Miércoles, 27 de Agosto de 2008

Los Coen vuelven al criminal inepto

Los cineastas abren la Mostra con la comedia de fracasados ‘Burn After Reading’, protagonizada por Brad Pitt y George Clooney

SARA BRITO ·27/08/2008 - 22:41h

George Clooney y Tilda Swinton en una escena muy patriótica de 'Burn after Reading'

A los hermanos Coen les gustan los idiotas. Especialmente si al bobo se le pone delante la golosina que le podría ayudar a cambiar su vida. En Burn after Reading, la nueva y acertada comedia de los hermanos que abrió  la 65 Mostra de Venecia, la oportunidad viene en la forma de un disco con contenido clasificado de la CIA, que cae en las manos de dos simplones de gimnasio (Frances McDormand y Brad Pitt) más interesados en la flaccidez de sus carnes que en la de sus cerebros.

La película, hilada con soltura y ligereza a golpe de unas cuantas secuencias desternillantes, funciona como una buena sátira sobre la manera de asumir los fracasos de la vida adulta. Pero también sobre el estado de desconfianza en las relaciones contemporáneas: tanto las personales como las internacionales.

El embrollo

Osborne Cox (John MalKovich) es un agente de la CIA, al que acaban de retirar de sus funciones, con una afición desmedida por la bebida y una declarada antipatía hacia su mujer Katie (Tilda Swinton), que lo trata con desdén. Katie está demasiado ocupada manteniendo una relación con un policía federal un tanto calzonazos (George Clooney), cuya mayor afición son los escarceos sexuales, que concierta en internet.

La película funciona como una buena sátira sobre la manera de asumir los fracasos de la vida adulta

En otra parte de la fría ciudad de Washington, Linda (McDormand) busca la manera de conseguir dinero para operarse de piernas para arriba, cuando un empleado del gimnasio donde trabaja, alentado por el entrenador Chad (Pitt) encuentra un CD con lo que parece información clasificada -y que en realidad son las incipientes memorias de Osborne Cox.

La pareja de chorlitos emprende un plan chantajista que irá involucrando a todos los personajes, incluido el melancólico dueño del gimnasio (Richard Jenkins). A partir de este punto todo empieza a recordar poderosamente a cualquier otra película de los Coen: los criminales ineptos, que a cada paso la lían más y más gorda, acaban salpicando incluso a la CIA y a los servicios de inteligencia rusos.

La película se mueve entre lo privado -el sexo y la pareja- y lo público -con la CIA y las relaciones internacionales ridiculizadas-; o si se quiere entre lo físico -la cirugía, la adicción sexual- y lo intangible: esa información del CD de la que poco o nada se sabe. Por mucho que ayer Clooney admitiera que no es una película especialmente política, no cabe duda de que la desconfianza permanente de los personajes y el estado de paranoia que alcanzan algo tienen que ver con la política exterior de un país, Estados Unidos, construida sobre el miedo al otro. Eso sí, las referencias políticas llega a golpe de carcajada.

Vuelve Bourne

Pero los hermanos Coen insistieron ayer, entre risas, en que el origen de la cinta fue el reparto. "Pensamos en una mezcla de personajes y en una historia que fuera interesante para los actores que teníamos en la cabeza", dijo Ethan Coen, y "dimos con una de espías", apunta. O, mejor aún, con el desmontaje absurdo de una película de espías. Ethan aclara en las notas de producción: "Es nuestra versión de una peli de Jason Bourne".

"Los personajes los escribimos específicamente para cada uno de ellos", aclararon. Los Coen más corales que nunca, invitaron a su clan, donde reinan McDormand, Clooney y Jenkins , a Brad Pitt y Malcovich, que, visto el resultado del filme, podrían acabar convertiendose en habituales del cine de los autores de No es país para viejos.

Del drama a la comedia

Escrita al mismo tiempo que No es país para viejos, ganadora de cuatro Oscars, incluido el de mejor dirección para los hermanos, Burn after Reading funciona como perfecto contrapunto de una imagen desolada del mundo. Una desde la comedia, otra desde un drama/tragedia descorazonador. No es país para viejos sería la cal y Burning after Reading la arena en la carrera de los Coen. Queda claro, entonces que después de parar tres año tras rodar Crueldad intolerable y Ladykillers, los hermanos han vuelto al cine con las pilas bien puestas.

