Miércoles, 27 de Agosto de 2008

Clinton calma las ansias de Obama y le presta todo su apoyo

La senadora pronuncia un emotivo discurso en la convención de Denver para poner fin a la discordia dentro del partido demócrata.

La contraprogramación republicana

ISABEL PIQUER ·27/08/2008 - 20:22h

Los ánimos se apaciguan en Denver. El discurso de unidad de Hillary Clinton –que ayer liberó finalmente a sus delegados para que pudieran respaldar a Barack Obama–, la votación final de los estados, la confirmación de la candidatura a vicepresidente de Joe Biden, todo se va encauzando hacia el momento cumbre de la convención, la comparecencia triunfal del candidato, esta noche, en un evento multitudinario. El rodillo de la unidad puede más que las rencillas del pasado, al menos frente a las cámaras.

El discurso que Hillary pronunció el martes por la noche en un Pepsi Center lleno hasta la bandera fue todo lo que se esperaba y algo más. Tras la habitual presentación de su hija Chelsea, bajo la mirada atenta y enternecida de Bill, que desde su palco del segundo piso no se perdió una palabra, la ex candidata y ex primera dama pronunció las palabras mágicas: “Barack Obama es mi candidato y debe ser nuestro presidente”.

Erigiéndose como portavoz de la causa feminista, causa que sólo encontró hacia el final de las primarias, la senadora por Nueva York lanzó un mensaje claro a sus simpatizantes: “Si votasteis por mí o votasteis por Barack, ha llegado el momento de unirnos con un mismo propósito”. Y añadió, dirigiéndose directamente a ellos. “Quiero que os hagáis esta pregunta ¿Habéis participado en esta campaña sólo por mí? ¿O por la gente de este país que se siente invisible?”.

Optimismo desaforado

Con su traje mandarina, pintó un futuro color de rosa. “Cuando Obama llegue a la Casa Blanca, revitalizará nuestra economía, defenderá a los trabajadores y se enfrentará a los retos de nuestro tiempo. Los demócratas sabemos hacerlo. Si recuerdo bien, lo hicimos con el presidente Clinton”. Desde su asiento, Bill se derretía en sonrisas.

La senadora no dudó en atacar directamente a los conservadores. “Es lógico que la semana que viene, George Bush y John McCain se vean en las Twin Cities”, dijo refiriéndose a St. Paul y Minneapolis, que comparten el mismo espacio urbano y donde tendrá lugar la convención republicana, “porque cada vez se hace más difícil diferenciarlos”.

En las gradas, los delegados agitaban pancartas donde se leía “Unidad” por un lado y “Obama” o “Hillary”, según el modelo, por el otro. Otras llevaban la firma de la senadora. “Oh, Dios mío, ha sido perfecto. Hizo exactamente lo que debía. Motivó e inspiró”, decía con lágrimas en los ojos, Brenda Krause, delegada de Colorado Springs.

En campaña en Montana, Obama, que vio la intervención por televisión en casa de uno de sus simpatizantes, alabó las palabras de su antigua rival. “Fue un discurso excelente y potente. Estuvo realmente muy bien”.

Hillary Clinton enterró definitivamente el hacha de guerra y sus aspiraciones presidenciales al liberar a sus delegados, un gesto simbólico que postergó hasta el último momento. Permitió así a los suyos mostrar una imagen de unidad en la votación final, cuyos detalles se negociaron a lo largo del día de ayer.

Elogios de Michelle

El esfuerzo de reconciliación también incluyó a Michelle Obama. Clinton y la esposa del candidato participaron en una gala organizada por la organización feminista, Emily’s List, una de las cientos de reuniones y eventos recaudatorios que se celebran al margen de la convención. Clinton, dijo Michelle Obama, “ha roto todos los estereotipos. Me ha dado a mí y a mis hijas una visión distinta de lo que podemos conseguir y por ello le estaremos siempre agradecida”.

El tercer día de debate sirvió para formalizar el puesto de número dos. Joe Biden, el senador por Delaware que Obama presentó en sociedad el pasado sábado, habló ante los delegados, al ser designado oficialmente candidato a la vicepresidencia. Los dos primeros días de la convención, Biden se limitó a aceptar halagos, con la sonrisa del que todavía no se lo cree. Pero las palabras más esperadas vinieron una vez más de un Clinton, en esta ocasión de Bill, que, a decir de los rumores, no acaba de digerir el nuevo liderazgo de Obama.

El ex presidente debía intervenir esta madrugada. El equipo del candidato no tuvo acceso a su discurso hasta el último momento, sin margen para posibles alteraciones. Fuentes anónimas en la prensa estadounidense seguían hablando de “catarsis” sin terminar. El ex mandatario estadounidense, protagonista de embarazosos exabruptos en las primarias, no tiene muy buena química con el candidato. Le reprocha haberle arrebatado la incondicionalidad del electorado negro.

A Bill Clinton le gusta eclipsar a los contendientes en las convenciones. Lo hizo en el año 2000 al pasarse de tiempo, quizá porque Al Gore apenas le hizo caso durante la campaña, y lo volvió a repetir en 2004, poniendo en evidencia la escasa oratoria de John Kerry.