócrata se da otro baño de multitudes imitando el cierre de la convención que coronó a Kennedy. La suya ha sido la trayectoria más meteórica de la historia reciente de EEUU.

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ISABEL PIQUER ·28/08/2008 - 21:16h

Barack Obama aceptó este jueves la nominación de su partido en un evento grandioso y multitudinario en el estadio Invesco de Denver convirtiéndose en el primer candidato afroamericano en aspirar a la presidencia de Estados Unidos. La “Nueva Frontera” de John F. Kennedy y el “sueño” de Martin Luther King inspiraron una ceremonia que celebró el recorrido improbable y meteórico de un desconocido que llegó a la política nacional hace tan sólo cuatro años.

Aclamado por decenas de miles de personas, en un escenario de vagas reminiscencias griegas, con la brisa de las Rocosas refrescando la cálida noche de verano, Barack Obama se arropó en el legado de las dos grandes figuras históricas a las que tanto se le ha comparado. Fue un evento extremadamente calculado. Coincidió con el 45 aniversario del histórico discurso del reverendo King, en las escaleras del Memorial de Lincoln, y recordó a aquel joven senador por Massachusetts, católico, que con tan sólo 43 años, cuatro menos que Obama, consiguió la candidatura demócrata.

Ninguna convención había despertado el entusiasmo de aquel 15 de julio de 1960 cuando John Fitzgerald Kennedy habló de una “Nueva Frontera”, ante 80.000 personas, en el Memorial Coliseum de Los Angeles. Y ningún candidato se había atrevido a sustituir la tradicional lluvia de globos de las clausuras por un marco tan apoteósico con todos los inconvenientes del siglo XXI: unas indescriptibles medidas de seguridad que obligaron a los asistentes a presentarse casi siete horas antes.

Los demócratas eran conscientes de lo arriesgado del formato y de la explosiva mezcla de estilo, sustancia y logística. Las columnas griegas, la elaboradísima puesta en escena, podían ser contraproducentes y añadir más carga a los ataques republicanos sobre la celebridad intrascendente del estrellato de Obama. Pero decidieron correr el riesgo. La principal excusa: abrir la celebración a los votantes de a pie, sobre todo los de Colorado, uno de los Estados más reñidos de esta contienda.

Obama estuvo días escribiendo y revisando su discurso. Lo hizo primero a mano, en el mismo tipo de bloc amarillo que usó para la intervención que lo lanzó al estrellato en 2004. Por superstición. Se aisló en la habitación de un hotel de Chicago y acabó de redactarlo. “Quiero hacer dos cosas”, decía esta semana el candidato; “quiero aclarar las diferencias entre John McCain y yo, y también espero trasladar a la gente quién soy. A veces, a lo largo de estos 19 meses de campaña, ante un televisor o un gran estadio, no consigues decir quién eres. Quiero que la gente sepa lo que defiendo, independientemente de que vote por mí”.

El candidato tenía previsto hablar de la crisis económica, muy especialmente la hipotecaria, que está dejando en la calle a muchas familias norteamericanas, un tema que ha estado sorprendentemente ausente de los tres primeros días de convención. Muchos en el partido no ocultan una cierta inquietud ante lo que consideran un exceso de símbolos y una escasez de propuestas concretas.

La de Obama ha sido la trayectoria más meteórica de la historia política reciente de este país. En 2000, Obama llegó a la convención de Los Angeles con los ánimos por los suelos y sin un duro. Acababa de sufrir una humillante derrota en las elecciones a la Cámara de Representantes ante un peso pesado de Chicago, y le quedaba tan poco dinero en el banco que le denegaron su tarjeta de crédito cuando trató de alquilar un coche. Nadie le hizo caso y regresó a casa deprimido.

Cuatro años más tarde se ha convertido en la estrella de la convención de Boston, ya en campaña para el Senado, con una historia personal que luego retomaría en estas primarias: el chico mulato –madre de Kansas, padre de Kenia–que consigue superar todos los obstáculos y traspasar todas las barreras, sociales, económicas, raciales, políticas y circunstanciales, y hacer realidad el sueño americano.

Por aclamación

Obama fue elegido por unanimidad el pasado jueves por la tarde. Fue una votación inusual. El recuento empezó como de costumbre, estado por estado, por orden alfabético, sumando los votos de los más de 4.000 delegados. Al llegar a la delegación de Nueva York, fue interrumpido por Hillary Clinton, que propuso acortar la sesión y aclamar directamente al candidato. Nunca en la historia del partido, un ex rival tomaba semejante iniciativa. Fue parte del acuerdo, largamente negociado entre los dos bandos para mostrar una unidad inquebrantable hacia las elecciones de noviembre.

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