¿Pegas?

Tal vez Brad Pitt se excede en ciertos momentos en su interpretación de un obseso del gimnasio, aunque uno de los mejores momentos de la película es una delirante conversación con John Malkovich en el interior de un coche, donde ninguno de los dos logra comunicarse. Tal vez George Clooney tiene menos gracia que el resto y sus gags parecen tener menos fuelle, aunque su afición oculta le vuelva más entrañable y acabe apuntando, a la manera detallista de los Coen, a una subcultura estadounidense que, si no conocen, deben husmear en el trabajo fotográfico del americano Timothy Archibald: Sex Machines.

La película arrancó risas, y hasta carcajadas en momentos precisos

La película arrancó risas, y hasta carcajadas en momentos precisos. El aplauso fue menos exaltado aunque se alargó en la rueda de prensa más delirante de cuantas se recuerdan. Haciendo honor a la película, que cierra ‘la trilogía sobre la estupidez' protagonizada por George Clooney y que arrancó con O Brother! y Crueldad intolerable, la conferencia de prensa fue una auténtica lluvia de preguntas bochornosas sobre la paternidad de Brad Pitt, los hábitos de musculación de Brad y las ganas de conocer a una mujer en Venecia de Clooney. Ya que los Coen nos enseñan lo bueno y lo malo de ser ligero de cascos, no es un mal fin de acto.

El único consuelo es que este año los periodistas especializados en famosos tienen poco donde rascar: aunque aún quedan por pasar por aquí Charlie Theron, Kim Basinger, Marisa Tomei, Anne Hathaway o Mickey Rourke, la Mostra de este año destaca por la escasa presencia de estrellas americanas de relumbrón. La ausencia ha sido compensada con el incremento de películas italianas a competición. Ya veremos si no acabamos echando de menos a la farándula.

LAS CLAVES: Esto es una película de los Coen
1- DELINCUENTES PATOSOS. El criminal inepto es un personaje arquetípico del cine de los Hermanos Coen. Los delincuentes que aparecen en Fargo o Arizona baby son tan desastrosos que sus planes criminales están condenados al fracaso.
2- RETARDADOS. No sólo de delincuentes patosos viven los Coen: los ‘freakies‘ retratados también protagonizan escenas memorables en Fargo y O Brother!. Es más, el protagonista de El gran Lebowsky, ‘el Nota’, interpretado por Jeff Bridges, se ha convertido en un icono fumeta internacional.
3- LES TIENEN CARIÑO. El trato de los Coen hacia los fracasados nunca peca de condescendiente. En el fondo, los hermanos parecen identificarse con sus criaturas, por necias que sean. No obstante, en Burning after Reading los cineastas no parecen empatizar tanto consus idiotas geniales.
4- McDORMAND ROBA EL ‘SHOW’. Como ya hizo en ‘Fargo’, la actriz Frances McDormand, mujer de Joel Coen, se come con patatas al resto de intérpretes de la nueva película de los Coen. Sólo ciertas escenas gloriosas entre Brad Pitt y John Malkovich hacen sombra a la McDormand.
5- REYES DEL DETALLE.Los Coen son detallistas hasta la médula : que si el retrato de Putin en un despacho de la embajada Rusa, que si el cuadro de un rifle en la casa del personaje de George Clooney, que si los ridículos dibujos en un libro infantil... Los hermanos no pueden evitar hacer gamberradas. Es un rasgo propio de su cine.
6- La SANGRE. En las películas de los hermanos más famosos de Hollywood suele correr la sangre a borbotones, pero siempre de un modo descabellado, absurdo y poco profesional. Hasta eso parecen tomarse a pitorreo. Como ya ocurría en Fargo, en Burning after Reading hay dos secuencias ilustrativas al respecto. Los criminales de las películas de los autores de Sangre fácil tienen serios problemas a la hora de eliminar personas.

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