Martes, 26 de Agosto de 2008

El mito de los Kennedy alienta la unidad entre los demócratas

El partido intenta pactar un sistema de votación del candidato que satisfaga a todos. El discurso de Clinton este miércoles acabará de cerrar las heridas

"Si no hubiera disputas en el partido, sería aburrido"

ISABEL PIQUER ·26/08/2008 - 19:40h

El Pepsi Center huele a perrito caliente y palomitas, efluvios inevitables en los grandes momentos de la vida estadounidense. Los miles de delegados e invitados se tropiezan en los pasillos, y las cámaras y los micrófonos buscan a personalidades que entrevistar. El espectáculo de la convención demócrata, bendecida por el clan Kennedy, ha comenzado, pero el auténtico drama ocurre entre bastidores. En juego está la unidad del partido.

Hillary Clinton pronunció esta madrugada un discurso entusiasta de apoyo a Obama. Hoy Bill debería hacer algo parecido. El matrimonio que hasta hace unos meses controlaba el Partido Demócrata se resiste a pasar a segundo plano. “Quiero recordar que ha sido Barack Obama quien ha ganado las primarias”, precisaba a la prensa extranjera, Greg Craig, antiguo alto cargo del Departamento de Estado, amigo íntimo de los Clinton hasta que se pasó a la campaña de su rival.

Hoy Hillary Clinton liberará a los 1.640 delegados que consiguió en las primarias y que en principio están obligados a votar por ella. Más tarde tendrá lugar la votación final de las 56 delegaciones. Y no está muy claro todavía cómo se va a llevar a cabo. Normalmente se hace por orden alfabético pero se habla de interrumpirlo con una gran declaración de unidad a favor de Obama, una idea que no gusta a todos.

Criado por sus abuelos

La primera noche fue emotiva, tirando a lacrimógena. Michelle Obama, en un tono bastante más suave de lo habitual, hizo lo posible por presentar a su marido como un hombre del pueblo, rebatiendo las críticas conservadoras sobre su supuesto “elitismo”. “Fue criado por sus abuelos, que eran gente de clase obrera como mi familia, y por una madre soltera que luchaba por llegar a fin de mes”, susurró Michelle.

Ésta era también su propia presentación: la historia de sus orígenes igualmente humildes, de su padre enfermo de esclerosis múltiple, de su hermano, entrenador de baloncesto, del amor a su patria –“sigo creyendo en el sueño americano”–, de todas esas cosas que pudieran acercar su trayectoria personal al votante medio.

Al terminar, sus hijas, Sasha y Malia, subieron al escenario, sonó el Isn’t she lovely de Stevie Wonder, y en una conexión en directo desde Kansas, Misuri, el candidato alabó a su esposa. “Ahora entendéis por qué le pedí tantas veces que saliera conmigo”. En las gradas, muchos asistentes lloraban y reían a lágrima viva.

Pocos antes, la aparición en escena de Ted Kennedy había levantado al Pepsi Center en un aplauso unánime. El león del Senado volvió a rugir pese al cáncer cerebral que se le detectó hace unos meses. Su intervención no se confirmó hasta el último minuto.

“Es maravilloso poder estar aquí, y nada, nada me iba a impedir asistir a este evento”, dijo el tío Teddy, refiriéndose a su enfermedad, “y os prometo que en enero estaré en el Senado” para celebrar la victoria de Obama.

Las tres familias demócratas, pasado, presente, futuro –Kennedy, Clinton, Obama–, no se han mezclado con fluidez. Caroline, como ya hiciera en plenas primarias, volvió a comparar a Obama, con su padre, John Fitzgerald Kennedy, confirmando un relevo generacional que los Clinton, sobre todo Bill, han tenido muchas reticencias en aceptar. La idea de convertirse en una figura del pasado, como Jimmy Carter, no le hace excesivamente gracia.

Obama cerró las puertas a Clinton desde el principio

Cuando Hillary Clinton se rindió a la evidencia y dejó vía libre a Barack Obama en su carrera a la Casa Blanca, quería saber una cosa: si los rumores que la señalaban como número dos en la lista del senador por Illinois eran ciertos. Un artículo de The Washington Post reveló ayer que ambos candidatos se reunieron tras la renuncia de la ex primera dama para decidir cuál sería su relación en el futuro. Clinton le pidió a Obama que si había tomado esa decisión lo anunciara cuanto antes, pero que no estuviera adulándola en público y despertando falsas esperanzas si pensaba elegir a otra persona.

Obama le dejó claro desde el principio que no contaba con ella como vicepresidenta. Las razones que esgrimió fueron: su campaña de acoso y derribo, la poca química que existe entre ellos dos, y los resentimientos propios de una campaña como la que hicieron frente ambos. No obstante, Obama llegó a evaluar con sus asesores si la presencia de Clinton podía ser interesante. Al final Joseph Biden fue el elegido.  Hillary Clinton pasó un mal momento en julio, cuando llegó a estar tremendamente deprimida, según uno de sus asesores.

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